Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1988/09/26 00:00

PAGO RECORD

Los hermanos Hunt condenados a entregar US$130 millones al Perú.

PAGO RECORD

El fallo de una corte federal de Manhattan, en los Estados Unidos, por el cual se condenó a una familia norteamericana a pagar a una compañía del Perú la suma de US$130 millones por perjuicios comerciales, bien podría ser la condena más alta de la historia de ese sistema legal, dictada a favor de un demandante latinoamericano.
Los afectados son los hermanos Hunt, hijos del legendario H.L. Hunt quien en las décadas de los 30 y 40 hizo una fortuna en petróleo, al invertir el dinero que había ganado en las mesas en que se desempeñaba como jugador profesional. En 1954, sus haberes fueron calculados en US$2 mil millones, lo que lo hacía, si no el más rico, uno de los hombres más ricos del mundo en la época.
Los hijos que asumieron el control de los negocios fueron Nelsón Bunker, de 62 años, William Herbert, de 59 y Lamar, de 56, quienes desde la muerte del viejo en 1974, se han dedicado a ganar y a perder, generalmente en negocios gigantescos, varias veces lo que su buen padre hizo en su vida.
Aun déntro de esas dimensiones, el negocio que motivó la demanda millonaria de Minpeco, una compañía del gobierno peruano, parece salirse de toda proporción. En 1979, los Hunt resolvieron controlar el mercado mundial de la plata y amasaron 195 millones de onzas avaluadas en US$6 mil millones. Esa manipulación llevó a que el precio sufriera fluctuaciones tan fuera de lo normal que pasó de US$9 la onza en septiembre de 1979 a US$50 en enero de 1980, sólo para terminar de nuevo en US$10 dos meses más tarde. Minpeco, una compañía del gobierno peruano encargada del mercadeo de la plata -una de sus exportaciones más importantes- y otras demandantes, afirmaron que como consecuencia de este comportamiento de los precios tuvieron pérdidas por US$151 millones, pues tenían lo que se llama "posiciones cortas" en contratos futuros en 1979.
Al mantener una "posición corta", un inversionista acuerda comprar el bien, en este caso la plata, por un precio determinado, con la esperanza de que el precio decline en los mercados mundiales. Los productores de bienes básicos como la plata, con frecuencia toman posiciones cortas para protegerse contra bajas de precio, pues tales contratos aumentan de valor si la cotización del producto baja. Pero si el precio aumenta dramáticamente, como lo hizo en 1979, las pérdidas pueden ser cuantiosas.
A lo largo del juicio los Hunt afirmaron que no trataron de manipular el mercado de la plata. Según ellos lo que volvió loco el precio fueron eventos fuera de su control, como la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán, y la invasión soviética de Afganistán, ya que el valor de los metales preciosos tiende a subir en época de intranquilidad política.
Tengan o no razón los hermanos Hunt, lo cierto es que cuando el precio de la plata se colapsó a comienzos de 1980, las pérdidas que debieron asumir fueron, según los observadores, superiores a los US$1.000 millones.
Siendo una fortuna amasada a partir de ganancias de juego, no parece extraño que sus actuales administradores la hayan expuesto en jugadas espectaculares, en las que la mesa es el mundo de los negocios. Seguramente para los Hunt es claro aquello de que "lo que por agua viene, por agua se va".







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