Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/04/13 00:00

PAPEL DRAMATICO

Concordato en Papelcol para salvar uno de los proyectos industriales más accidentados y costosos de los últimos tiempos.

PAPEL DRAMATICO

Era un paso obligatorio. Por eso, cuando el pasado lunes 9 de marzo la Superintendencia de Sociedades recibió y aceptó los documentos que colocaron en estado concordatario al proyecto papelero de Papelcol, la noticia no causó mucha extrañeza. Al fin y al cabo, este era tan sólo un capítulo más en la puesta en marcha de una de las iniciativas empresariales más accidentadas de los últimos tiempos.
De hecho, el del lunes es el suceso más reciente en la historia de un proyecto que ha tenido que vencer toda clase de obstáculos para convertirse en realidad. Como se recordará, Papelcol comenzó en serio a comienzos de esta década mediante la asociación de tres entidades principales: el Instituto de Fomento Industrial, Granfinanciera y el Grupo MIT, del industrial español Manuel Isidro Tejedor. El objetivo era sencillo. Se tratabá de montar una fábrica de papel en el Cauca, con el fin de aprovechar las facilidades de materia prima (bagazo de caña) y competir con las otras dos firmas que tradicionalmente han dominado lo que se considera como un mercado en pleno crecimiento.

DE TROPIEZO EN TROPIEZO
Según las cifras iniciales, el proyecto debía costar 303 millones de dólares y estar listo para comienzos de 1985. En un principio, todo se desarrolló según lo planeado y el cumplimiento del cronograma de construcción de la planta, hacía pensar que Papelcol iba a salir adelante. Sin embargo, el primer gran tropiezo ocurrió en 1984 cuando la Corporación Financiera Granfinanciera suspendió sus aportes de capital, como consecuencia de la crisis del Grupo Grancolombiano. En respuesta, el Grupo MIT también se abstuvo de poner su parte, al igual que los bancos franceses que estaban prestando los recursos, con lo cual el proyecto entró en una etapa de hibernación: a pesar de que ya estaba ejecutado en más de un 70%.
Papelcol sólo volvió a ser noticia, cuando el senador antioqueño y actual alcalde de Medellín, William Jaramillo Gómez, adelantó en el Congreso un sonado debate sobre el tema, a finales de 1985. Aparte de la incertidumbre que se creó en ese momento, la opinión pública recibió la impresión de que el proyecto papelero iba a ser abandonado a su suerte. En ese entonces, todos los cálculos originales de rentabilidad se habían trastornado debido a la parálisis, y la rentabilidad de la empresa no estaba asegurada del todo.
Sin embargo, Papelcol recibió en abril de 1986 una segunda oportunidad cuando el gobierno decidió darle el último empujón a la iniciativa. Según quienes defendieron la idea, el proyecto debía terminarse, ya que era mucho más sencillo acabarlo que dejarlo morir. Por tanto, se nombró al vallecaucano Rodrigo Villamizar como su presidente, y los socios colombianos principales, el IFI (38%) y el Grupo Cafetero (el cual compró un 3% a Italgraf y luego aumentó su participación mediante aportes de capital hasta llegar a cerca del 15%) decidieron aportar recursos para acabar con el montaje y adecuación de la planta. Con el apoyo de los socios y la entrada de Villamizar (un ex técnico de Planeación Nacional cuya buena labor ha sido patente y quien se ha convertido en el alma del proyecto), se creía que Papelcol estaría listo en abril de 1987.
Ya con esa decisión, el obstáculo que quedaba por sortear era el de los bancos franceses. El escollo era complicado. En junio de 1986, cuando se comenzó a revivir el proyecto, una comisión gubernamental había viajado a París y aunque se había llegado a un acuerdo preliminar para reprogramar acreencias por más de 200 millones de dólares, el gobierno francés exigió que la nacion colombiana garantizara todos los créditos. Semejante demanda le pareció inaceptable al gobierno pasado. Según se dijo en ese momento, la exigencia francesa rompía con el esquema legal existente y, casi más importante aún, violaba un principio según el cual Papelcol era un proyecto privado con todos los riesgos del caso y, por tanto, era inaceptable la garantía de la nación, asi el IFI fuera uno de los socios de la empresa.
En ese tire y afloje pasaron los siguientes meses. Cuando se presentó el cambio de gobierno, el proyecto volvió a quedar en el limbo durante un tiempo, debido a que ciertos funcionarios claves no fueron remplazados inmediatamente o estaban pendientes de confirmación. El cambio se sintió especialmente en el Ministerio de Desarrollo, el cual pasó de defender la idea a mantenerse -a partir de ese entonces y hasta la fecha- en un mutismo total.
Para ese entonces, los sobrecostos -resultado de las demoras y de la carga financiera acumulada- ascendían a 150 millones de dólares y Papelcol requería de una inyección de recursos por 40 millones de dólares para quedar terminado.
La nueva administración trajo consigo un cambio fundamental. Uno de los altos asesores del gobierno aceptó eventualmente la posibilidad de que la nación otorgara la garantía, siempre y cuando eso implicara un espíritu de colaboración por parte de los bancos franceses. En octubre del año pasado, el apoyo al proyecto estaba definido. No obstante, el Ministerio de Hacienda colombiano entró a jugar como el principal elemento negociador, ya que la posible garantía de la deuda hacía necesaria su intervención. Un documento aprobado por el Conpes reiteró la participación del Ministerio y al mismo tiempo definió que una misión colombiana debía viajar a hablar con el gobierno francés, el cual, por ese entonces, ya se había convertido en el principal acreedor de Papelcol, debido a que este había asumido los créditos hechos originalmente por los bancos.
Bajo esas condiciones, la reactivación definitiva quedaba en manos de la misión que viajaba a Europa. Como para variar, el viaje fue accidentado; Un día antes de la partida, el viceministro de Hacienda (cuyo aporte ha sido considerado definitivo) canceló su idea, debido a que estaba negociando el aumento salarial de los empleados del sector público. En respuesta, el viceministro de Desarrollo hizo lo mismo y en menos de una hora, se echaba por la borda un viaje que ya tenía reuniones concertadas, al más alto nivel, en París.
Afortunadamente para el proyecto, la rápida intervención de Rodrigo Villamizar salvó el viaje cuando todo parecía perdido. Mediante la intervención de Germán Montoya, secretario general de la Presidencia, y Enrique Peñalosa, secretario económico, se consiguió que Fernando Panesso, viceministro de Desarrollo, se reincorporara a última hora a la comitiva.
Una vez en París, las cosas parecieron enderezarse. Según algunos asistentes, los franceses quedaron impresionados por la claridad que tenia la delegación colombiana en ciertos puntos básicos. En lo que fue interpretado como un suavizamiento de la posición inicial, los galos ofrecieron concesiones por 70 millones de dólares si la nación otorgaba la garantía solicitada. Ya con ese avance, se firmó un acuerdo según el cual una misión proveniente de París visitaría Bogotá durante la primera semana de febrero, con el fin de seguir hablando.
La hora de la verdad llegó hace un mes largo cuando en el Ministerio de Hacienda se reunieron un francés de apellido Remond, el viceministro de Hacienda, Luis Fernando Alarcón, y el director de Crédito Público, Mauricio Cabrera. Estos dos últimos presentaron la contrapropuesta del gobierno colombiano: la garantía de la nación "valia" 220 millones de dólares. La diferencia era tan grande que a pesar de que Remond se demoró en Bogotá más de lo que había asegurado, las conversaciones no llegaron a ninguna parte.


