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| 7/4/1994 12:00:00 AM

¿PATALEOS DE AHOGADO?

A pocas horas de la firma del acuerdo del Grupo de los Tres, los gremios de la industria manufacturera se van lanza en ristre contra el tratado.

CADA VEZ QUE COLOMBIA HA FIRMADO acuerdos de integración económica, algunos sectores de la industria y el comercio han criticado los alcances de los convenios, o al menos su letra menuda, por los inconvenientes que encuentran para sus intereses. Pero con el pasar de los días, e incluso de los años, sus ánimos se han atemperado y sus empresas han logrado adecuarse a los mecanismos de intercambio, cuyas ventajas ahora pocos discuten. Sin embargo, el compromiso de integración regional que más ampolla ha levantado es el que la próxima semana se firmará entre Colombia, México y Venezuela bajo la lógica denominación de Grupo de los Tres.
Durante las últimas horas los presidentes de cuatro prestantes gremios económicos, Carlos Arturo Angel, de la ANDI; Luis Gustavo Flórez, de Acoplásticos; José Miguel Carrillo, de Acopi, y Carlos Alberto Garay, de Fedemetal, advirtieron a SEMANA que el G-3 reúne preocupantes riesgos para la industria colombiana, es francamente desfavorable para sectores claves de la economía y en el campo comercial tiene muchas más desventajas que ventajas para el país.
Aunque un poco tarde, el pronunciamiento de gremios de tan aquilatado peso revivió el debate sobre los alcances de la agresiva política de integración de la administración del presidente Gaviria, y especialmente de su ministro de Comercio Exterior, Juan Manuel Santos. Y fue este mismo funcionario quien salió al paso de las fuertes críticas y también en diálogo con esta revista defendió lo que para él es una de las mejores negociaciones que en la historia de Colombia se han dado en el campo internacional.
Para los gremios el acercamiento con los países latinoamericanos, como es el caso del Grupo Andino, México, Centroamérica y el mismo Caribe, así como los convenios de Aladi, son hechos importantes con ventajas indiscutibles, pues han resultado fundamentales para el desarrollo del comercio exterior del país. Pero consideran que las bondades de la integración no pueden llevarse "al extremo de considerar que ésta resulta positiva en cualquier circunstancia, olvidando que en lo comercial se trata de un negocio y éstos pueden ser buenos o malos".
En ese asunto, para la ANDI la negociación con México. concretamente, conlleva un riesgo para la economía y especialmente para el comportamiento del sector industrial. Considera además que sus ventajas no son claras, y que la manera como este acuerdo puede influir en otros procesos no lo es menos, por ejemplo, por sus implicaciones en el desarrollo del Grupo Andino, en primer lugar, y, hacia adelante, por los condicionamientos que podría crear para el ingreso al NAFTA.
En el caso del pacto subregional, piensa la Andi que las desgravaciones concedidas a México llevarán a que en primera instancia Ecuador sea desplazado del mercado colombiano y muy seguramente la misma situación continuará dándose con los demás países andinos. Al ahondar en sus críticas el gremio advierte, en cuanto al influjo del NAFTA, que en las posibilidades de exportación colombiana se encuentran muchas limitaciones en el mercado mexicano, especialmente por las preferencias a favor de Estados Unidos y Canadá.
El hecho fundamental que aducen es que México es en algunos casos más competitivo y mayor exportador de esos mismos productos, o bien porque no los compra. Y de otra parte, son el fuerte de la exportación de Colombia y sólo participan del 18 por ciento de la demanda mexicana de importación.
El ministro Santos no está de acuerdo con nada de eso y sostiene que el mercado abierto con el G-3 es ilimitado, especialmente en lo que tiene que ver con México. Para él la actitud cortoplacista de los gremios no tiene en cuenta que con el pasar de los días los costos de producción de las empresas mexicanas se dispararán precisamente por el ingreso al NAFTA, lo que significará una ventaja para los colombianos, quienes tendrán costos mucho más bajos.
