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| 3/18/2017 11:00:00 PM

La hora del Pacífico

Tras ser la región más olvidada de Colombia, las miradas de los inversionistas y del gobierno finalmente se dirigen a la costa Pacífica. Pero los retos sociales, de corrupción y seguridad todavía son inmensos.

En los últimos días la costa Pacífica ha protagonizado grandes y positivas noticias. La Sociedad Portuaria de Buenaventura anunció nuevas inversiones y servicios, Puerto Aguadulce comenzó a operar, el gobierno inauguró la modernizacio´n de los aeropuertos Bonilla Aragón, de Cali, y El Caraño, de Quibdo´, y se avecinan inversiones millonarias en energía, logística y agroindustria.

Estos proyectos muestran que por fin el país le está dando el trato que se merece a esta región olvidada por décadas, pero clave para el comercio exterior y la competitividad del país, más ahora que Colombia hace parte de la Alianza del Pacífico con México, Chile y Perú. Este bloque busca una mayor integración económica y comercial con la cuenca Asia-Pacífico, una de las zonas del planeta con mayor dinamismo y buenas perspectivas.

El gobierno y el sector privado buscan de ese modo posicionar a la región como un hub del comercio exterior en América Latina, al aprovechar su ubicación geográfica y la ampliación del canal de Panamá, que permitirá el paso de cargueros gigantes.

Las inversiones en infraestructura portuaria y aérea superan los 1.100 millones de dólares, que se suman a los 400 millones de dólares para la planta de regasificación, de Buenaventura, un proyecto al que el gobierno le dio vía libre. Además, Planeación Nacional y las autoridades locales trabajan para sacar adelante el Complejo de Actividades Económicas de Buenaventura (Caeb), un gran centro para actividades logísticas, portuarias, industriales y sociales, localizado en este puerto.

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El sector privado también participa en esta tendencia actual. Están llegando nuevas empresas nacionales y extranjeras que ven en el Valle del Cauca un emporio para la agroindustria, la logística y las energías renovables. Otras quieren estar más cerca del puerto para ahorrar fletes y tiempo de movilización de mercancías, ahora que están entrando nuevos jugadores.

Invest Pacific, la entidad que promueve la llegada de inversionistas, comprueba dinamismo al señalar que este año concretarán más de 20 proyectos empresariales con recursos por 130 millones de dólares.

Entre ellos se encuentran la llegada a Buga de la multinacional Holcim Lafarge, que construirá una planta de concreto, el ingreso de una empresa peruana para producir semillas de uva y la instalación de una planta de frigoríficos. A estas se suman otras que arribaron a la región como Mac Pollo e Incubadora Santander, Contegral, Solla e Italcol. Hoy el Valle, además de ser el primer productor del país de caña de azúcar, es el primero en carne blanca (pollo y cerdo), en aguacate y banano común, y el segundo en piña.

Sin embargo, las perspectivas favorables se empañan ante los problemas sociales que afrontan muchas poblaciones del Pacífico, que viven sumidas en la pobreza, la desigualdad, la violencia, la corrupción de su clase dirigente y los graves obstáculos en la infraestructura vial. Para la muestra, la semana pasada un derrumbe en la vía Buga-Buenaventura paralizó el tráfico de camiones y tractomulas durante varios días. Eso afectó la movilización de mercancías y el suministro de víveres y gas a Buenaventura, un municipio que lleva varias semanas con cortes en el servicio de agua.

La terminación de la doble calzada se ha vuelto un calvario. Después de casi una década de trabajos las obras aún no finalizan debido a los derrumbes constantes, fallas geológicas, problemas con las comunidades y con los contratistas. El Ministerio de Transporte anunció que trabaja en varias soluciones como construir jarillones y viaductos para evitar nuevos traumatismos en el comercio exterior.

Se mueve el comercio

Estos problemas en la conectividad terrestre contrastan con las millonarias inversiones que reciben los puertos del Pacífico, entre los que están la Sociedad Portuaria de Buenaventura (SPB), Aguadulce, Compas, que pertenece al Grupo Argos y la familia Echavarría Obregón, y TCBuen, de inversionistas españoles.

