Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/12/11 00:00

PIRATAS DEL SIGLO XX

Un documento secreto de una empresa norteamericana indica que el rescate del tesoro del galeón San José, tal como esta planeado, sería un pesimo negocio para colombia

PIRATAS DEL SIGLO XX

El episodio habría sido provocativo para el mismo Charles Wager. Al fin y al cabo, el comandante de la flota inglesa que el 8 de junio de 1708 hundió el galeón San José en cercanías de Cartagena era, en último termino, un pirata. Quizá por eso, a Wager le habría gustado el esquema que hasta hace unas semanas tenía implementado el gobierno colombiano para recuperar los restos de la nave, junto con su valiosa carga. Una serie de documentos obtenidos en exclusiva por SEMANA de muestran que lo que a primera vista aparecía como una negociación transparente, no es sino una pantalla en la cual saldría ganador un grupo de inversionistas privados extranjeros. No obstante, en los últimos días ha venido ganando fuerza la tesis de que el propio gobierno colombiano puede evitarse esos problemas si decide enfrentarse en solitario a la búsqueda y recuperación eventual del San José. Si eso es así, sería la segunda vez en 281 años que el tesoro de la nave española se salva de los corsarios.
A esa cónclusión se llega cuando se mira la accidentada historia reciente de La Capitana, nombre con el que también se conoció al navío insignia de la llamada Flota de Tierra Firme de la corona española.El tesoro que el San José se llevó al fondo del mar ha sido descrito como el más rico de todos cuantos se perdierón en aquella época de piratas y su búsqueda ha despertado la codicia de muchos. Los cálculos más pesimistas indican que el botín tendría un valor mínimo de 300 millones de dólares, pero los más realistas hablan de una cifra ubicada entre los mil y los tres mil millones de dólares.
Semejantes números han animado a los buscadores de tesoros a meterse de lleno en el tema. Hasta hace un tiempo las historias de navíos hundidos parecían pertenecer del todo al romanticismo, pero desde que en 1985 unos exploradores norteamericanos recuperarón el cargamento de Nuestra Señora de Atocha y poco después el de La Merced, ya nadie se burla de esas ideas. Lo obtenido e esas dos operaciones ascendió a unos 1.200 millones de dólares.

EL CONCURSO
Todos esos elementos han jugado para que, mientras La Capitana duerme todavía en el lecho maríno, en tierra se haya desatado toda clase de rivalidades y disputas. La historia reciente comienza en 1982 cuando una empresa con sede en las Islas Caimán la Glocca Morra, denunció el hallazgo de los restos del San José, los cuales estarían ubicados entre la isla de Barú y las islas del Rosario a una profundidad cercana a los 800 pies (algo menos de 250 metros). Fue precisamente está la que se encargó de hacerle la primera propuesta a la Nación para el rescate del tesoro. En 1984 la Glocca Morra ofreció realizar toda la operación, con la condición de que el botín sería dividido en partes iguales entre la República de Colombia y la compañía extranjera.
La idea no fue aceptada por la administración Betancur, pero desde entónces en el ambiente internaciónal se empezarón a mover los hilos para la recuperación del tesoro. En consecuencia, en los años siguientes firmás de varios países se le aproximarón al gobierno naciónal para ofrecer, ya fuera formal o informalmente, su participación en la operación. Los que más se movierón fuerón los suecos y los norteamericanos pero, debido a las presiónes que se estaban generando, la administración Barco se decidió por otra fórmula. En julio de 1987 invitó a 12 países para que presentaran sus propuestas bajo el esquema de cóntratos de gobierno a gobierno. De estos, tan sólo tres -Suecia, Francia e Italia- respondieron y a mediados de 1988 se anunció que Suecia había resultado favorecido. Según el trato, el Banco Sueco de Inversiones, BSI, sería el encargado de ejecutar el cóntrato, por lo cual obtendría entre el 30% y el 35% del valor del rescate.
El anuncio fue seguido de una enorme polémica que se ventiló en el Congreso. Entre otras cosas, se supo que hubo presiones de una serie de comisionistas y que las rivalidades entre varias empresas extranjeras eran de marca mayor. Las dos principales protagonistas en la penumbra fuerón la Sea Search-Armada, con sede en Estados Unidos y que en 1984 adquirió sus derechos a la Glocca Morra, y Nova Limited, con sede en la isla de Man (un territorio entre Inglaterra e Irlanda), la cual fue fundada en 1985 por unos accionistas salidos de la primera. La causa del pleito fue la negativa de Sea Search-Armada de aceptar la legislación colombiana, según la cual el denunciante del hallazgo sólo tiene derecho a un 5% del mismo y no le corresponde la prioridad para iniciar la búsqueda del tesoro.
La presión de ambas firmas por intervenir en el rescate fue continua. Incluso en 1987 el presidente del Banco de Inversiónes Sueco, Harry Schein, le dirigió una carta a Germán Montoya, secretario general de la Presidencia, en la cual retiraba la oferta de su gobierno debido a que "hemos sido informados de que dos grupos suecos sobre los cuales habíamos basado nuestra oferta,a su turno han llegado a acuerdos con la Sea Search-Armada y con toda probabilidad con Nova, respectivamente para financiar sus costos para la fase de verificación(...) Originalmente concebí el papel del Banco Sueco para servir los intereses del presidente Barco y del gobierno sueco. Pero no como un proyecto camuflado de una compañía americana o de las Islas Caimán ".
La oferta sueca se volvió a presentar 72 horas antes del cierre, cuando el BIS obtuvo la ayuda de Neptun como operador del contrato. Esta firma, establecida en 1870, tenía amplia experiencia en el área y aparecía libre de toda sospecha. Ese hecho influyó para que Suecia fuera finalmente escogida por el gobierno colombiano, según fue anunciado en julio de 1988.
No obstante esa decisión, la polémica ya descrita influyó para que la administración Barco se abstuviera de darle trámite al pacto con el BIS. Esto fue entorpecido adicionalmente, cuando se supo este año que la entidad sueca estaba en proceso de privatización y, por lo tanto, el esquema de gobierno a gobierno quedaba sin piso. Aunque Suecia se apresuró a proponer a otra entidad para que asumiera el rol del BIS, ese hecho influyo aún más para que la decisión se encuentre todavía en veremos.