En cuanto al abastecimiento de materias primas y bienes de capital a través de México, desde Estados Unidos y Canadá, exonerados de gravámenes, o de Chile, que también consiguió acuerdos con los aztecas, viene una interesante discusión. El punto principal de ella se reduce a la materia prima esencial para los productores de cable colombiano: el cobre. La queja es que los mexicanos podrán traer sus productos hechos con cobre cero arancel. Sin embargo, la respuesta de Santos no se queda atrás: los colombianos también pueden conseguir el cobre chileno cero arancel y competir con México si son eficientes. Lo que no puede seguir sucediendo, según él, es lo que ocurre con uno de los mayores usuarios nacionales de cable que denunció una implícita extorsión de los productores colombianos, quienes mantienen un poder oligopólico que obliga, digamos, a que el sector público compre a precios elevados aplicándole ese costo a 33 millones de colombianos.
No obstante, los gremios de la industria manufacturera insisten en que el acuerdo firmado con México ofrece escasas ventajas comerciales a Colombia y que esas ventajas son en extremo limitadas, pues en general la oferta colombiana es igual a la mexicana y en la mayoría de esos productos Estados Unidos y Canadá tendrían acceso primero por contemplar desgravaciones inmediatas y a cinco años. Agregan que muchos productos importantes fueron excepcionados por México. Para ellos hay además ventajas que pueden resultar teóricas. En sectores como los de cobre, agroquímicos y fertilizantes, textiles, confecciones, químico y petroquímico, las condiciones de origen impuestas limitan las posibilidades de exportación a México.
Y como llovió palo para todo lado, hacia la competencia interna también se dispararon dardos. Para Acopi, en la desgravación arancelaria se recogieron solamente los puntos de vista de la gran industria de Colombia, al convenir que todos los productos se desgraven en un período de 10 años de manera lineal y gradual. Se garantiza, de esa manera, según la asociación, el predominio monopólico a dichas industrias, productoras esencialmente de bienes intermedios y productos finales de series largas. "El sector más vulnerable tecnológica y económicamente, la mediana y pequeña industria, tal como está planteado el acuerdo, llevará la peor parte. Incluso porque se perderán posiciones ya ganadas con líneas de productos y empresas que a base fundamentalmente de su propio esfuerzo han conquistado pequeños nichos en el mercado mexicano en los últimos años", añade.
Aquí obviamente, tampoco está de acuerdo Santos. Reconoce que en petroquímica hay condiciones de inferioridad para Colombia, pero que se están concertando con los mismos gremios parámetros de igualdad de condiciones de competencia. Incluso ya se acordó que en los casos en que Pemex (Petróleos de México) pueda vender insumos más baratos, Ecopetrol se equiparará y venderá a menores precios a los colombianos. En los demás puntos hay consideraciones especiales que se tuvieron en cuenta, pero en general estima que el debate es estéril.
Lo que sin duda existe en este punto es la famosa discusión de hasta dónde pueden ser competitivos ciertos sectores de la industria colombiana que hicieron inversiones creyendo que el país iba a continuar cerrado en su economía. La verdad es que con la internacionalización se está ante un país nuevo y ante nuevas reglas y nuevas realidades a las que muchos tendrán que adaptarse. Por ejemplo, está por desmontarse el famoso mito de que los países con mayor grado de desarrollo son los más competitivos, cuando en verdad son los que pierden mayor flexibilidad, la que sí puede tener una nación pequeña.
Pero mientras las partes se ponen de acuerdo sobre ese punto, los gremios sostienen que en el caso de las confecciones, por la vía de origen, se bloqueó el sector de más claras posibilidades de venta en México. En este punto arguyen que las condiciones de origen aceptadas a México son las más exigentes que tiene el país en cualquier acuerdo de integración económica. Santos contesta con el ejemplo del éxito de Jeans & Jackets en tierra azteca y advierte que si algo hizo el G-3 fue ampliar sus posibilidades. Incluso muestra cómo se lograron cupos que permiten abrir el panorama a los textileros nacionales que manejan toda la cadena productiva, desde el algodón hasta la fibra y el producto final.
