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| 10/24/1994 12:00:00 AM

PLAYA, BRISA Y MAR

El gobierno y tres de los más poderosos grupos económicos de Colombia firmaron un acuerdo para desarrollar un gran complejo turísfico en Barú.

EL PASADO SABADO EN Cartagena, con el presidente Ernesto Samper como testigo, se firmó un histórico acuerdo para adelantar uno de los proyectos turísticos más ambiciosos de Colombia. Se podría decir que se trata de un milagro posible, gracias a la apertura. Tres de los más poderosos conglomerados económicos del país -el Sindicato Antioqueño, el Grupo Santo Domingo y la familia Echavarría Obregón- con la Corporación Nacional de Turismo convinieron desarrollar en Barú, en unas 800 hectáreas, y con una inversión superior a los 500 millones de dólares, un complejo que estaría compuesto por cinco hoteles con 2.000 habitaciones, unas 500 villas, campo de golf de 27 hoyos, marinas, canchas de tenis, lagos, sitios de recreación, campos ecuestres, zonas comerciales y hasta centro de convenciones.

Aparte de conseguir un nuevo ambiente interempresarial, el logro vuelve realidad un proyecto que venía pensándose desde hace 35 años, cuando uno de los primeros inversionistas llegó a la isla: Pablo Obregón. Desde entonces él se encargó de llevar a los más prominentes hombres de negocios del país, para venderles la idea del paraíso del descanso. Así llegaron Hernán y Norman Echavarría, Pepino Mogollón -un navegante cartagenero-, la familia Santo Domingo, el arquitecto Rafael Obregón y Miguel de Germán Ribón, entre otros. Julio Mario Santo Domingo, el fundador del Grupo, se reía de Obregón, y le decía en broma "ya va Pablo para la ciudad del futuro".

Con el paso de los años la idea de Barú nunca pudo ser y aunque hubo estudios millonarios y propuestas de cadenas internacionales de turismo como Meliá y Mediterrané, entre otras, sucesos que hoy pocos quieren recordar dieron al traste con el asunto.

En 1975 muchos propietarios decidieron venderle a Corturismo parte de sus extensiones, pero ésta nunca desarrolló ningún proyecto.

Sin embargo durante la segunda semana de julio de 1992 ocurrió algo que cambió la historia. Gabriel Echavarría Obregón, uno de los grandes propietarios de Barú, visitó al recién posesionado ministro de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, para denunciar el incremento de las invasiones en Playa Blanca, en inmediaciones de la propiedad de Corturismo.

De esa situación negativa, surgió la positiva. Las partes se dieron cuenta de la necesidad de soluciones comunes y Moreno anunció que hablaría con Augusto López Valencia, presidente de Bavaria. Después entraron en escena Próspero Carbonell, Pablo Obregón y los Echavarría. Luego de muchas horas de diálogo llegaron a la conclusión de que adelantar un proyecto en Barú era la única salida para detener la invasión de 'gente del interior'. Después de ese acuerdo inicial Moreno mismo propuso no entregarle a ninguno de los grupos el manejo del proyecto y la administración de los bienes, sino buscar un intermediario como gestor de la obra. Así los Echavarría postularon a la Inmobiliaria Selecta, el grupo más fuerte de construcción y con mayor seriedad en su campo en el país. De allí en adelante, en forma pausada, todo comenzó a funcionar. Santiago Alberto Botero, de Selecta, propuso entonces acudir a la organización de cuentas en participación. Esa es una figura del Código de Comercio muy usada en los acuerdos joint venture que permite coordinar negocios entre intereses muy dispersos.

A mediados de junio de 1993 la firma estadounidense Wimberly Allison Tong & Goo, especializada en arquitectura y planificadora de 168 proyectos en todo el mundo, presentó el primer borrador de lo que podrían ser las instalaciones turísticas del complejo de Playa Blanca. El gran impulso final lo dio el último ministro de Desarrollo de la administración Gaviria, Mauricio Cárdenas, y la bendición para firmar el acuerdo la dio el nuevo gobierno Samper. Con las herramientas jurídicas diseñadas, las partes decidieron firmar el pasado sábado.

