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| 7/23/2016 12:00:00 AM

Precios del azúcar: un debate agridulce

Ante el alza, el gobierno estudia una nueva reducción en los impuestos a las importaciones, medida que tiene en alerta a los cultivadores de caña.

Las relaciones entre el gobierno y los cultivadores de caña de azúcar se volvieron a tensionar. Una posible reducción en los aranceles (impuestos) a las importaciones de este producto prendió nuevamente el debate sobre la protección a este sector agroindustrial, el más importante del Valle del Cauca.

Esta sería la segunda baja en los últimos meses. A finales de 2015 el gobierno disminuyó de 117 al 70 por ciento el techo de estos impuestos, que hacen parte del Sistema Andino de Franjas de Precios. Este mecanismo nació en 1995 para contrarrestar las volatilidades en las cotizaciones internacionales de este producto.

La decisión originó en su momento una fuerte oposición de los principales gremios azucareros, que advirtieron sobre las graves consecuencias económicas que tendría para el sector que se le diera vía libre a importaciones de azúcar a precios bajos. Los industriales también terciaron en el debate y respaldaron la medida del gobierno, al señalar que los productores de confitería y dulces estaban perdiendo competitividad por los altos costos de esta materia prima.

Ahora, la preocupación de los cultivadores de caña resurge ante la posibilidad de que el gobierno baje nuevamente el techo del arancel -del 70 al 45 por ciento-, con el fin de presionar una reducción en los precios al consumidor final. En lo corrido del año, el valor del kilo de azúcar ha subido más del 10 por ciento –se encuentra en promedio en 3.300 pesos–. Pero en los últimos 18 meses el incremento es del 70 por ciento, según la Bolsa Nacional Agropecuaria.

En el centro del debate está la discusión de qué tanto el gobierno debe apoyar esta agroindustria, una de las más protegidas en el mundo, en detrimento de los consumidores, que deben pagar precios elevados por este producto. Pero en el otro lado de la balanza están los cultivadores que sostienen que el sector es uno de los mayores generadores de empleo en el occidente del país. En Colombia hay más de 190.000 trabajadores vinculados con esta actividad en 232.000 hectáreas sembradas en cinco departamentos. El cultivo de caña representa el 34 por ciento del PIB agrícola del Valle del Cauca, razón por la cual un desempeño negativo de esta actividad impacta la economía del departamento.

Por eso, una reducción adicional del arancel aumentaría el malestar entre los azucareros y pondría mayor presión en la relaciones con el gobierno, que quedaron maltrechas por las multas impuestas por la Superintendencia de Industria y Comercio. Esta entidad sancionó con 260.000 millones de pesos a 12 ingenios y a los altos directivos de esta industria por la presunta obstrucción de las importaciones del producto, de países como Costa Rica.

Los productores de azúcar se defienden y dicen que detrás de las alzas están factores que se escapan de su control y que tienen a esta industria en una gran encrucijada. Según Luis Fernando Londoño, presidente de Asocaña, uno de ellos fueron las lluvias torrenciales de mayo que afectaron la producción, que cayó 30 por ciento frente a abril. En ese mes se produjeron alrededor de 106.000 toneladas de azúcar, cuando el promedio mensual es de 150.000 toneladas.

El otro factor es el comportamiento de las cotizaciones internacionales de azúcar blanca y azúcar cruda, debido a las menores cosechas en los principales países productores del planeta. En Brasil, el mayor productor y exportador de azúcar, hubo una reducción en sus cultivos inicialmente por la fuerte sequía y después por la dura temporada de lluvias que afectó la cosecha. En India, la sequía disminuyó en 3 millones de toneladas la producción y en Tailandia bajó en otro millón de toneladas. Esto llevó a que el precio de la tonelada de azúcar blanca en los mercados internacionales pasara de menos de 400 dólares a 568 dólares, el precio más alto desde octubre de 2012.

