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| 12/21/2003 12:00:00 AM

¿Por qué 2003 fue mejor de lo esperado?

El auge de la exportación de carbón y ferroníquel, el repunte de otras exportaciones y mejores condiciones para invertir fueron factores clave para el crecimiento de este año.

Los resultados de la economía en 2003 superaron ampliamente los pronósticos iniciales, aunque hay que reconocer que la mayoría de los analistas acertó al señalar que este año sería mejor que el anterior. A comienzos de año, el gobierno estimaba una tasa de crecimiento de 2 por ciento, mientras que entre los analistas nacionales el rango fluctuaba entre 1,5 por ciento de Uniandes (el más pesimista) y 2,6 por ciento de Santander Investment (el más optimista). Fedesarrollo proyectó una tasa de 2,4 por ciento, que le valió algunas críticas por ser "excesivamente" alta. Aunque no se conocen los resultados del cuarto trimestre, muy probablemente el crecimiento del año será del orden de 3,1 por ciento, es decir más del doble de algunas de las proyecciones de comienzos de año.

Al observar los pronósticos por sector económico o por componentes de la demanda los desfases son aún más apreciables. Esto pone de presente la falta de buenos modelos que anticipen rupturas en las tendencias, como la crisis de 1999, e incluso como la reactivación del presente año. Por eso, hay que tomar con mucha cautela todas las proyecciones económicas, especialmente cuando se realizan sin herramientas analíticas sofisticadas.

Si se trata de explicar los errores en la proyección de crecimiento para este año, no cabe la menor duda de que hay que comenzar por el sector minero. Es precisamente en este campo donde se presentó el mayor desfase entre pronóstico inicial y resultado final. En línea con lo que anticipaba el gobierno, Fedesarrollo esperaba una contracción de 1,1 por ciento a lo largo del año, mientras que Anif vaticinaba una caída de 3,5 por ciento. La realidad es que el sector va a crecer a una tasa cercana a 10 por ciento.

¿Cómo puede explicarse un desfase tan grande? Hace un año los analistas resaltaban la caída en la producción de hidrocarburos, como efectivamente ocurrió. Lo que nadie anticipaba es la impresionante expansión en la producción de carbón, oro y ferroníquel que ha compensado con creces la menor producción de petróleo. El proceso de privatización en los sectores de carbón y níquel ha estado acompañado de cuantiosas inversiones que han elevado la productividad de las minas. Adicionalmente la coyuntura de altos precios internacionales ha reforzado el incentivo a invertir en estos sectores. Por ello la producción de minerales metálicos se incrementó en 93 por ciento y la de carbón en 62 por ciento, como consecuencia de decisiones acertadas tomadas hace unos años, como la venta de Carbocol, la disminución en los costos de transporte y el acceso a los puertos para el carbón del Cesar.

Además de la minería hay otros factores que explican el buen desempeño de la actividad productiva. De hecho, hace mucho tiempo los indicadores macroeconómicos no eran tan consistentemente favorables. La inflación será al cierre del año cercana a 6,1 por ciento, en línea con la meta oficial del Banco de la República y en abierto contraste con la opinión de los analistas que hasta hace muy poco sostenían que la inflación superaría el 7 por ciento. La verdad es que, hoy por hoy, el Banco Central es la única entidad que tiene un modelo detallado de proyección de la inflación, que le sirve para graduar la política monetaria y alcanzar la inflación objetivo. El Emisor fue blanco permanente de críticas infundadas sobre el incumplimiento de la meta.

La tasa de interés de captaciones, cuyo nivel nominal es de apenas 8 por ciento, es otra variable que ha contribuido a la expansión de la economía. Algo similar ocurre con la tasa de cambio real, cuyo nivel es el más alto de nuestra historia reciente, lo que implica el mayor grado de competitividad de la producción nacional en años. Además de estos factores, la economía de Estados Unidos ha crecido a tasas sorprendentemente elevadas a lo largo del año, lo que indiscutiblemente ha estimulado las exportaciones a ese país, que durante los primeros nueve meses del año aumentaron en 34 por ciento, en comparación con igual período durante 2002.

Otro aspecto que se subestimó por parte de los analistas fue el efecto de la renovación y ampliación de las preferencias arancelarias de Estados Unidos, bajo el denominado Atpdea. Aunque parezca inverosímil, las exportaciones no tradicionales que se benefician de esta iniciativa se multiplicaron 11 veces, especialmente por el dinamismo de sectores como las confecciones y algunos productos agrícolas. Esto sirvió para compensar la caída en las exportaciones a Ecuador y Venezuela, de -6 por ciento y -51 por ciento, respectivamente. De otra parte, la revaluación del euro frente al dólar, cuya magnitud ha sido sorpresiva, también ha beneficiado a los exportadores colombianos. Hace un año las proyecciones indicaban que al final de 2003 la tasa de cambio cerraría en 1,10 dólares por euro y hoy es 10 por ciento superior. En suma, estos factores explican por qué las exportaciones colombianas han crecido en 5,5 por ciento en términos reales durante el año, frente a un pronóstico inicial de 2,1 por ciento o menos.

