Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Paraíso recuperado

El sueño de los hermanos Santiago Alberto y Carlos Felipe Botero de construir un paraiso se vuelve realidad 15 años después, cuando ellos están por fuera del juego.

Paraíso recuperado

Después de haber es- tado al borde del colapso el club Campestre Mesa de Yeguas renace de sus cenizas. En los últimos meses se rompió el silencio de casi 10 años sin obras y de nuevo ingenieros, arquitectos y obreros interrumpen el canto de los pájaros y el rumor de la brisa con sus camiones, cinceles y máquinas excavadoras. Nuevas casas comienzan a emerger en el paradisíaco paisaje del lugar. Todo comenzó en 1991, cuando el ingeniero Santiago Alberto Botero, hoy día presidente de la legendaria firma Cuéllar Serrano y Gómez Limitada, y su hermano Carlos Felipe Botero, arquitecto, jefe del departamento de arquitectura de la misma firma, tuvieron un sueño. Construir en Colombia un lugar de veraneo y recreación que respetara valores intangibles relacionados con la calidad de vida y el respeto a la naturaleza. Un lugar dotado de todas las comodidades propias de un club campestre en el que los socios pudieran construir la casa de recreo de sus sueños. Durante un año exploraron diversos lugares en Colombia y el azar quiso que dieran con la meseta de Mesa de Yeguas, en el municipio de Anapoima, de la cual no tenían noticia. Durante su búsqueda alguien les dijo de una finca a orillas del río Calandaima, poco antes de su desembocadura en el río Bogotá, cerca de Apulo. Los hermanos Botero visitaron el predio, pero les pareció muy pequeño. Estaban a punto de irse cuando cayó un aguacero que desbordó el río y esto les impidió salir de la finca. Como tenían afán de regresar a Bogotá, el dueño de la finca les dijo que podían hacerlo por una trocha que atravesaba el predio vecino y así descubrieron Mesa de Yeguas. Ocho meses después, conformaron un grupo de inversionistas a través de la firma Selecta y adquirieron buena parte de lo que es el terreno actual del proyecto, al cual le agregaron más tarde otras franjas aledañas para asegurarse de que tendrían vistas panorámicas en todas las direcciones y, más importante aun, podrían construir un lago artificial que, en opinión de Santiago Alberto Botero, es el corazón mismo del proyecto. Pero no es sólo un recurso paisajístico. En el embalse se almacenan cuatro millones de metros cúbicos, un verdadero tesoro en una región que se caracteriza por la escasez de agua. De ese modo, en las 850 hectáreas de terreno comenzó el diseño y la construcción de un proyecto de 45 millones de dólares. Todo parecía ir de maravilla. Eran los años maravillosos del gobierno de César Gaviria, en los que Anapoima se convirtió en el veraneadero de moda de las clases altas bogotanas.. En aquel entonces, con el dólar a 800 pesos, cada uno de estos proyectos incluyendo lote y construcción, costaba alrededor de un millón de dólares. En sólo seis meses vendieron en planos 300 lotes, y 70 más durante el proceso de construcción del proyecto urbanístico, que incluye una sede social con restaurantes, bares, piscinas, cascadas, canchas de tenis y un hotel. Pero colapsó la economía y el proyecto se volvió el mayor elefante blanco. De las 800 casas que se tenían planeadas, solo se terminaron 20. El club entró en quiebra y los bancos asumieron los lotes. Colpatria, Davivienda y Conavi se quedaron con el 76 por ciento de las acreencias de Promotora Alborada, la firma que desarrolla el proyecto, y asumieron su administración para acelerar las ventas. En 2004, las cosas empezaron a cambiar. Con la recuperación de la economía llegaron también nuevos clientes y en lo que va corrido de 2005 ya se han vendido 50 nuevas unidades. y es de esperarse que este ritmo se incremente en los meses venideros. Lotes que llegaron a venderse en 40 millones de pesos, pueden llegar a 180 o hasta 200. El proyecto está concebido para albergar 900 casas en lotes de entre 3.000 y 4.500 metros cuadrados. Ya han vendido 400 y en poco tiempo habrá 100 casas terminadas o en proceso de construcción. En promedio, cada casa y lote valen entre 800 y 1.000 millones de pesos, que en dólares es menos del 50 por ciento de lo que costaban en el año 96, cuando la divisa estaba a 800 pesos. Como en el corto plazo es imposible terminar la infraestructura que permita albergar 900 casas, se puede decir que a mediano plazo Mesa de Yeguas acabará siendo un centro vacacional con la mitad de las