EL TESORO ESCONDIDO
Probablemente fue esa conjunción de hechos la que acabó salvando al país de un trato que habría podido resultar escandaloso, no sólo por las condiciones del mismo, sino por una conexión clara entre Nova y Neptun. Tal nexo queda demostrado en un documento obtenido en exclusiva por SEMANA, en el cual Nova Usa (una corporación con sede en Nueva Jersey que es una subsidiaria de Nova Limited) le plantea a varios inversionistas la venta de derechos en un fondo llamado Capitana San José Partners con el fin de financiar parte de los costos de exploración del tesoro. El memorando está fechado el 11 de noviembre de 1988 (una coincidencia curiosa) y plantea la venta de 500 unidades de 5 mil dólares cada una, hasta un total de 2.5 millones de dólares.
Los participantes en cuestión deben adquirir un mínimo de cinco derechos y los cálculos indican que el negocio es redondo. Si el valor del tesoro llega a 500 millones de dólares, el inversionista obtendría 10 veces su participación; si en cambio es de mil millones la utilidad sería 18 veces, y si es de 1.500 millones superaría las 25 veces.
Todo esto lo ofrece Nova debido a sus nexos con Neptun. El documento sostiene que ambas firmas sucribieron un acuerdo en el cual Neptun actúa como operador, pero Nova generaría la mitad de los fóndos a cambio de tener voz y voto en las decisiones de la primera. Por este servicio Nova recibiría 83.5% de los ingresos de Neptun, de los cuales una tercera parte se destinaría a los miembros de Capitana San José Partners. En términos globales la tajada equivale a 30% de la parte sueca del valor del hallazgo, una vez descóntado lo que se le paga a los inversionistas. Eso quiere decir que si el tesoro del San José vale 500 millones de dólares, Nova se ganaría casi 48 millones y que si este sube a 1.500 millones de dólares la porción de la compañía sería de casi 130 millones.
Tales cuentas demuestran que todo el esquema de contratistas y subcontratistas suecos es apenas una pantalla. La firma que más dinero obtendría sería Nova que, segun lo dicho por el presidente del BIS, debería haber quedado por fuera. Comparativamente hablando, los otros participantes en la financíación -BIS, Neptun, Axel Johnsón y Argónaut (todas empresas suecas)- recibirían mucho menos. La impresión de montaje es corroborada por el documento de Nova. Este dice que "el Banco (de Inversiónes Sueco), al ser propiedad del gobierno sueco, sera el contratista general con la República de Colombia (...) El Banco retendrá un porcentaje de los ingresos por actuar como el contratista (ante) Colombía".
Sin embargo, el mismo gobierno sueco se ha encargado de desmentir su rol en el asunto. En una carta firmada por John HM Hagard, consejero político y encargado de negocios de la embajada sueca en Washington dirigida al representante a la cámara norteamericano, Dante B. Fascell, se afirma que "el gobierno sueco (no forma) parte de ninguna operación con respecto al San José". La acción se limita, dice la carta, a "suponer que todas las acciones tomadas en relación con el San José (...) sean conducidas de acuerdo con la ley internacional establecida".
Las afirmaciones anteriores desvirtúan claramente la filosofía del contrato gobierno a gobierno. No sólo se demuestra que este no evita los "golazos" como el de Nova, sino que el gobierno sueco tiene una versión muy particular de los hechos, en la que no se siente comprometido.
En todo este proceso una de las personas que parece clave es un sueca llamado Bo Rindegard, quien fuera director de las oficinas del grupo Nobel en Panamá. Rindegard dirigió el proyecto de construcción de la Base de Bahía Málaga en el Pacífico y se dice que tiene extensos contactos en el país.
