Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/04/23 00:00

Permiso para aterrizar

Las negociaciones para la alianza entre Avianca y Aces han avanzado rápido. Falta poco para que esté lista.

Permiso para aterrizar

El 22 de enero pasado Avianca y Aces reconocieron públicamente que se encontraban en negociaciones tendientes a la fusión. En un comunicado explicaron que si bien la alianza todavía estaba lejos habían decidido hacer todo lo posible para lograrla y se fijaron un plazo aproximado de dos meses para decidir si le jalaban o no a la fusión. Ahora que se vence este plazo se sabe que las cosas han avanzado de acuerdo con los planes.

La semana pasada se conoció la renuncia del presidente de Avianca, Bernardo Quintero, quien realizó con notable rapidez la reestructuración financiera de la compañía, lo cual despejó el camino de las negociaciones con Aces. Culminado con éxito su ciclo en la empresa Quintero se va y todo indica que no será reemplazado. Si las cosas salen bien todo queda listo para que Juan Emilio Posada, presidente de Aces, sea el presidente de ambas compañías.

Sin embargo todavía falta para que el matrimonio de las aerolíneas se concrete. Ya se han superado los más grandes obstáculos que había en el camino de la integración. Pero faltan los detalles, que son muy importantes y pueden tomar unas semanas más.

Las conversaciones entre Avianca y Aces vienen de tiempo atrás. En un mundo aeronáutico, donde cada vez hay más competencia y las alianzas entre aerolíneas dominan el mercado, la unión de las principales aerolíneas de Colombia era la estrategia más obvia de supervivencia. No obstante, no era nada fácil que los accionistas de las dos compañías se pusieran de acuerdo. Para lograrlo decidieron hacer las cosas de atrás para adelante.

Primero se pusieron de acuerdo sobre cómo debería ser la empresa unificada, una aerolínea que tendrá ventas cercanas a 850 millones de dólares anuales. ¿Cuál debe ser la estructura financiera y operativa ideal de esta empresa para que sea viable en un mercado cada vez más competido y atractiva para un aliado extranjero? ¿Cuánto capital necesita, cuántos empleados debe tener y cuál debe ser el nivel de endeudamiento de esta compañía?

Con la ayuda de asesores externos los accionistas de las aerolíneas se pusieron de acuerdo sobre las respuestas a estas preguntas. Una vez hubo claridad sobre a dónde querían llegar emergió una larga lista de cosas por hacer para llegar ‘allá’. Es decir, para crear una empresa viable mediante una integración patrimonial con participaciones de 50 y 50 por ciento. Desde entonces los directivos de ambas empresas se han dedicado a hacer la tarea con unos esfuerzos enormes.



Los obstaculos

La angustiosa situación financiera de Avianca era quizás el mayor escollo. Para que fuera posible la integración esta empresa debería estar totalmente saneada. Las multimillonarias capitalizaciones de los últimos dos años no habían bastado para enderezar el rumbo de la compañía, que en 2000 arrojó pérdidas por más de 400.000 millones de pesos. Tan dramática era la situación que no eran pocos los que opinaban que ni siquiera valía la pena salvarla de la liquidación. No obstante los accionistas decidieron más bien hacer el esfuerzo —y meterse la mano al bolsillo— con tal de sacar adelante la empresa emblema de la aviación nacional.

El saneamiento de Avianca exigía quitarle de encima varias de las deudas que la ahogaban y capitalizarla nuevamente. El paso más importante se dio en febrero pasado cuando Quintero reestructuró la deuda externa, mejorando las condiciones no sólo de los créditos con los bancos sino de los contratos de arrendamiento de los aviones. Al mismo tiempo se anunció una nueva capitalización por 200 millones de dólares a lo largo de 2001.

Después de esto faltaba por solucionar el problema del pasivo pensional de Avianca, que bordea los 240 millones de dólares. Es la otra gran deuda que tiene la empresa, tanto con los pilotos como con los empleados de tierra. En el caso de estos últimos el grupo Santo Domingo también decidió darse el lapo y trasladar el pasivo a Valores Bavaria, que asumirá el pago de las mesadas.

Hace dos meses no era claro que se pudieran superar estos obstáculos y el hecho que se haya logrado muestra la voluntad que tienen los dueños de las aerolíneas de sacar la alianza adelante. Ahora faltan detalles que, aunque parecen más pequeños, no son menos importantes. Por ejemplo, el traslado del pasivo pensional requiere la firma de cada uno de los 2.920 jubilados. Se necesita, además, la autorización del Ministerio de Trabajo, que se empezó a gestionar la semana pasada.

Cosas de este estilo, que toman tiempo, son las que faltan por resolver para que salga adelante esta fusión. Por eso, aunque las grandes decisiones están tomadas, seguramente habrá que esperar hasta mediados de abril para que se haga el anuncio del que seguramente será el negocio del año.

En ese momento las miradas estarán puestas sobre la Superintendencia de Industria y Comercio, que deberá darle el visto bueno a la unión. A pesar de que para muchos es evidente que una empresa que controla más del 60 por ciento del mercado tiene una posición dominante la decisión que tiene el superintendente entre manos no es nada fácil. Por ejemplo, si decide no autorizar la operación es probable que al no sobrevivir las empresas locales dentro de unos años haya de todas maneras un monopolio, pero extranjero. Así las cosas lo más probable es que, al igual que en el caso de Bavaria y Leona, haya una aprobación condicionada al cumplimiento de ciertas garantías para terceros que quieran participar en el negocio.

Mala noticia para quienes temen que la menor competencia vaya en contra de los pasajeros, pero buena para quienes entienden que lo que está en juego es la viabilidad de la industria aeronáutica nacional pues la fusión de Avianca y Aces nunca había estado tan cerca. Aunque en el mundo de los negocios no son pocos los matrimonios que se desbaratan a última hora, este no parece ser el caso de las aerolíneas a juzgar por la voluntad y la decisión de sus directivos. Ahora, juntas, podrían conseguir lo que en años de intentos nunca lograron por separado: encontrar un buen aliado extranjero.

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