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| 6/7/2008 12:00:00 AM

Pasos de animal grande

Los alimentos y los precios de los combustibles dispararon la inflación en el mundo. En Colombia este puede ser el segundo año consecutivo en que no se cumpla la meta del Banco de la República, algo muy grave para su credibilidad.

La semana pasada, cuando el Dane reveló el dato de inflación del mes de mayo, en el gobierno y en el Banco de la República hubo desazón general. No esperaban semejante aumento en los precios (0,93 por ciento en el mes), como tampoco lo presagiaban los mercados, donde la noticia cayó como un baldado de agua fría.

La arremetida de la inflación es un asunto que prende alarmas. "Nada hay que distribuya de peor manera el ingreso o que empobrezca más a los débiles y enriquezca más a los opulentos que las inflaciones desbocadas", suele decir el ex ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo.

Aunque en Colombia no está desbocada, sí comienzan a sentirse pasos de animal grande. Al paso que va, es casi imposible cumplir con la meta de inflación prevista por el Banco de la República para este año, entre 3,5 y 4,5 por ciento. Tendría que ocurrir un verdadero milagro en el segundo semestre para alcanzar el objetivo (que caigan los precios). Ya entre enero y mayo los precios al consumidor han variado 5,13 por ciento y en los últimos 12 meses la cifra se disparó: va en 6,39 por ciento.

Este podría ser el segundo año consecutivo en que no se cumpla la meta del Emisor y eso es un duro golpe para el organismo que tiene como principal tarea controlar la inflación. Está en juego su credibilidad.

¿Qué está originando esta escalada de precios y qué se puede hacer? En primer lugar, hay que decir que el rebrote de la inflación es un fenómeno mundial.

Está ocurriendo en todo los países del planeta como consecuencia del aumento en los precios de los alimentos, fenómeno atribuido por los expertos al mayor consumo de los países asiáticos como China e India; a la desviación de productos hacia los biocombustibles y a la especulación financiera con los commodities (granos básicamente). Y también por efecto del alza en el petróleo. Los bancos centrales del mundo se enfrentan hoy al gran desafío de evitar una nueva era de inflaciones altas como ocurrió en los años 70 que comprometió el crecimiento económico mundial.

En Colombia la inflación tiene las mismas causas: alimentos y combustibles. Los precios de los alimentos han subido en lo que va corrido del año 10 por ciento, una cifra insólita para un país que se precia de ser una gran despensa en materia alimentaria.

El ministro de Hacienda Oscar Iván Zuluaga, se lo achaca a la papa, que está en su ciclo alcista. De hecho el tubérculo, componente esencial en la dieta de los hogares colombianos, ha subido 137 por ciento en lo que va corrido del año. Más que el petróleo. Quién lo creyera.

Los expertos pronostican que la papa comenzará a bajar de precio hacia junio y julio, pero como dice el ex ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo después podría ser otro producto el que dispare los precios.

Entonces, ¿qué hacer? Ese es el dilema. El instrumento principal del Banco de la República para controlar la inflación son las tasas de interés. Las sube para enfriar la economía y tratar por esta vía de bajarle temperatura a la inflación.

Muchos analistas e incluso algunos codirectores del propio Emisor creen que lo que está golpeando la inflación (algunos alimentos y gasolina), no se corrige con mayores tasas de interés. De hecho, éstas ya están muy elevadas y sus implicaciones son nefastas para la marcha de la economía. Podría desacelerarse aún más.

Así las cosas, una decisión bien difícil tendrá la Junta Directiva del Emisor en su próxima reunión de finales de junio. Algunos técnicos sostienen que si se abstiene de subir las tasas, enviaría una pésima señal a la economía. En la rara lógica de los mercados, se entendería como si el Emisor se desentendiera de la inflación. Y esto aumentaría las expectativas de alzas futuras en los precios. Algo que nadie quiere.

Una de las consecuencias graves de alimentar expectativas de inflación es que eso tiene efectos sobre las negociaciones salariales del segundo semestre que está a la vuelta de la esquina.

Según el director de Anif, Sergio Clavijo, una inflación total a niveles del 6,4 por ciento anual (la más elevada para cualquier mes en casi cinco años) tendrá efectos desastrosos sobre las expectativas de inflación y los portafolios financieros.

La actual coyuntura complica más las cosas para el Emisor. El dólar ha llegado a unos niveles que se consideran dañinos para muchos sectores de la economía y en especial los exportadores.

Si el banco subiera las tasas en Colombia, eso estimularía la entrada de capitales desde el exterior que buscan mejores rendimientos. Y ya se sabe lo que pasa cuando llegan más dólares a la economía: se revalúa el peso.

Así las cosas, el Banco de la República está en una especie de callejón sin salida. El ex codirector del Emisor, Sergio Clavijo, afirma que es evidente que existe una profunda división en el interior de su Junta sobre si las tasas de interés deben bajarse, mantenerse o elevarse. "De las acciones que tome ahora el Banco de la República dependerá la credibilidad de dicha institución, en momentos en que se cuestiona su independencia técnica".

En 1999, Colombia celebró con bombos y platillos que entró al club de los países que tenían inflaciones de un solo dígito (por debajo del 10 por ciento). Desde hacía 25 años los precios al consumidor parecían anclados en niveles del 20 por ciento, con todas las consecuencias que de ello se derivan para los bolsillos de los hogares. Aunque se está lejos de esos niveles del siglo pasado, es mejor alertar a tiempo.

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