Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/31/2010 12:00:00 AM

Por cuenta ajena

La tercerización, un negocio que pocos conocen, ya vende 600 millones de dólares al año en Colombia. Pros y contras del 'boom' de los BPO, que promete revolucionar la economía.

El país experimenta un verdadero auge en un negocio que está atrayendo a grandes compañías al país y que podría convertirse en uno de los principales generadores de divisas y empleos en el futuro: se trata del Business Process Outsourcing and Offshoring (BPO&O), o tercerización.

Los anuncios se han vuelto casi cotidianos. Hewlett Packard (HP) inició la construcción de su centro global de servicios para América Latina, en Medellín. Convergys, compañía especializada en gestión de relaciones con clientes y una de las firmas más grandes en este sector, va a abrir un centro de operaciones en Bogotá para atender el mercado corporativo de Latinoamérica y Estados Unidos. Emergia, Unisys y Teleperformance son algunas de las compañías que se han sumado a esta ola, y Genpact (del grupo General Electric) está analizando cómo invertir en Colombia.

Los BPO ya facturan en el mercado local 600 millones de dólares al año y generan 80.000 empleos. Las cifras confirman que algo está pasando.

Estas compañías ofrecen servicios de tercerización: es decir, se hacen cargo de procesos empresariales de otras firmas. Allí cabe de todo: se puede 'tercerizar' desde el manejo de la nómina o el archivo documental, hasta cosas mucho más complejas como la gestión de ventas y mercadeo, la facturación, la contabilidad, el registro de pedidos, la seguridad informática, etcétera. Se trata de un universo de negocios inmenso.

Varias cosas han incidido en este auge: primero, los beneficios para la inversión, como las zonas francas; segundo, los reducidos costos salariales de Colombia; tercero, el aumento en el stock de profesionales en carreras afines, como Ingeniería de Sistemas y Administración, que llegó a 860.000 personas en los últimos años; y cuarto, el crecimiento en infraestructura de telecomunicaciones, factor clave para el desarrollo de la tercerización.

Pero no todo es color de rosa, y esta apuesta implica sus riesgos. Primero, el país se ha concentrado por el momento en servicios de call center, que son el primer eslabón de la cadena y no generan grandes valores agregados.

Además, los BPO han puesto sus ojos en Colombia por los bajos costos laborales comparativos. Obviamente, las variables salariales son sensibles y cualquier ajuste en este indicador puede hacer inviable el negocio, lo que podría generar que el boom de BPO quede atado a mantener bajos niveles de remuneración; no se puede permitir que el éxito del esquema esté sustentado en la rapiña salarial.

Para aprovechar al máximo esta ola es necesario garantizar que toda inversión que llegue cumpla con las obligaciones laborales mínimas, pues lo que se busca con la promoción del outsourcing en Colombia es generar empleos estables y bien remunerados, para personas con altas calificaciones.

De otra parte, las compañías BPO deben apostar a ofrecer servicios cada vez más sofisticados, para impedir que el sector se estanque ofreciendo servicios commodities, que no generan valor agregado. Solo así se podría marcar diferencia.

El BPO es un mercado muy importante que en el mundo mueve 154.000 millones de dólares al año, y en el cual Colombia puede ganar una gran tajada. De hecho, las metas son ambiciosas: el país quiere llegar en 2019 a 305.000 empleos en BPO y ventas por 10.000 millones de dólares anuales. Si consolida el esquema, habrá más colombianos trabajando y en ocupaciones mejor calificadas y remuneradas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1830

PORTADA

En la cuerda floja

La economía avanza a paso muy lento. Se necesita con urgencia un estartazo, pero el desánimo y el pesimismo limitan las posibilidades de una recuperación.