Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1986/03/10 00:00

POZOS DE GUERRA

La crisis de la OPEP desemboca en lo que puede llegar a ser una guerra total de precios del petróleo

POZOS DE GUERRA

Fueron seis palabras que acabaron con la poca estabilidad que quedaba en el mercado de petróleo. Es por esa razón que cuando el ministro de Energía de los Emiratos Arabes Unidos, Manei Saeec Al-Otaiba, dijera la semana pasada que "la guerra de precios está aquí", al terminar una reunión de la OPEP en Viena, su anuncio dejó al mercado en un descontrol total. En escasos tres días, el precio del crudo tipo Brent, del Mar del Norte -el cual se había negociado a casi 30 dólares por barril en diciembre- cayó de 18.50 dólares el viernes 31 de enero a 15.55 dólares el 4 de febrero, su nivel más bajo en seis años. Como resultado, varios analistas empezaron a pronosticar que el mundo está en vísperas de ver caer el precio del barril de petróleo a niveles cercanos a los 10 dólares.
Semejante proyección no resulta exagerada, si se tiene en cuenta lo ocurrido en los países productores durante las últimas semanas. Todo comenzó cuando a mediados de diciembre el jeque Ahmed Zaki Yamani, afirmó que su país, Arabia Saudita, iba a comenzar a incrementar su producción de crudo, con el fin de ganar participación en el mercado mundial. Dada su condición de primer productor mundial, la noticia emitida por los árabes dejó en claro que la época de la estabilidad pertenecía al pasado.
Tradicionalmente, eran los árabes quienes habían logrado mantener a la OPEP como punto de referencia en el mercado mundial del crudo. Cuando los precios comenzaron a aflojar a mediados de 1984, los saudis tomaron la dolorosa medida de restringir su producción a cerca de 2 millones de barriles de petróleo diarios, frente a una cuota asignada de 4.3 millones de barriles. El esfuerzo mantuvo unidos durante un tiempo a los miembros de la organización de países productores, pero a los pocos meses los problemas se volvieron a presentar.
En primer lugar, otros miembros de la OPEP, tales como Nigeria, Libia e Irán, empezaron a producir por encima de la cuota que tenían asignada y a ofrecer "descuentos" a sus compradores con el fin de vender más. Adicionalmente, otros países no miembros de la OPEP, aumentaron su producción en forma sustancial, tal como ocurrió en los casos de Noruega, México y Gran Bretaña.
Como resultado de ambos factores el tremendo esfuerzo de los árabes resultó infructuoso e implicó una política de austeridad interna en uno de los países más ricos del mundo. Por lo tanto, la familia real árabe empezó a discutir una nueva estrategia en Riyad, a finales del año pasado.
El plan, promulgado por Yamani y apoyado por Kuwait, Qatar y los Emiratos Arabes Unidos, consiste en inundar, literalmente, a los países consumidores, con el fin de reactivar la demanda de petróleo, la cual se mantiene estable desde 1981. A cambio, los árabes están dispuestos a aceptar que los precios se caigan "hasta el nivel que sea". Al fin y al cabo, sostienen, los costos de produccion para los países de la zona del golfo Pérsico ascienden a unos dos dólares por barril, circunstancia que les permite resistir con relativa holgura cualquier guerra de precios. En cambio, la situación no es así de cómoda para países como Inglaterra, Noruega y México, cuyos pozos se explotan a través de plataformas en medio del océano, en un procedimiento que se considera como mucho más costoso.
Por lo tanto, los árabes afirman que, en último término, los productores dentro y fuera de la OPEP tienen que llegar a un acuerdo para limitar la producción, con lo cual se podría aspirar a que los precios del crudo subieran nuevamente.
Si bien la confirmación de la estrategia vino a darse hasta la semana paada en Viena al término de una reunión de la OPEP, los analistas ya estaban distinguiendo entre ganadores y perdedores. En el lado de los prineros se encuentran los países inustrializados, los cuales van a tener más dinero para dedicar a otras actividades. En Europa, con la única excepción de Noruega y Gran Bretaña, el resto de naciones han revisado sus proyecciones de inflación y crecimiento para 1986.
A su vez, Estados Unidos también se debe beneficiar de la situación. Pese a que en estados productores como Alaska, Texas, Oklahoma y Louisiana se aseguran recesiones regionales en términos generales las perspectivas económicas del país son sustancialmente mejores. Una prueba de eso, fue lo sucedido la semana pasada en Wall Street, cuando a los pocos días de haberse presentado una abismal caída en el precio de las acciones, la baja en el petróleo alentó las expectativas favorables, y el indice de valor de las acciones, Dow Jones, pasó por primera vez en su historia la barrera de los 1.600 puntos, casi 100 puntos más que a mediados de enero.
La otra cara de la moneda la presentan los productores. Aparte de Arabia Saudita, cuya producción diaria está en 5.5 millones de barriles ("es mejor vender 5.5 millones a 18 dólares que 2 millones de barriles a 25", dijo un funcionario árabe la semana pasada), los demás países se enfrentan a una época muy difícil.
Quizás el peor caso de todos es el de México, cuya deuda externa asciende a 97 mil millones de dólares y que deriva del petróleo el 70% de sus ingresos por exportaciones. Según los analistas, una caída de un dólar por barril le significa a México 500 millones de dólares menos al año. Es por esa razón que en una reunión reciente en Londres, el ministro de Economía mexicano, Miguel Silva Herzog, sostuvo que la crisis actual "puede hacer parecer el verano de 1982 (cuando México declaró la moratoria en su deuda externa) como un período relativamente calmado y quieto". De allí que en Wall Street la semana pasada, las únicas acciones que cayeron, aparte de las de compañías petroleras fueron las de los bancos más grandes, cuyo futuro depende de la suerte de México.
Una situación menos riesgosa, aunque no menos angustiosa, es la que viven los vecinos petroleros de Colombia, Venezuela y Ecuador, cuyas perspectivas económicas son poco alentadoras. Tanto el bolívar como el sucre, cayeron la semana pasada a los niveles más bajos en su historia, haciendo inminente la adopción de medidas de austeridad en los dos países. Según los entendidos, Venezuela es el que mejores instrumentos tiene para resistir y ha adoptado una política agresiva de ventas para impedir que sus exportaciones caigan. Aparte de rebajar sus precios en casi 4 dólares por barril, los venezolanos están comprando refinerías en los países consumidores, con el fin de asegurar la compra de su petróleo.
En el caso de Colombia la situación no es tan clara. Por una parte, es indudable que Ecopetrol, cuyo déficit se acerca a los 70 mil millones de pesos, se va a ver beneficiado por la rebaja en los costos, en comparación con el precio interno de la gasolina. Sin embargo, la empresa estatal va a dejar de percibir una buena cantidad de dinero por sus exportaciones, e incluso se afirma que el precio internacional del crudo se está acercando peligrosamente a su nivel de equilibrio entre ingresos y gastos. Por ahora, se insiste en que los planes de exportación se han revisado con el fin de "estirar" las reservas actuales hasta que el escenario cambie en el mercado internacional.
Para los productores, la única esperanza de que esto suceda radica en que todas las naciones afiliadas o no a la OPEP decidan reducir sus ventas. El ministro de Energía de Venezuela y actual presidente de la OPEP, Arturo Hernández Grisanti, está tratando de reunir a la mayoría de naciones en marzo, pero, teniendo en cuenta las discrepancias que se han presentado hasta ahora, aun los más optimistas aceptan que pasará mucho tiempo antes de que el petróleo vuelva a superar la marca de 35 dólares por barril, fijada en 1979.

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