La SPB, con más de 20 años de trabajo, sigue adelante con su plan de ampliar y modernizar sus instalaciones por 449 millones de dólares, para posicionarse como uno de los 10 principales terminales marítimos de América Latina. Por este puerto sale el 93 por ciento de las exportaciones de azúcar y el 50 por ciento de las de café, mientras que ingresa el 58 por ciento de los vehículos importados.

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Para este año prevé invertir 156 millones de dólares en nuevos equipos, nuevas grúas pospanamax, que se sumarán a las 36 grúas de patio, a los escáneres para facilitar la revisión de mercancías y a la ampliación del muelle para recibir buques de más de 10.000 contenedores.

La sociedad portuaria puso en marcha recientemente el servicio de transbordo de carga Eurosal con Hamburg Sud, una de las mayores navieras del mundo. Esto le permitirá doblar su capacidad, de 700.000 a 1,3 millones de contenedores al año, lo que mejorará la conectividad con Europa, y disminuirá los costos de fletes y tiempos de desplazamiento. Víctor Julio González, gerente de SPB, dice que el puerto se convertirá en el gran centro de transbordo del Pacífico de América Latina, aprovechando la ampliación del canal de Panamá. Pero para ello es necesario avanzar en las obras del dragado del canal de acceso al puerto con el fin de permitir el paso de los buques pospanamax.

A las obras de la Sociedad Portuaria se suma la entrada en operación de Puerto Aguadulce, con inversiones por 600 millones de dólares, que en su primera etapa tendrá una capacidad de 550.000 contenedores. Entre sus socios están inversionistas asiáticos como Ictsi, de Filipinas, con más de 30 terminales en 21 países, y PSA International, de Singapur, con 40 puestos en 16 países.

La infraestructura aeroportuaria también mejora. El terminal El Caraño, de Quibdó (Chocó), recibió 180.000 millones de pesos de inversión para ampliar el número de salas de abordaje, bandas de equipaje y locales comerciales. Los trabajos comprenden la repavimentación de la pista de aterrizaje y la construcción de un centro comercial, un hotel y una biblioteca pública.

Opinión: Pacífico enrarecido

El aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, de Cali, acaba de estrenar una nueva cara. Este terminal, que atiende 5,5 millones de pasajeros al año, tiene un nuevo edificio, más puntos de abordaje, accesos viales y parqueaderos públicos para duplicar su capacidad a 11 millones de pasajeros. El aeropuerto de Buenaventura también será objeto de remodelación a partir de 2018 una vez se superen los problemas de compra de precios y consultas con comunidades. El proyecto demandaría invertir 210.000 millones de pesos.

Para el presidente de la Cámara de Comercio de Cali, Esteban Piedrahíta, estas inversiones demuestran el potencial y la competitividad de la dupla Cali-Buenaventura en el comercio internacional del país. Destaca el crecimiento del 3,2 por ciento del Valle por encima del 2 por ciento del PIB nacional, ya que la región por no ser minero-energética no se afectó por el desplome de los precios de las materias primas. Juan Esteban Ángel, director del Comité Intergremial y Empresarial del Valle del Cauca, sostiene por su parte que la costa Pacífica está sufriendo un giro de 180 grados y que “ya no se le mira con ojos de calamidad y pobreza, sino por las grandes oportunidades que ofrece”. Destaca el Plan Todos Somos Pazcífico por 400 millones de dólares para inversión social.

Si bien la región está por fin entre las prioridades del gobierno, se requieren grandes esfuerzos para reducir la pobreza y los obstáculos en la infraestructura terrestre. Hay que terminar la doble calzada Bogotá-Buenaventura, la vía que comunica a Medellín con Quibdó y buscarle una solución al tren del Pacífico. La segunda cumbre de los países de la Alianza del Pacífico, en junio próximo, ofrecerá la oportunidad para que la región muestre su cambio. n

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