LA UNICA SALIDA
Agotadas todas las instancias y con el proyecto otra vez en la picota, el único camino era el del concordato. El jueves 5 de marzo, la junta directiva de Papelcol aprobó la idea y -en medio del máximo secreto- se empezó a redactar el acta, cuya última firma fue estampada el domingo 8 a las 10 y 45 minutos de la noche. Ya con el camino despejado, el lunes a primera hora se alistaron los papeles. Una reunión del superintendente de Sociedades con los representantes de los bancos franceses, no logró convencerlos sobre esa posibilidad y, en cambio, no faltó el asistente que sostuvo que Papelcol "no era capaz" de pedir protección legal de sus acreedores. Ocho horas más tarde, la Superintendencia recibía los documentos solicitando la declaración de concordato.
Las cifras no son despreciables. Los pasivos de Papelcol ascendían a 31 de diciembre pasado, a casi 63 mil millones de pesos, lo cual hace de éste el concordato más cuantioso en la historia del país. De esa suma, tan solo mil millones de pesos le corresponden a entidades colombianas; el resto es del gobierno y los bancos franceses.
Con el paso radical del concordato, todo parece indicar que -aunque pueda sonar increíble- Papelcol ya sale adelante. Para acabar el proyecto se requieren ahora 76 millones de dólares (incluidos 15 millones correspondientes a capital de trabajo) que, eventualmente, se pueden reducir a 43. Tal como están las cosas, los recursos deben llegar de los socios y de los bancos franceses cuya única salida ahora es acabar de financiar la obra.
Si llega el dinero, los especialistas sostienen que Papelcol estará funcionando seis meses después de la entrada de los fondos. Actualmente, el proyecto está completo en un 82% y lo más atrasado corresponde a la parte de instrumentación, cuya ejecución llega al 39%. Para llevar todo al 100%, se busca que lo que falta se contrate bajo la modalidad de créditos privilegiados, protegidos de la figura del concordato.
Aparte de ese, el siguiente obstáculo es el remplazo de la empresa encargada del montaje (una firma española llamada TIM, que es propiedad del Grupo MIT), cuya ineficiencia ha sido patente y que sería remplazada por empresas colombianas (Distral, entre otras).
Con esas consideraciones, lo más posible es que antes de finalizar este año, en el municipio de Caloto se produzca la primera hoja de papel bond, salida de las máquinas de Papelcol. El costo no es despreciable. Debido a las demoras y a la revaluación del franco (buena parte de los créditos se contrataron cuando el dólar estaba a 7.9 francos y ahora está a 6.12 francos), el proyecto cuesta ahora 499 millones de dólares. Aunque la empresa asegura que con una reestructuración de la deuda puede llegar a dar utilidades, lo cierto es que Papelcol es tal vez una de las demostraciones más claras de ese refrán que dice que el tiempo perdido vale oro.

LAS CIFRAS DE PAPELCOL
(A diciembre 31 de 1986, miles de millones de pesos)

ACTIVO CORRIENTE 1.308.1 TOTAL PASIVOS 62.974.3
ACTIVO FIJO 69.075.2 CAPITAL SUSCRITO
Y PAGADO 8.511.0
OTROS 1.178.6 TOTAL PATRIMONIO 8.587.7
TOTAL ACTIVOS 71.562.0
SOCIOS IFI: 38% TOTAL PASIVO
Y PATRIMONIO 71.562.0
GRUPO CAFETERO: 15% GRANFINANCIERA 17%
CLE (FRANCIA): 6% MIT (ESPAÑA): 24%

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