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| 7/31/1995 12:00:00 AM

POBRE REGION DE POBRES

Mientras el continente no invierta en educación tendrá un crecimiento económico débil y no disminuirán los índices de pobreza y desigualdad.

HOY EN DIA, UNO DE CADA tres latinoamericanos vive en la pobreza, con ingresos de menos de 10 dólares diarios. Y lo peor es que, de ellos, hay 86 millones que reciben menos de un dólar y viven en la absoluta miseria. Si a eso se suma el hecho de que la desigualdad en el continente es cuatro puntos mayor a la de países con similar desarrollo, el problema cobra dimensiones más graves de lo que se ha imaginado y hablar de la región sería como referirse a las peores zonas del Africa.
En cuanto a pobreza, la peor historia está en Centroamérica -alrededor del 60 por ciento de la población- y la mejor en el Cono Sur donde es cerca del 10 por ciento. Y en cuanto a desigualdad, la situación se complica en las regiones con niveles intermedios de desarrollo, como Brasil y los países andinos, incluida Colombia. Hablar de marginalidad no sería tan grave si las cosas se estuvieran solucionando. Sin embargo no es así, pues está ocurriendo justamente lo contrario: la cifra de pobres puede haber pasado de 82 millones en 1950 a 166 millones en la actualidad. Es decir, en el continente se está aplicando el dicho de que los pobres son cada día más pobres y los ricos cada día más ricos.
Pero, ¿qué es lo que explica que América Latina vaya de para atrás, como el cangrejo, en la solución de los problemas sociales? Según un trabajo presentado por el ex ministro de Salud de Colombia y hoy funcionario del Banco Mundial, Juan Luis Londoño, para la conferencia anual del Banco Mundial para el Desarrollo en América Latina y el Caribe, que se realizó en Rio de Janeiro, todo tiene que ver con la insuficiente educación de los jóvenes en las diferentes generaciones, en todos los países del área.
De hecho, el trabajador latinoamericano tiene hoy dos años menos de educación de lo que se esperaría, y cada día es más marcada la diferencia con las naciones del sudeste asiático. Además, la fuerza de trabajo que llega a los 25 años sin haber estudiado o apenas con unos años de primaria, está creciendo a pasos agigantados. Es decir, hay una coincidencia entre el mayor número de pobres y el menor grado de educación en el continente, que puede en gran parte explicar sus deficiencias sociales.
Y lo más grave es que, según Londoño, a pesar del ajuste que se ha hecho en todas las naciones, el crecimiento económico en los próximos 10 años podría resultar excesivamente débil, pues el número de personas pobres seguiría creciendo al poco despreciable ritmo de dos personas por minuto. Lo único que podría darle un respiro a las economías sería inyectarle recursos a la formación de capital humano, de manera que se lograra alcanzar nueve años de escolaridad para el conjunto de la fuerza de trabajo en menos de dos décadas, llegando con representación básica completa a 200 millones de jóvenes. Sería, en su concepto, una de las inversiones más rentables que podría realizar la región, pues aceleraría el ritmo de crecimiento y vincularía al desarrollo a 70 por ciento de los latinoamericanos que hoy viven en la pobreza.
El esfuerzo financiero tendría que ir acompañado de un cambio institucional que incorporara la democracia y la racionalidad al campo de los servicios sociales. Eso quiere decir que sería necesario un financiamiento más equitativo, una organización pluralista y unos usuarios con mayor poder decisorio, entre otras cosas, para lograr que el continente no sea justamente el modelo de la mezcla más indeseable: una población que además de pobre es ignorante.
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