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| 9/12/2009 12:00:00 AM

Pasos de animal grande

El problema del hueco fiscal se veía venir... y llegó. Pero lo que se espera puede ser peor debido a la desaceleración de la economía, a los beneficios tributarios y a las vigencias futuras que comprometió el gobierno.

El Ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, reconoció la semana pasada que el gobierno se descuadró en 4,4 billones de pesos para completar la financiación del gasto de 2009. Este faltante, dijo, se cubrirá con mayor deuda interna y haciendo uso de una parte de los recursos que ya se habían conseguido con la venta de títulos de deuda pública, TES, que se tenían reservados para el 2010.

El gobierno argumentó que este descuadre obedece a la caída en el recaudo de impuestos (1,4 billones de pesos) básicamente por la caída de las importaciones y, en consecuencia, de los tributos externos, y por el retraso en la venta de Isagén (tres billones de pesos) que definitivamente no alcanzará a entrar este año.

La noticia no sorprendió al mercado ni a los analistas. Para ellos, simplemente se ratificaba lo que ya era vox populi: que la situación fiscal del país es delicada. Y por ahí derecho la noticia encendió las alarmas sobre la solidez de las finanzas públicas en el futuro.

El ex director de Planeación Nacional Juan Carlos Echeverry dice que esto se veía venir hace meses. Explica que la difícil situación fiscal no tiene que ver sólo con la desaceleración de la economía y la caída en el recaudo de impuestos, sino con que ya se están sintiendo los efectos de la última reforma tributaria (de 2006) que pretendió ser neutral pero que en el neto tuvo una caída de casi medio punto del PIB (cerca de 2,5 billones de pesos).

En los años 2007 y 2008 no se sintió el efecto porque se cubrió al descapitalizar el Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (Faep) y gracias a los mayores ingresos que tuvo Ecopetrol por los altos precios del petróleo. Pero ya no hay más de eso, y ahora se está sintiendo el faltante. A esta explicación hay que agregar el impacto de las gabelas tributarias concedidas al sector empresarial. El año pasado, el fisco dejó de recibir por estos beneficios tributarios 7,3 billones de pesos y todavía no se han visto los resultados en materia de empleo.

Pero ¿cómo está enfrentando el gobierno esta situación? La verdad es que no se ve una estrategia clara al respecto. Hasta el momento, lo más concreto es la reforma tributaria que está en el Congreso y que el gobierno le enviará mensaje de urgencia.

Tal como fue presentada, le permitiría al gobierno conseguir 2,1 billones de pesos anuales, pero se sabe que la mitad se destinará a la seguridad democrática, es decir, a mantenimiento de equipos militares y al pie de fuerza.

El Ministro de Hacienda dijo que no permitirá que se le incluyan artículos diferentes a los propuestos por el Ejecutivo. Es decir, el impuesto al patrimonio (tarifa del 0,6 por ciento para patrimonios superiores a 3.000 millones de pesos) y recortar algunas de las gabelas tributarias (se reduciría el beneficio por inversión en activos productivos del 40 al 30 por ciento y se prohibirá acumular los estímulos de zonas francas, entre otros).

Pero ya muchos congresistas empezaron a lanzar propuestas y está por verse qué sale de allí, sobre todo porque los parlamentarios están en plena campaña en sus regiones y cualquier cosa puede pasar.

En síntesis, el panorama fiscal está muy complicado en lo coyuntural, y en lo estructural todavía más. El gobierno necesitaría presentar una reforma tributaria de mayor envergadura, pero la tendrá muy complicada para lograrlo.

Ahora bien, hay un asunto mucho más delicado que preocupa a los analistas y tiene que ver con las vigencias futuras. El ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo dice que el gobierno está comprometiendo los ingresos futuros de la Nación y dejando las manos amarradas a los próximos gobiernos, que tendrán que llegar a cumplir con los compromisos que éste ha dejado.

Este es un gran debate que tiene pendiente el país y que se ha diluido en medio de la discusión del referendo. Según Juan Camilo Restrepo, en caso de una reelección, el gran damnificado de Uribe II sería Uribe III, pues tendrá un bajo margen de maniobra fiscal.

O, como dice el ex director de Planeación Juan Carlos Echeverry, de llegar a darse un Uribe III, le tocará cobrar el tiro de esquina y correr a cabecearlo para tapar el hueco que este mismo gobierno propició.
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