casas proyectadas originalmente y construidas a la mitad del precio en dólares proyectado a comienzos de los años 90. Respeto por el entorno "Esto era muy distinto, recuerda Botero. No había ni un solo árbol y el terreno era mucho más plano". Una aerofotografía del lugar que se tomó a comienzos de los años 90 lo hace poco menos que irreconocible. Donde aparecen unos extensos potreros planos bordeados por un par de terrazas más bajas hacia el río Bogotá y un pequeño manchón de bosque hoy existe una intrincada red de lagos y quebradas que bordean montículos artificiales que reciben la sombra generosa de infinidad de árboles. El terreno, además, está organizado alrededor de los distintos hoyos de las dos canchas de golf (una profesional de 18 hoyos, todavía sin terminar los segundos nueve, y otra ejecutiva de nueve hoyos par tres), separados unos de otros por franjas de vegetación, vías de acceso y grupos de casas. El lago es una larga serpentina rodeada en casi todos sus flancos por escarpadas montañas donde crece un exuberante bosque tropical. Uno de los secretos que hacen de este un lugar único en Colombia es la planificación. Todos los lotes tienen una vista privilegiada, ya sea al lago, a los bosques circundantes o a alguno de los valles de los ríos que lo bordean. Pero la planificación, que ha sido respetada, no se limita únicamente a la ubicación de los lotes. La revegetalización se hizo con especies propias de la zona, de las cuales se escogieron ciertas variedades de árboles cuya fisonomía se prestara para darle más realce al paisaje. Y en Mesa de Yeguas están prohibidos los excesos arquitectónicos. A los propietarios se les exige que pinten las fachadas de un tono denominado verde ciprés que las mimetiza con el paisaje. Aunque permiten que los arquitectos construyan de acuerdo con sus gustos personales y que los propietarios hagan sus casas del tamaño que quieran (dentro de lo razonable, claro está), sólo permiten el uso de materiales propios de la región. Los arquitectos deben jugar con tres posibles soluciones para las cubiertas. Terrazas o techos planos, techos rústicos de paja o tejados de arcilla revestidos con un esmalte verde similar al de las fachadas. También están prohibidos los cerramientos integrales de los lotes. Se permiten muros para darle privacidad a una piscina, por ejemplo, pero no una casa rodeada por una muralla. Otro esfuerzo que han realizado tiene que ver con la infraestructura de los servicios. La electricidad se distribuye a través de redes subterráneas. El sitio dispone de dos acueductos paralelos. Uno de agua potable, para consumo humano, y otro de aguas limpias pero no tratadas, para riego y otras labores similares. Además, cuenta con alcantarillado y una planta de tratamiento de aguas servidas. 27 kilómetros de vías comunican los distintos sitios del club. "Es una visión a largo plazo. Todo este manejo generoso de un entorno privilegiado que merece que se le dé un tratamiento ambiental riguroso significa muchos más costos. Podríamos hacer grupos de viviendas más densificadas y vender muchos más lotes, pasar la electricidad a través de postes, haber hecho el dique del lago en un sitio más estrecho, pero creemos que, en el largo plazo, la verdadera plusvalía de Mesa de Yeguas es su calidad ambiental, donde le hemos apostado a la exaltación de la vida silvestre". Uno de los programas que han tenido mayor éxito entre los niños son las jornadas ecológicas, a cargo de un biólogo, que combinan recreación con educación. Hay mucho qué mostrar a lo largo de los senderos: se han reportado 150 especies de aves diferentes en Mesa de Yeguas. En los lagos y humedales viven varias especies de aves acuáticas. Los hermanos Botero están empeñados en que Mesa de Yeguas mantenga sus estándares internacionales y no pierda el encanto de su geografía silvestre en el que las carreteras no tienen iluminación para que en las noches puedan verse las estrellas. Es una historia triste y feliz al mismo tiempo. Los hermanos Botero, los visionarios de Mesa de Yeguas, no se beneficiarán de él. En cierta medida se parece a la historia de Bugsy Siegal, el hombre que vio Las Vegas donde todos veían sólo un desierto. Donde todos veían un potrero, los hermanos Botero vieron un paraiso. Los que sí se ganaron la lotería han sido quienes ahora construyen casas en un escenario de la talla de Palm Beach y Cabo San Lucas con precios de Cundinamarca.

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