Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/11/14 00:00

OJALA QUE LLUEVA CAFE

SEMANA visitó la zona cafetera del Viejo Caldas y encontró que aunque la bonanza ya está aquí, todavía está lejos de muchos productores.

OJALA QUE LLUEVA CAFE


LA HISTORIA DE 'CAFE' QUE ESTAN VIENDO los colombianos en televisión, es color de rosa. La escena de celos que hará Sebastián a 'Gaviota' y la detención que sufrirán en un bar, estarán dentro de las cosas más malas que se verán esta semana en la telenovela. Lo demás está lleno de buenas noticias. Casablanca se alista a presentar en sociedad su fino grano gourmet y Cafexport a comercializarlo. Sin embargo, en la realidad, la situación cafetera colombiana es muy diferente a la de la novela. A pesar de que hoy se está pagando el café al doble de hace un año y de que se habla incesantemente de la feliz bonanza, los caficultores están lejos -a año y medio o dos años- de arañar tiempos mejores.
Tal es el caso de Oscar Gutiérrez Tabares, de 67 años, quien tiene un cafetal de cuatro hectáreas y es fundador de la vereda Mundo Nuevo, a 12 minutos de Pereira, el municipio mayor productor de grano en el país. Su finca 'El Recuerdo' es una de las 3.000 de la región. Con toda su vida consagrada al campo, le han tocado los tiempos difíciles y los buenos momentos. Todavía siente nostalgia por los siete años que duró la bonanza que comenzó en 1977.
Fue la llamada fiebre del caturra, que en las zonas cafeteras fue como la fiebre del oro.
En 1981, en el más alto pico de esa bonanza, la entonces Cooperativa de Caficultores de Pereira adquirió 5.5 millones de arrobas de grano en todo el año, un récord incólume hasta hoy. Los cafeteros hacían cola de dos o tres días para que les compraran la cosecha, y todos tan contentos. Pero antes de culminar la década, vinieron las vacas flacas y durante un lustro completo los agricultores creyeron estar en el abismo. Don Oscar aplicó entonces los consejos de su padre: "Para adelante siempre. Para atrás nada. Lo que tenemos siempre hay que conservarlo ".
La verdad es que los cafeteros parecieron haber sido atacados por todas las pestes. Además del rompimiento del Pacto Mundial Cafetero desde julio de 1989 y de la caída dramática de los precios internacionales, debieron combatir arduamente contra la roya y desde hace cuatro años contra la broca. En medio de la desesperanza rescataron lo bueno que quedaba. El Fondo del Café alargó sus bolsillos hasta donde pudo, el Banco Cafetero refinanció casi la mitad de la cartera con los productores y la infraestructura creada por los Comités de Cafeteros en las zonas de siembra fue un apoyo indiscutible.
En la vereda Nuevo Mundo hay un acueducto inmejorable. La electrificación es buena. La comunicación telefónica supera a la de Bogotá en calidad. Y existe un núcleo escolar que no tiene siquiera Pereira. Cuenta con un restaurante escolar para 100 niños, primaria completa, hasta cuarto grado de bachillerato, iglesia y canchas deportivas. Con esas facilidades (dejadas por las épocas de vacas gordas) las cosas son mucho más llevaderas para un caficultor que para el resto de los mortales en tiempos de crisis. Una finca pequeña (menos de cinco hectáreas), ocupada por cinco personas, puede sobrevivir un año con 15 pollos y 20 gallinas, tomar frutos de los platanales que sirven de sombra, sembrar 10 kilos de fríjol y producir 100 kilos para la temporada, cultivar hortalizas o maíz.
Vistas así las cosas, sin duda que hay una circunstancia crítica, pero llevadera. Sufre más, por ejemplo, un mediano caficultor que posee finca veredal y una casa en el pueblo, está afiliado a un club tiene hijos que estudian en colegio privado, vive dentro del jet set de la ciudad más cercana, tiene deudas importantes y no dispone de muchas otras alternativas para nutrirse, monetariamente hablando. En cambio los grandes (dueños del 20 por ciento de las fincas, pero del 80 por ciento de la producción de la zona), por naturaleza de su negocio están diversificados en sus inversiones y pueden sortear con mayores posibilidades circunstancias adversas.
