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| 2/28/2000 12:00:00 AM

Pensiones

El ahorro tributario y las altas rentabilidades que ofrecen los fondos voluntarios de pensiones, hacen de éstos una excelente alternativa de inversión a largo plazo.

Comienza el año y con él los buenos propósitos: dejar de fumar y afiliarse a un plan de pensiones voluntario. El primero por lo de cuidar la salud y el segundo por lo de prepararse para una buena jubilación.

Hasta hace poco tiempo ahorrar en un fondo voluntario de pensiones era sinónimo de disminución ostensible de retención en la fuente y no necesariamente de buena rentabilidad. El ahorro fiscal era muy importante y se veía como el gran beneficio que proporcionaba suscribirse a este tipo de planes. Pero no siempre había los recursos o la intención de afiliarse.

Los más jóvenes —entre 30 y 40 años— dedican buena parte de sus ingresos al pago de vivienda y el tratamiento fiscal que ésta recibe supera con creces al de los planes de pensiones voluntarios. Pero además la alta rentabilidad y liquidez ofrecidas por los productos de corto plazo, como los Certificados de Depósito a Término, CDT, hacía poco populares a los fondos.

Desde hace unos años, sin embargo, los planes de pensiones se han modernizado y a la anticuada oferta —inversión segura en productos de renta fija— se le unieron también los que invierten en renta mixta —entre fija y variable— y en moneda extranjera. Ante la nueva pujanza de este mercado las entidades financieras se lanzaron a promocionar planes de pensiones a la medida, según la edad del cliente y los riesgos que éste último esté dispuesto a asumir.

Así, quienes buscaban dónde invertir su dinero encontraron en los fondos de pensiones voluntarios una alternativa que se ajustaba a sus estilos de vida y a sus niveles de aversión al riesgo. Prueba de lo anterior son los 74.496 afiliados a planes de pensiones voluntarios y los 873.000 millones de pesos producto del ahorro de los trabajadores afiliados a los mismos.



Una alternativa de inversión

Hasta 1994 sólo se podía acceder a la propiedad de las empresas a través de acciones y bonos comprados directamente en los mercados financieros. Esto exigía al inversionista ser poco menos que un analista experto tanto para seleccionar los mejores como para vigilar su seguimiento.

Es de conocimiento público que las empresas evolucionan a lo largo de su vida desde jóvenes promesas hasta viejas glorias —en muchos casos arruinadas—, pasando por una madurez acomodada. Ninguna permanece igualmente rentable siempre y en toda clase de mercados. Nadie puede garantizar que las grandes empresas de hoy sigan siendo la mejor inversión.

Lo mismo ocurre con la renta fija: ya no es lo que era. Su mercado es mucho más líquido, lo que significa que su precio de compra es muy sensible a las oscilaciones de los tipos de interés a corto y largo plazo. De hecho, es tan difícil hoy una buena gestión de una cartera de bonos que la de una cartera de bolsa. En renta fija también se puede perder dinero, y no todos los inversionistas son conscientes de ello.

Conocedores de lo anterior, los fondos de pensiones —tanto los voluntarios como los obligatorios— han simplificado la tarea del inversionista. Son ellos los que se ocupan de la rotación necesaria en los valores de la cartera para cumplir el binomio rentabilidad-riesgo adecuado. “Invertir en fondos es una excelente inversión, sobre todo para personas con escasa cultura financiera o con poco tiempo para atender y seguir sus inversiones y que prefieren, por tanto, confiar la gestión de sus ahorros a una institución profesional”, asegura Pablo Alvir, presidente de Porvenir.

Así lo confirma Leonor Montoya, presidenta de Asofondos. “Esta simplificación ha abierto la puerta a que nuevas capas sociales puedan jugar con sus ahorros. El aumento de la renta sobrante en las familias y la incertidumbre creciente ante la jubilación ya no aconsejan invertirlo todo en ‘ladrillo’, como era costumbre en las décadas anteriores”.

Si a los puntos anteriores se les suma que la rentabilidad de los fondos de pensiones les permitió a sus afiliados obtener ganancias sobre su capital de 25,7 por ciento durante los dos últimos años, el atractivo de la inversión se duplica, en particular en escenarios actuales de tasas de interés a la baja y acciones al alza. La razón detrás de este desempeño —superior al del mercado— es que los fondos tienen papeles de largo plazo comprados desde hace unos años con unas tasas de interés muy atractivas por estas épocas. Adicionalmente, su capacidad de compra de acciones los faculta para buscar siempre la mejor inversión.

Tanto éxito han tenido los fondos de pensiones del país que los analistas calculan que en 20 años estas instituciones manejarán recursos equivalentes al 20 ó 25 por ciento del PIB, monto nada inusual en este negocio si se considera que los fondos en Chile —con 18 años de actividades—, manejan recursos equivalentes a 43 por ciento del PIB.

Muestra de este promisorio futuro es la incursión de fondos del exterior, como Fidelity, Putnam y Merrill Lynch, a través de instituciones que operan en el país. Putnam, por ejemplo, ofrece la posibilidad para que desde Colombia se pueda invertir en 17 fondos diferentes a través de la Fiduciaria Alianza, la que exige una cifra mínima de 5.000 dólares para ser partícipe del fondo.

Merrill Lynch, por su parte, pone a través de Suvalor y otros agentes del mercado 50 tipos de fondos, los cuales exigen desembolsos mínimos de hasta 100.000 dólares, dependiendo del tipo de inversión. De igual manera el Citibank y Bancolombia canalizan a través de su infraestructura la gama de opciones que ofrece el fondo neoyorquino Fidelity. Finalmente están Interbanco y Skandia con los fondos de Janus, T. Rowe Price e Invesco.

En palabras de Mauricio Botero, presidente de Corredores Asociados, “invertir en fondos en el exterior es una excelente alternativa, no sólo por cuanto existen más posibilidades sino por que se obtienen mejores rentabilidades. Mientras que el año pasado un CDT rentó a una tasa efectiva del 21,4 por ciento, un fondo de estos obtuvo fácilmente rentabilidades de hasta 30 y 40 por ciento”.

Pablo Alvir, de Porvenir, comparte las opiniones de Botero al respecto. “La mejor opción este año son los fondos de inversión en dólares, pues sin duda alguna van a consagrarse como los entes potencializadores de rentabilidades”.



Incertidumbre

Pese al buen desempeño de los fondos de pensiones los analistas estiman que la rentabilidad de algunos fondos puede bajar. Lo anterior se debe a que gran parte de estas entidades tienen papeles que compraron años atrás —cuando las tasas de interés eran más altas— y que ahora están a punto de expirar. En otras palabras, que los fondos van a salir a hacer nuevas inversiones, pero a unas tasas de rentabilidad más bajas.

Este cambio en la composición de títulos de renta muy seguramente logrará disminuir el beneficio que venían obteniendo los afiliados al sistema de pensiones. “La rentabilidad de los fondos se puede ver levemente afectada dada la inminente reestructuración del portafolio de los mismos”, añade Leonor Montoya.

No obstante muchos analistas consideran que este problema no es crítico pues la misma naturaleza de los fondos depende de la evolución diaria de la cotización de mercado de los valores en los que esté invertido el patrimonio del fondo y, por tanto, su evolución dependerá del precio de estos valores. Adicionalmente, uno de los grandes atractivos de los fondos, el beneficio fiscal, no desaparecerá. La conclusión, entonces, es que las pensiones voluntarias se convertirán en una gran alternativa de inversión en 2000, claro que con un estudio profundo de los portafolios que manejan cada una de las instituciones que ofrecen estos servicios.









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