SI SE PUEDE
La revisión de los documentos deja en claro que, a pesar de lo repetido insistentemente por el gobierno colombiano, la opción que escogió dista, de lejos, de ser la mejor. Al fin y al cabo, todo indica que los gobiernos extranjeros acaban sirviendo casi que de testaferros a los intereses de una serie de empresas o de individuos. Eso no garantiza plenamente ni la seriedad,ni la honestidad, ni el profesionalismo de quien en último término acaba buscando el tesoro.
Lo anterior sirve de argumento para aquellos que piden que se vuelva a mirar el proceso de exploración y recuperación del tesoro del San José. Hace unas semanas un estudio de la Contraloría General de la República sugirió que el camino escogido hace 16 meses no había sido el correcto. El ente fiscal sostuvo que "la premura contra el tiempo no existe. El rescate se puede postergar, si con ello se logra que Colombia obtenga una mayor participación en la herencia del San José ".
Dentro de las alternativas se encuentra la de que Colombia se meta sola en el proceso, utilizando contratistas en el caso en que se requiera tecnología avanzada que no existe en el país. Sobre el papel ese esquema suena mucho mas atractivo que el de ceder un porcentaje de hasta el 30% del rescate a una compañía extranjera.
Las cifras confirman esa impresión.El gran costo inicial consiste en la exploración detallada de la zona para establecer si el galeón se encuentra donde se dice que está. Aunque algunos estimativos sugieren que esa búsqueda puede costar hasta 6 millones de dólares, el memorando de Nova -hecho con la asesoría de especíalistas en el asunto- sostiene que este es de 2.4 millones, incluyendo 350 mil dólares para imprevistos. Los costos de explotación adicional se estiman, a lo sumo, en 15 millones de dólares.
Aunque esa es una suma importante, tampoco es extraordinaria. Ecopetrol planea invertir en exploración de pozos 650 millones de dólares en 1990. Bien podría destinar parte de los recursos a buscar el San José sobre todo teniendo en cuenta que el riesgo en este caso es comparativamente menor que el de buscar petróleo. En último término, se estima que Colombia no tendría que gastarse mas de 20 millones de dólares para recuperar el tesoro. Como costo adicional se suma un 5% del valor global de este que le sería entregado a la Sea Search-Armada por la denuncia del mismo (sólo si este se encuentra donde se dijo). Suponiendo que el valor de lo rescatado ascienda a mil millones de dólares, Colombia, bajo este esquema, recibiría un neto cercano a 930 millones. Bajo el esquema pactado con los suecos la suma sería de 650 millones de dólares.
Semejante diferencia ha llevado a algunos miembros del gobierno nacional a considerar seriamente la posibilidad de desmontar el entendimiento con Suecia.
Si eso es así, se habrá cerrado un capítulo que habría podido tener un desenlace muy desafortunado para el país. Basta ver la polémica que todavía subsiste por el manejo que se le dio a otro tesoro, pero en el campo petrolero. La lluvia de críticas por el contrato de Ecopetrol con la Occidental sobre el yacimiento de Cravo Norte ha sido constante, a pesar de que en ese caso se utilizó un esquema conocido y de que el país se queda con el 80% de lo que este genera. La experiencia con las firmas extranjeras ha sido tan mala que en este caso todo señala que, en materia de tesoros más le vale al país estar solo que mal acompañado.

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