Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1998/12/07 00:00

OASIS O ESPEJISMO

Los expertos coinciden en que el auge vivido en las últimas semanas en los mercados internacionales es un fenómeno transitorio y no el fin de las crisis financiera mundial.

OASIS O ESPEJISMO

DespuEs del desplome de agosto y la volatilidad de septiembre, octubre _contrario al precedente histórico_ fue un excelente mes para los mercados financieros internacionales. Y hasta ahora, noviembre también ha sido benigno con los inversionistas. Hasta el jueves de la semana pasada el índice Dow Jones de la Bolsa de Nueva York _probablemente el mejor termómetro del estado de ánimo de la economía mundial_ había aumentado un 18,3 por ciento frente a su nivel mínimo del año alcanzado el 31 de agosto y se encontraba solo un 4,5 por ciento por debajo de su máximo histórico del 17 de julio. La recuperación no se ha visto limitada a Estados Unidos. Desde finales de agosto las bolsas de Tokio y Francfort han subido 18 y 6 por ciento respectivamente. En las economías emergentes, las más afectadas por la crisis, la evolución de los indicadores bursátiles también ha sido positiva. Las bolsas de Hong Kong y Bangkok, por ejemplo, han aumentado cerca de 50 por ciento desde agosto y las de S_o Paulo y Ciudad de México han visto crecer sus cotizaciones en un 16 y 43 por ciento respectivamente. Del lado de los bonos, los rendimientos de los papeles de países emergentes _medida de la prima de riesgo que les asignan los inversionistas_ han disminuido significativamente en las últimas semanas.
En Colombia también se ha sentido el renovado ímpetu de los mercados mundiales _aunque no se puede desestimar el impacto positivo sobre la confianza en la economía del país de la exitosa visita del presidente Andrés Pastrana a Estados Unidos_. Por un lado, el diferencial entre los bonos en dólares de la República de Colombia y los de la Reserva Federal de Estados Unidos _parámetro del riesgo país_ ha caído 3,75 por ciento desde mediados de septiembre. A nivel interno el Indice de la Bolsa de Bogotá (IBB) ha subido casi un 12 por ciento en las últimas dos semanas y el peso se ha despegado del techo de la banda cambiaria, lo que ha reducido la presión sobre las reservas internacionales y las tasas de interés.

¿Fin del viacrucis?
Ante el auge de las bolsas parecería que el espectro de una recesión mundial en 1999 _que se antojaba tan real hace tan solo unas semanas_ se estuviera desvaneciendo. Después de todo los mercados reflejan las expectativas futuras de los agentes económicos y la teoría dice que toman en cuenta toda la información disponible en un momento dado. Sin embargo, como toda institución humana, no siempre se comportan de manera racional. No en vano muchos expertos consideran que la amenaza de una profundización de la crisis sigue latente y que el fenómeno actual más que un cambio fundamental de tendencia puede ser solo un rayo de sol pasajero en medio de la tormenta.
Es cierto que en los últimos meses se han producido una serie de buenas noticias que han contribuido a tranquilizar los ánimos de los inversionistas. Por una parte la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) _banco central de ese país_ ha bajado su tasa de interés de referencia en dos ocasiones. Aunque las disminuciones han sido relativamente marginales _del 0,25 por ciento cada una_ han enviado una señal importante al mercado de que la Fed está dispuesta a utilizar las herramientas a su disposición para evitar una recesión mundial y que en su proceso de toma de decisiones ha ampliado su enfoque más allá de las cifras macroeconómicas estadounidenses para tener en cuenta la evolución de la situación internacional como un todo. Por otra parte, el Parlamento japonés, que por largo tiempo se mostró reacio a tomar las medidas necesarias para reactivar la economía de ese país, aprobó hace unas semanas un paquete de 500.000 millones de dólares para contribuir al saneamiento de los bancos nipones. Igualmente, el Congreso norteamericano, que tampoco se ha caracterizado por su voluntad de contribuir a la resolución de la crisis global, finalmente aprobó el desembolsó de 18.000 millones de dólares para fortalecer el capital del Fondo Monetario Internacional. Asimismo, en los países asiáticos, aunque aún no se puede hablar de recuperación sí se puede decir que la producción ha dejado de caer, o por lo menos de hacerlo tan rápidamente, lo cual ha contribuido a que caigan las tasas de interés y se fortalezcan las monedas y las bolsas. Finalmente, en Latinoamérica el eslabón vital, Brasil, ha dado señales de progreso con la reelección del presidente Fernando Henrique Cardoso y el lanzamiento de un importante paquete de ajuste fiscal.

¿O el comienzo?
Sin embargo persisten varios factores de riesgo. Por una parte, así Asia esté tocando fondo y la Europa continental esté en proceso de recuperación, las economías de Norte y Suramérica y las Islas Británicas están en plena desaceleración. Japón, por su parte, sigue siendo un interrogante, pues a pesar de que el gobierno finalmente está demostrando voluntad de querer hacer frente a la crisis, según todos los cálculos el agujero del sector bancario es colosal. Y la China aún no ha sentido en su totalidad el efecto de la crisis de sus vecinos y persiste la posibilidad de que una desaceleración económica genere disturbios internos que obliguen al gobierno a devaluar o a tomar medidas represivas que pongan nerviosos a los mercados.
Por otro lado, si bien los mercados se han tranquilizado en alguna medida, incluso permitiendo que empresas de mercados emergentes vuelvan a acceder a recursos de crédito, las primas de riesgo que están exigiendo los inversionistas para financiar empresas y gobiernos, particularmente en las áreas de mayor riesgo, siguen siendo astronómicas para estándares históricos. El mercado se ha vuelto mucho más selectivo y volátil, por lo cual no parece vislumbrase el fin de la escasez de crédito o credit crunch que amenaza con no permitir a muchos países y empresas refinanciar sus obligaciones.
Finalmente, las altas valoraciones de las acciones norteamericanas también constituyen, a juicio de muchos, una bomba de tiempo. Para la revista inglesa The Economist las bolsas del país del norte están en niveles absurdos y tendrán que caer tarde o temprano ya que el ritmo de expansión de la economía de Estados Unidos no es sostenible. Sin embargo, en este frente, la Fed enfrenta una difícil encrucijada, pues al disminuir las tasas para dar liquidez al mercado impulsa los precios de los títulos, inflando la burbuja. En este contexto, algunos piensan que el remedio puede ser peor que la enfermedad: desatar una profunda crisis de activos como la experimentada por Japón en lo corrido de esta década.

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