Y como si fuera poco, al azúcar le cayó la ‘roya’ con el paro camionero. Londoño dice que en las últimas semanas se llegaron a acumular cerca de 90.000 toneladas del producto en bodegas de los principales ingenios y en el puerto de Buenaventura, lo que ejerció una presión adicional en los precios.

“La situación de este sector agroindustiral es muy crítica. El azúcar se está despachando a cuentagotas”, dice el dirigente gremial, quien sostiene que incluso varias de las grandes empresas productoras de bebidas y golosinas están teniendo problemas para disponer del producto por la falta de tractomulas para su transporte.

Por eso insiste en que en la actual coyuntura no tiene ningún sentido modificar el Sistema Andino de Franjas de Precios ni el arancel, que ya de por sí está en niveles muy bajos. En el caso de las importaciones provenientes de Brasil, se encuentra en 19 por ciento, para los países del área andina en cero y para otros diferentes a esta región en 22 por ciento.

“El arancel no tiene nada que ver con el desabastecimiento ni con los precios. La medida no resuelve nada en el corto plazo, pero en el largo plazo, cuando haya precios muy bajos en el mercado mundial, sí puede afectar de manera grave a la agroindustria y a todo el suroccidente”, afirma el dirigente gremial.

La franja de precios es un mecanismo que permite que cuando las cotizaciones internacionales estén muy elevadas, baje el arancel para defender al consumidor, y cuando bajan los precios sube el arancel para evitar que se afecte la producción local con grandes importaciones. Por ejemplo, en octubre del año pasado, cuando las cotizaciones internacionales cayeron a niveles de 370 dólares la tonelada, el arancel subió al 98 por ciento. Ahora que el precio internacional está por encima de los 560 dólares la tonelada, el arancel se encuentra por debajo del 20 por ciento .

Dilema mayor

Paradójicamente, en esta ocasión, los industriales, a través de la seccional de la Andi en el Valle, coinciden con los azucareros y piden mantener los actuales niveles del arancel para “evitar que se menoscabe la sostenibilidad de esta agroindustria cuando la coyuntura sea distinta a la actual”. Procaña, que reúne a los productores y proveedores, dice, por su parte, que una nueva baja en los impuestos a las importaciones inundaría el mercado colombiano con azúcar barata cuando caigan los precios internacionales o disminuya la tasa de cambio, con lo cual se afectaría el empleo de uno de los sectores económicos más importantes para el Valle del Cauca.

Sin embargo, hay que señalar que las importaciones de azúcar han bajado en los últimos años. Mientras en 2012 llegaron a 306.000 toneladas, el año pasado apenas ingresaron al país 61.700 toneladas, es decir, menos del 3 por ciento de la producción total de 2,3 millones de toneladas. Las exportaciones, por el contrario, se mantienen dinámicas. El año pasado se vendieron en los mercados internacionales 725.000 toneladas. Después del café, las flores y el banano, es la agroindustria que más divisas le genera al país, y una de las que se ha visto favorecida con la devaluación.

La ministra de Comercio, María Claudia Lacouture, dice que el gobierno está analizando todos los factores que inciden en el alza de los precios del azúcar y no ha tomado ninguna decisión todavía. “Cualquier medida que se adopte tendrá en cuenta el beneficio común”, dice Lacouture, quien señala que el compromiso es mantener los mecanismos de protección, pero sobre la base de revisarlos constantemente para evitar impactos negativos en los consumidores y los productores de alimentos procesados.

La funcionaria afirmó que la disminución del arancel no ha impactado la producción ni los puestos de trabajo del sector azucarero y panelero, y que, por el contrario, el empleo entre julio del año pasado y febrero de este año aumentó 4,3 por ciento.

Los cañicultores están a la expectativa de las medidas que tomará el gobierno, pero esperan que no vayan en contra de una industria que tiene una gran apuesta no solo en la producción de azúcar sino de biocombustibles, donde es el tercer fabricante de América Latina. Pero los consumidores también esperan que no los dejen pagando precios altos por un producto de primera necesidad.

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