Oscar Gutiérrez llegó a pensar en vender, pero su tradición y su familia se opusieron a abandonar lo que había sido su vida. Hace dos años, en cambio, decidió renovar su cafetal. Y aunque los nuevos y mejores precios de ahora lo tomaron sin cosecha, tiene la esperanza de que dentro de ocho meses, cuando salga su grano, las cosas estén igual o mejor que en el momento. Como viejo terco sigue aferrado a su terruño. Eso a pesar de que hace mes y medio una granizada golpeó duramente sus cultivos y a que la gotera acabó con su cosecha de tomate.
A pocos metros de esa pequeña finca está 'La Soledad', de Hernán Gómez Villegas, con nueve hectáreas de cafetos. Se trata de un mediano caficultor con 50 años de experiencia. "No veo cómo nos vamos a salir de este enredo ". dice con voz melancólica. A él como a los demás los bajos precios de cinco años no les dieron suficiente liquidez para afrontar el mantenimiento de sus cultivos. No hubo con qué abonar eficientemente, ni con qué combatir las plagas, ni con qué renovar, y ni siquiera se pudo diversificar porque nadie podía garantizar un precio justo en otros productos.
El resultado de esas circunstancias no podía ser menos obvio. La calidad y cantidad de la cosecha principal, que se recoge desde hace un mes, dejan mucho qué desear. Es lo que llaman café con hambre, porque se cosechó sin mantenimiento. Alcides Ruiz, gerente administrativo de la Cooperativa Departamental de Caficultores de Risaralda, advirtió a SEMANA que difícilmente este año se recolectarán más de 1.8 millones de arrobas (una tercera parte de la cifra de 1981). Y como si fuera poco hay quejas de que la Federación de Cafeteros no está comprando el café de menor calidad.
¿Quién dice a estas alturas que no es mejor vender café a 20.000 pesos la arroba hoy que a los 10.000 pesos de hace un año? Eso no se discute. Pero como van las cosas, un buen número de caficultores aún necesitan que se les dé la mano. Sin embargo algunos afirman que ya ni eso. Por eso la bonanza todavía se demora algo en asomarse a las fincas. Fuera de todos los inconvenientes coyunturales, hay que cubrir un saldo de crédito muy grande, que a posar de las refinanciaciones tarde o temprano se tiene que pagar. " No conozco al primero que se meta al Banco Cafetero y sea capaz de salirse, a no ser que venda la finca", advierte Hernán Gómez, en una manera que busca desmitificar lo que se piensa sobre los cafeteros de finca y su presunta riqueza. Lo anterior, por supuesto, no quiere decir que el panorama sea desolador. La esperanza que hacía tanto tiempo había abandonado los cafetales, está de vuelta. Pero cinco años de amarguras no se olvidan en cinco meses. Por eso habrá que esperar un tiempo hasta que la situación se normalice y los mismos cafeteros se convenzan de que el negocio que creían perdido, está de vuelta. Por ejemplo, en la Cooperativa de Caficultores la demanda por abonos y ayudas para mejorar los cultivos se ha vuelto a reactivar. Muchos, después de pensarlo dos veces, no quieren quedarse atrás en la nueva aventura.
La esperanza renace lentamente. En la zona cafetera, el comercio tiene puestas sus ilusiones en la llegada de esta riqueza que, poco a poco, comenzará a irrigarse por el área Al fin de cuentas, no hay que olvidar que el café influye directamente en la situación de 4 millones de colombianos. Y a partir de los próximos días va a salir la mayoría de la producción que se estima en 13 millones de sacos de 125 kilos, 1.6 millones más que la registrada en el año cafetero que acaba de concluir.
Por eso, a pesar de este tímido comienzo, de tantos problemas acumulados, hay motivos para estar optimistas. "La situación de los precios externos es buena, hay un mejor ingreso para los productores y todavía no hay una gran disponibilidad de café. El futuro se ve bien y depende de la disciplina de los paises productores, de la decisión de no sembrar en forma desordenada al amparo de la buena coyuntura de los precios internacionales, y además, de comercializar en forma ordenada esas cosechas", sostuvo hace una semana ante la Comisión Quinta del Senado el gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, Jorge Cárdenas Gutiérrez.
Muchos se estarán lamentando de no haber tenido fé. Si alguien hubiera tenido bola de cristal, habría estado listo para enfrentar la actual y mejorada coyuntura. Pero por ahora hay una cosa cierta. Si el caficultor colombiano aguantó la crisis que acaba de pasar, aguantará cualquiera que venga. De eso no hay duda.-

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