Martes, 24 de enero de 2017

| 2009/05/30 00:00

Pies de barro

La poderosa General Motors, una de las insignias de la economía norteamericana, se derrumbó. ¿Qué la llevó allí y cómo va a salir del lío?

Pies de barro

"Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos". Esa famosa frase mostró por años el poderío de esta compañía automotriz en la economía norteamericana y la confianza que tenían en ella los ciudadanos estadounidenses. Esta emblemática empresa, en su momento de esplendor, daba empleo directamente a 250.000 personas en todo Estados Unidos y vehículo a la mayor parte de la población.

Pero hoy la historia es distinta: General Motors (GM) está al borde de declararse en quiebra y apela a la buena voluntad de sus acreedores para superar la crisis. Hoy nadie sabe qué es bueno para GM ni mucho menos para Estados Unidos.

Aunque la economía más potente del planeta enfrenta actualmente la más dura recesión desde los años 30, hay que buscar más atrás las razones de la crisis de la industria automotriz.

Según José Fernando Isaza, rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y presidente de Mazda por muchos años, GM no está así sólo por la actual recesión estadounidense. "La crisis es un acelerador, pero uno de los problemas centrales de esa industria fue el excesivo costo de los beneficios en salud ofrecidos a los pensionados del sector, compromisos que se adquirieron a lo largo de décadas". En este sector automotor, los presidentes de las compañías comprometieron en las convenciones colectivas, enormes beneficios prestacionales. Por eso, año tras año, el costo de esos programas especiales aumentó exponencialmente. Sólo en el caso de GM, llegó a 20.000 millones de dólares. Aunque bueno para los trabajadores, terminó, junto otros factores, por empujar la empresa a la quiebra.

Desde hace casi cinco años, el sector norteamericano viene haciendo un doloroso ajuste. Redujo los privilegios a los trabajadores (como los elevados salarios promedio), recortó cientos de miles de empleos y cerró fábricas alrededor del mundo. Paralelamente, se enfrentó a una gran transformación del mercado. Ensambladoras y compañías asiáticas como Nissan y Toyota empezaron desde la década de los 90 a quitar enormes tajadas de mercado a las tradicionales marcas norteamericanas radicadas en Detroit: Ford, Chrysler y GM.

En esta pelea, la GM apostó por una estrategia comercial agresiva con modelos grandes que le registraron éxito inicialmente. Sin embargo, el aumento excesivo en los precios de los combustibles en 2007 y 2008 llevó a estas líneas de producto al fracaso, por su elevado consumo de gasolina.

En la industria automotriz ajustar cualquier estrategia es dispendioso, pues se trata de un negocio intensivo en capital, con costos fijos muy altos y largos tiempo de planeación. Por eso, cambiar el rumbo cuesta tiempo y dinero, lo que menos hay en estos momentos en Estados Unidos. Así que la crisis económica tomó con las defensas muy bajas a GM y las demás automotrices; fue el golpe de gracia.

Todos estos factores explican la precaria situación de GM hoy. El presidente Barack Obama le impuso un ultimátum para que reestructurara las deudas antes de este lunes primero de junio.

Actualmente, GM tiene deudas con tenedores de bonos por 27.000 millones de dólares. La propuesta es convertir buena parte de ese endeudamiento en acciones de la nueva GM. La fórmula más posible es que el gobierno se quede por lo menos con el 72,5 por ciento de las acciones de la compañía; los trabajadores, con el 17,5 por ciento, y los tenedores de deuda, con el 10 por ciento, con la probabilidad de aumentarla al 15 por ciento en los próximos años, cuando la compañía vuelva a adquirir valor.

Es claro que GM no va a cerrar sus puertas; de hecho, el ajuste actual es indispensable para que una de las más importantes compañías automotrices del mundo empiece de nuevo. Sin embargo, la lección de esta vez es que las crisis no se ponen con reparos cuando llegan; ni siquiera si se trata de una insignia del mundo empresarial como GM.

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