Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1987/12/28 00:00

PAÑOS DE AGUA TIBIA

A pesar de algunas medidas, la crisis fiscal de los Estados Unidos no se ha podido conjurar.

PAÑOS DE AGUA TIBIA


Las medicinas llegaron, pero el enfermo siguió igual. Un mes después del terremoto que sacudió a las bolsas de valores del mundo, estimulando los temores sobre una posible recesión económica en el planeta, las cosas siguen lo mismo: mal. Tal es la conclusión que se desprende después de observar los hechos de la semana pasada cuando, por fin, se tuvo la impresión de que los gobiernos de los principales países de occidente intentaron tomar algunas medidas para espantar al fantasma de la depresión.

Sin embargo, parece que el espíritu de la crisis va a necesitar algo más que un simple exorcismo. A pesar de que las oraciones aconsejadas se rezaron, los mercados mundiales continuaron en el mismo clima de nerviosismo e inestabilidad de las últimas cinco semanas.

Y es que, en opinión de los especialistas, todo lo que se ha hecho se reduce a paños de agua tibia. La primera gran medicina fue el anuncio hecho por una comisión bipartita del Congreso norteamericano, referente a un acuerdo con la Casa Blanca sobre diversos mecanismos fiscales para reducir en 76 mil millones de dólares el déficit de las finanzas públicas de los Estados Unidos. Ese paso, considerado clave por los analistas, no logró, sin embargo, darle ánimo a los mercados. Los reportes sobre las eventuales dificultades de la idea cuando tenga que hacer su paso por el Capitolio, convencieron a muchos especialistas de que, con su anuncio, la administración Reagan estaba ensillando antes de traer las bestias. Incluso una declaración favorable del influyente congresista demócrata Jim Wright, no fue suficiente para convencer a las bolsas de valores de que la reducción del déficit fiscal norteamericano es una realidad.

Una respuesta igualmente fría fue la dada por los mercados a los anuncios hechos por el Bundesbank, la banca central de Alemania Federal en torno a una baja en las tasas de interés germanas. La acción, que fue seguida por otros países europeos (Francia y Holanda) le dio cierto calor a las sesiones bursátiles del pasado martes 24, pero el fuego se apagó rápido. El resto de la semana se mantuvo en una especie de calma chicha, debida al cierre de Wall Street con motivo del puente de Acción de Gracias en los Estados Unidos.

La aparente indiferencia de los centros financieros mundiales ante las medidas tomadas, no dejó de sorprender a algunos. Al fin y al cabo, cuando se presentó la crisis de mediados de octubre, los especialistas sugirieron que los remedios indicados eran tres: la reducción de los déficit comercial y fiscal de los Estados Unidos, la baja en las tasas de interés mundiales y un aumento del consumo interno en Alemania Federal y Japón. De tal manera, fue relativamente sorprendente que con los sucesos de la semana pasada la confusión continuara.

En lo que tiene que ver con el doble déficit de los Estados Unidos, los dátos más recientes de la balanza de comercio del país del norte sugieren una tendencia positiva. A su vez, por el lado fiscal, un recorte de 76 mil millones de dólares en el déficit equivaldría a solucionar más de la mitad del problema de hoy en día. Igualmente, se considera que las tasas de interés se han bajado de manera importante y eso debería estimular la inversión y el consumo en los países más desarrollados. Finalmente, aunque Alemania Federal no se ha esforzado como se espera, en cambio Japón sí ha logrado sostener su economía gracias a que sus habitantes están comprando más cosas y ahorrando menos. Por lo tanto, aunque se sabía que los mercados de valores no iban a volver a los niveles de antes del crash, al menos se esperaba que la respuesta a los remedios fuera la tranquilidad y un renacer paulatino de la confianza.

En opinión de los especialistas, lo sucedido no descarta de ninguna manera la validez de los remedios. El problema, al parecer, se basa en que las dosis todavía no son lo suficientemente fuertes y existe el temor de que los principales gobiernos de occidente se crucen de brazos creyendo que ya hicieron su parte, cuando todavía faltan más sacrificios.

La duda, sin embargo, radica en la actitud de las diferentes naciones. En Estados Unidos, por ejemplo, hay gente allegada a la Casa Blanca que sostiene que las cifras de la economía siguen siendo buenas y que por lo tanto no hay que apresurarse en las decisiones. Esa opinión es compartida en algún grado por los principales dirigentes del Grupo de los 7, quienes por esta vez y a pesar del escepticismo de las bolsas de valores, parecen estar dispuestos a tomarse la medicina en gotas y no a ponerse la inyección de una vez por todas.

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