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| 1/22/1990 12:00:00 AM

PAPEL ESTELAR

Por fin se soluciona la suerte del proyecto industrial más accidentado de los últimos años.

El suspenso duró hasta el último día. Tal como había sucedido desde el mismo momento en que en 1984 el proyecto papelero de Papelcol entrara en problemas, la solución final también estuvo pendiendo de un hilo. Solamente hasta que se acabó la junta directiva del Instituto de Fomento Industrial, el pasado 15 de diciembre, se confirmó que había humo blanco. Si todo sale como está previsto, en unas cuantas semanas la iniciativa industrial más accidentada en la historia reciente del país habrá encontrado, por fin, una solución definitiva. La creación de una sociedad con la participación mayoritaria de Propal es ahora el camino escogido para revivir la planta ubicada en el municipio de Caloto, en el departamento del Cauca.

Así se le pondrá punto final a un calvario que comenzó hace cinco años cuando los socios originales de Papelcol --entre quienes estaban Granfinanciera y el español Manuel Isidro Tejedor--se atrasaron en sus aportes. Como consecuencia, el montaje de la planta se detuvo y desde ese momento los costos financieros comenzaron a acumularse. Tanto, que en un momento dado Papelcol era insalvable desde el punto de vista financiero.
La solución comenzó a abrirse paso hace un año y medio cuando los bancos y la agencia del gobierno francés que había financiado el proyecto aceptaron vender por unos 70 millones de dólares, deudas cuyo valor nominal era cercano a los 330 millones.
La operación culminó con éxito en febrero de este año y desde entonces el IFI, como accionista mayoritario, empezó a ofrecer en venta el proyecto.

Irónicamente, a pesar de que sobre el papel era un gran negocio, este no fue nada fácil. La concentración de los inversionistas europeos en el mercado común de 1992, la difícil tecnología de la producción de papel a partir de bagazo de caña y la situación del país se conjugaron para que la lista de interesados fuera corta.

El Morgan Guaranty Trust, banco neoyorquino que actuó como asesor internacional de la venta, contactó a 73 inversionistas potenciales de 14 países. En último término, sólo ocho visitaron la planta, y de estos la mitad acabó haciendo oferta. Los interesados fueron Cartón de Colombia, un grupo coordinado por Andigraf, y otro por Carvajal y la Corporación Financiera del Valle, en asocio de Venepal, una industria venezolana.

Las propuestas resultaron tan desalentadoras que el 23 de octubre, cuando estas se conocieron, se llegó a pensar en declarar desierta la adjudicación. Incluso el IFI entró en contacto con el Banco Mundial, el cual aconsejó contratar a una firma extranjera como operadora de la planta. En consecuencia, se recibió la visita de S.P.V. de Medrás (India), que ofrecía administrar el proyecto a cambio de una participación sobre las ventas.

Sin embargo, el IFI contactó a los oferentes y en noviembre se comenzó un proceso de negociación que culminó con la oferta de Propal, que acabó siendo la escogida. Esta consiste en el pago de 15 millones de dólares y una suma adicional en acciones de una nueva empresa que comprenderá a la actual Propal y a Papelcol. El organismo estatal considera que, en último término, recibirá algo más de 100 millones de dólares, una suma por lo menos similar a la que invirtió.

Si todo sale como está planeado --hasta ahora sólo hay cartas de intención firmadas-se estará dando origen a todo un emporio industrial.
Las estimaciones indican que los activos de la nueva empresa se acercarían a los 350 millones de dólares, su patrimonio sería superior a los 250 millones de dólares y sus ventas, en términos de hoy, podrían llegar a los 200 mil millones de pesos al año. Todo eso sin contar con la creación de 500 empleos directos y el apoyo a las exportaciones y la industria gráfica nacional.

Esos alcances no impidieron que la decisión del IFI acabara siendo criticada. Andigraf, el gremio del sector, se quejó de que, lejos de aumentar la competitividad en el área papelera, la decisión sobre Papelcol aumenta el poder de Propal sobre el mercado.
Con esto se estaría violando una de las justificaciones iniciales a favor del proyecto, en el sentido de aumentar la competencia. La crítica es aceptada por el gobierno, aunque este anota que no hay mucho que hacer. Por una parte, el abanico de compradores era muy reducido y, por otra, se dice que la prometida apertura económica servirá para frenar eventuales abusos de la nueva firma.

Semejante afirmación demuestra que en el caso de Papelcol acabó triunfando lo posible sobre lo deseable. A pesar de que el resultado no es el ideal, al menos asegura la terminación del proyecto y su puesta en marcha dentro de varios meses, y eso para los defensores de la iniciativa, resulta más que suficiente.-
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