No cabe duda de que la estabilidad macroeconómica ha estimulado la inversión privada, que se ha convertido en el componente de la demanda de mayor dinamismo, después de años de lento crecimiento. Alimentada por una serie de factores objetivos (como la mayor disponibilidad de crédito y las bajas tasas de interés), pero especialmente por la mayor confianza, la inversión ha aumentado en una proporción que ha sobrepasado todas las expectativas. De acuerdo con la Encuesta de Opinión Empresarial de Fedesarrollo, las condiciones económicas y sociopolíticas para la inversión se encuentran en su nivel más alto desde 1994 (ver gráfico). Es decir, desde hace casi una década los empresarios colombianos no percibían un clima tan favorable para la inversión. Probablemente por ello el crecimiento de la inversión privada ha sido superior a 14 por ciento en términos reales, frente a una proyección inicial de 10 por ciento.

Desde el punto de vista sectorial, el crecimiento de la minería ha estado acompañado de elevados incrementos en la producción industrial y en la actividad edificadora, especialmente de vivienda. Cuando se vaticinaba una desaceleración en su ritmo de crecimiento, la construcción se expandió en más de 8 por ciento, lo que indica que más que una burbuja especulativa, el crecimiento del sector tiende a ser sostenible en el mediano plazo. En el caso de la industria, el crecimiento ha sido un saludable 5,5 por ciento, en buena parte atribuible al dinamismo exportador.

Ante un panorama macroeconómico tan favorable, lo sorprendente es que el crecimiento económico no haya sido superior a 3 por ciento. En el pasado, cuando la tasa de cambio era competitiva y las tasas de interés bajas lo natural era que la economía creciera a un ritmo cercano a 5 por ciento. ¿Por qué en un entorno favorable la economía crece a una tasa tan baja? Mientras en el tercer trimestre de este año la economía colombiana creció 3,97 por ciento, las economías emergentes lo hicieron en un 8,7 por ciento en promedio. El conflicto armado es sin duda el más importante de todos los problemas estructurales del país y, si bien hay progresos en este frente en meses recientes, se ha convertido a través de los años en una verdadera restricción al progreso económico y social. Sin embargo existen otros factores que pesan negativamente. Las perspectivas fiscales no son claras y generan incertidumbre entre los empresarios. La situación petrolera, en la que cada día se hace más inminente la pérdida de la autosuficiencia energética, genera inquietudes especialmente por sus implicaciones fiscales y cambiarias.

Algunos de estos factores estructurales se reflejan sobre el consumo de los hogares, la variable de demanda que más pesa en la economía. Pese a que las encuestas de Fedesarrollo indican que la percepción de los hogares acerca de la situación del país ha mejorado gradualmente, la realidad es que las decisiones de consumo siguen estancadas. Los hogares son renuentes a endeudarse para adquirir bienes de consumo durable. La falta de confianza refleja el nivel de desempleo, que es cercano a 16 por ciento de la población económica activa. Aunque esta tasa disminuyó en cerca de un punto porcentual a lo largo del año, la falta de empleo es una preocupación central de los hogares colombianos, que no ven plenamente despejado el panorama económico. Esto explica también el bajo crecimiento del sector comercio, en contraste con otros sectores de la economía. Hacia adelante, una mayor seguridad económica de los hogares dará grandes réditos en materia de crecimiento.

En suma, 2003 dejó gratamente sorprendido a más de un analista y mostró la importancia de la recuperación de la confianza y de las exportaciones en la obtención de mayores tasas de crecimiento. La combinación de un fuerte dinamismo en el sector minero y de las exportaciones a Estados Unidos, como consecuencia de la ampliación de las preferencias arancelarias, explican buena parte de los resultados. También es cierto que la estabilidad macroeconómica y la confianza que inspira el gobierno han estimulado la inversión de manera significativa.

Sin embargo, no podemos olvidar que los efectos de un crecimiento de 3,1 por ciento sobre la reducción de la pobreza y la generación de empleo son apenas modestos. Para avanzar en los próximos años hacia tasas de crecimiento más altas es necesario obtener resultados aún más contundentes en materia de seguridad y, simultáneamente, resolver el problema fiscal, en el que, pese a los esfuerzos de los últimos años, falta mucho terreno por recorrer.

*Director de Fedesarrollo
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