No obstante a comienzos de la semana que pasó, Juan Manuel Ruiseco, presidente de Cementos Caribe, empresa del Sindicato Antioqueño que posee unas 1.500 hectáreas en Barú, anunció su participación en Playa Blanca. Por eso en pocos días se ampliará la sociedad en la que actualmente Corturismo aporta un 55 por ciento de las tierras, Bavaria el 18 por ciento y los Echavarría Obregón el 20 por ciento. Pero aún falta mucho por hacer. Sólo hasta dentro de un año y medio, dependiendo de los resultados de los estudios geológicos y de impacto ecológico comenzarían los movimientos de tierra. A continuación seguirían los diseños arquitectónicos, de infraestructura y, por supuesto, la consecución de inversionistas internacionales de grandes cadenas como Meliá y Hyatt por citar dos nombres. De manera que aún faltan muchos obstáculos por sortear para que pueda llegar el primer turista internacional a hospedarse en Playa Blanca.

Además hay en Barú todo un contraste social y ecológico. Existen allí tres poblaciones -Santa Ana, Ararea y Barú- de pescadores y artesanos. Ararea fue catalogado hace unos años como el tercer poblado más pobre del mundo. Hace unos 50 años los pobladores de Barú y Santa Ana expulsaron a un grupo de llamados indeseables quienes se instalaron allí. Ante el contraste entre la opulencia y la pobreza que necesariamente se dará cn la isla, las fundaciones Mario Santo Domingo y Corona (del grupo Echavarría) decidieron adelantar amplios programas de salud, educación, vivienda, microempresas y subsidio social para equilibrar un poco las cargas.

Julio Mario Santo Domingo donó una clínica para Santa Ana, mientras el grupo Echavarría instaló un puesto de salud en Barú, y con el gobierno construye un colegio vocacional con un costo de 400 millones de pesos, tambien en Barú. Habrá además una escuela de formación turística. Y los planes de las dos fundaciones, con el respaldo del Inurbe en el caso de vivienda, son amplios en la recuperación del nivel de vida de los pobladores. Playa Blanca generará 5.000 empleos directos y unos 20.000 indirectos.

Barú podría cambiar totalmente la economía de esa zona del país, pero también va a traer discusiones sobre la conservación de la flora y la fauna, porque sin duda se trata de un ambiente muy frágil. Lo que sí se tiene claro es que Barú no se eonvertirá en un Cancún, con grandes moles de cemento. Será un atractivo ecológico a nivel mundial, del estilo que ofrece ahora Indonesia y que se está robando el show. "Lo que pasó en Cancún es exactamente lo que no queremos que pase en Colombia", advierte Gabriel Echavarría Obregón, coordinador de los intereses de Playa Blanca.

De ese mismo pensar es Aura Cenzato, una italiana que maneja Sport Barú, un centro de deportes náuticos. Para ella, una de las mejores conocedoras de Barú y su complejo entorno social, debe ser ecológicamente usable y económicamente viable. Aquí el nuevo Ministerio del Ambiente tendrá un papel esencial. En eso todos están de acuerdo y hacia allá avanzan otros muchos proyectos de la isla que tiene una superficie total de 7.550 hectárcas y dista 45 minutos en automóvil desde Cartagena y 35 minutos en lancha. el capitán Jaime Borda, experto aviador, considera que debe construirse una pista de aterrizaje. Tambien hay un interesante debate sobre si la vía principal debe pavimentarse o no.

Pero mientras se deciden muchas otras cosas en torno de Barú, ya hay quienes se pusieron manos a la obra. Hace un año arrancó el Club Náutico Punta Iguana, al sur de Barú, de Gabriel Echavarría. Es un pequeño club privado para 100 socios, con 44 cabañas en construcción. El más grande de todos hasta el momento es el Barú Beach & Marine Resort que inició obras hace dos meses, en 140 hectáreas y la primera zona franca turística aprobada, levantaría ocho hoteles; 180 villas, 102 mansiones; 240 apartamentos turísticos; centro comercial; helipuerto; marina y acuario. Es desarrollado por Aviatur, Movicom, Ecoforest, De la Vega Visbal Arquitectos, Jaime Visbal, Daniel Hernández y Roberto de la Vega. El proyecto costará 150 millones de dólares.

Avanza a la vez el Club Náutico Cienaga Honda cerca del Canal del Dique. Un sitio para deportes cuyos promotores son los colombianos Gustavo López Marrugo y Marino Jaramillo E., y los españoles José Ramón Fondevila y Pedro Beteta. Una cosa es clara en toda esta historia, que Barú arrancará cuando toca. Nadie podría imaginarse semejante proyecto, por ejemplo en 1975, en medio de un país cerrado, con manejo de dólares prohibido y sin conciencia turística. Ahora las cosas cambiaron radicalmente.
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