Haciendo un poco de futurología las asociaciones gremiales ven con preocupación la incidencia del G-3 en otras negociaciones. Respecto del NAFTA, comentan que es claro que unas condiciones siquiera similares a las de México en materia de origen y desgravación sencillamente impedirían la suscripción de cualquier acuerdo más adelante. "Las ventajas unilaterales concedidas por Estados Unidos a través del Atpa para el 75 por ciento del universo arancelario, con unas condiciones de origen que en el peor de los casos llegan al 35 por ciento del agregado, podrían perderse si se nos exigen condiciones similares a las otorgadas a México", advierten.
Para Santos es claro que eso no sucederá. Es más: si a Estados Unidos, le diera por tomar represalias comerciales a la hora que quisiera, incluso en la actual coyuntura de crisis en el intercambio de apoyo en la lucha contra el narcotráfico, esas preferencias podrían perderse. Sin embargo, la política del presidente Clinton de desvincular lo comercial de otras materias, como las de derechos humanos, e incluso del narcotráfico, como sucedió con China en el primer asunto, alejan una preocupación sobre esta materia.
En uno de los puntos que más los preocupa los gremios notan la ausencia de una cláusula de salvaguardia cambiaria que defienda al país frente a, por ejemplo, una devaluación masiva en México. Dado el desempeño económico colombiano, muy estable históricamente hablando, para los industriales nacionales los dos socios del país en el G-3, Venezuela y México, son muy complicados. Lo cierto es que en este asunto es donde Santos es más radical: "Eso no se negoció porque la salvaguardia cambiaria es un anacronismo. Es más: no se va a usar ni en el caso venezolano. Figurativamente la salvaguardia es un extintor en un caso de incendio. Lo que ellos quieren es que se use ese extintor cuando un cigarrillo les está quemando el tapete".
Cada quien tiene su grado de razón, según los intereses que tenga en juego. Pero lo que sí hay en todo el debate que se reanimó en las últimas horas es un enfrentamiento, de esos insolubles, en que cada una de las partes considera que las cosas que hizo la contraparte debieron hacerse a la imagen y semejanza del otro. Lo que más molesta a las asociaciones de industrias es que hayan sido llamadas a concertar sobre las implicaciones del pacto, pero que a la hora de firmar no se tengan en cuenta sus opiniones. Con todo, Juan Manuel Santos aclara que si algo hubo fue concertación con los empresarios y que casi la totalidad del acuerdo se discutió producto por producto.
El Ministro insiste en que se llegó al extremo que no se había visto hasta ahora, de invitar al presidente de Acoplásticos para que oyera y fuera oído en las negociaciones tripartitas. "Lo que sucede es que hay unos sectores que prefieren no tener G-3 para no tener competencia", sentenció. Lo cierto es que si la apertura de la economía colombiana se hubiera negociado con los gremios, nunca se habría hecho, y en eso tiene toda la razón.
Para el Ministro de Comercio Exterior lo que está en juego en la discusión es un problema de fondo. Las estructuras gremiales siguen bajo el viejo esquema de que cada vez que pataleaban obtenían prebendas cuando la economía era paternalistamente protegida por el Estado: "La apertura mental no les ha llegado. Ellos deberían ser voceros de la reestructuración industrial, del cambio, de salir a buscar cambios".
Por eso citó el caso sucedido recientemente cuando él mismo presidió uno de los más grandes foros empresariales de Colombia en el mundo. Asistieron, por ejemplo, los presidentes de Enka y Analdex y los voceros de las cámaras de comercio. Los gremios de la industria no hicieron parte de la delegación porque les pareció que era un viaje muy caro.
A estas alturas del debate, y con ajustes o no, lo cierto es que los gremios asistirán como testigos en la suscripción del convenio en Cartagena durante la próxima Cumbre Iberoamericana de Presidentes. Aunque es extraño que critiquen hoy y quizás aplaudan ese día, la verdad es que con su pataleo quieren pedir mayor claridad pública. Por ahora al menos creen que cuando el tratado pase a ratificación del Congreso, se dará un debate más profundo sobre sus implicaciones. "Necesitamos que el Congreso se unte del futuro de la industria nacional", advierte el presidente de Fedemetal. ¿Un poco tarde?, preguntarán algunos. Sea como fuere, más vale tarde que nunca.-
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