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| 5/28/2001 12:00:00 AM

Prenda su libro

El libro electrónico y la tecnología digital le están cambiando la cara a la industria editorial.

En marzo del año pasado Stephen King, el popular autor de novelas de terror, decidió publicar su más reciente libro, titulado Riding the Bullet, exclusivamente por Internet. Fue un auténtico thriller, aunque no tanto para los lectores habituados a sus historias de espanto como para los impresores. Veinticuatro horas después del lanzamiento virtual 400.000 cibernautas habían bajado el texto y King parecía haber logrado una verdadera hazaña económica: establecer un contacto directo con el cliente que permitiría saltarse la costosa cadena de editores, impresores y distribuidores.

Meses después quedó claro que buena parte del éxito de este experimento era pura novelería. The Plant, la segunda aventura virtual de King, tuvo una acogida mucho menor. Pero, de todas maneras, estos intentos llamaron la atención sobre las posibilidades reales que tienen las nuevas tecnologías de revolucionar la industria editorial. Y es que en este sector se avecinan grandes cambios, los que ocurrirán al ritmo de inventos verdaderamente asombrosos.

Acaban de inventar el papel digital, que es una especie de pantalla electrónica flexible como una hoja de cartulina (ver recuadro). De otro lado, ya se están empezando a ver en la calle artefactos como el llamado ebook o libro electrónico —se han vendido cerca de 50.000 en el mundo—. Se trata de un aparato con una pantalla que simula la página de un libro y una memoria que permite almacenar muchas obras a la vez. Sus promotores afirman que, con los nuevos perfeccionamientos de la calidad de la imagen, pronto será tan cómodo leer en este aparato como en un libro de verdad. Su principal inconveniente es que, por ahora, sigue siendo relativamente caro —cerca de 300 dólares— y no hay muchos títulos disponibles.

En todo caso la incipiente incursión del ebook y la eventual desaparición del papel ha bastado para generar un debate apasionado. Hay mucho sentimentalismo de parte de los bibliófilos, que siguen apegados al libro físico, a su forma y su textura, que temen por su desaparición. Esta actitud contrasta con el entusiasmo exagerado de los gomosos de la tecnología, para quienes el triunfo definitivo de las pantallas está a la vuelta de la esquina.

En medio de los dos están los editores, quienes esperan con pragmatismo la decisión de los lectores, que son los que tienen la última palabra. “El ebook es un camino inevitable por seguir. En eso estamos”, dice Gabriel Iriarte, editor de Planeta. Sin embargo nadie en la industria editorial ve la desaparición del libro tradicional como algo cercano. “El papel seguirá siendo el rey por mucho tiempo, dice Gonzalo Arboleda, presidente de la Cámara Colombiana del Libro. Solamente por allá en 2015 el libro electrónico tendrá una penetración del 15 por ciento, según un estudio de la Unesco”, añade.

Visto así, el ebook no parece una amenaza inmediata para la industria gráfica y editorial. No obstante todo depende del tipo de libro. En el caso de las obras literarias el ejemplar impreso seguirá vigente por mucho tiempo —incluso hay quienes dicen que nunca desaparecerá—. En cambio para las obras de consulta —como enciclopedias y códigos— o para las publicaciones cuyo contenido se debe actualizar permanentemente —como los directorios— el formato electrónico ofrece enormes ventajas —como la búsqueda automática— y se está imponiendo con rapidez.



Profecia incumplida

Hace 10 años Bill Gates predijo que, con la llegada de la era digital, pronto desaparecería el papel. “Irónicamente, hoy en día se venden grandes cantidades de libros sobre Internet, impresos en papel”, señala Moisés Melo, editor de la línea de literatura y ensayo en Norma. Lo que ocurre es que las nuevas tecnologías, al mismo tiempo que desplazan la letra impresa, están contribuyendo al desarrollo del libro en papel.

La tendencia más novedosa en la industria gráfica es la ‘impresión bajo demanda’. Para esto se utilizan unas imprentas que se asemejan a una fotocopiadora grande, anexa a un computador, que almacena la información de los libros. A diferencia de las técnicas tradicionales, que requieren grandes tirajes para ser rentables, estas máquinas pueden imprimir uno, o un millón de ejemplares, al mismo costo por unidad.

Las ventajas son muchas. Los editores pueden imprimir los libros a medida que reciben los pedidos, quitándose de encima el manejo de inventarios que es tan costoso. De otro lado, se vuelven viables los libros de bajo tiraje, lo cual amplía y diversifica la oferta. Además se podrá ahorrar parte del transporte, como de hecho lo está haciendo la empresa colombiana Cargraphics, que es pionera en este campo. En vez de exportar los libros a México esta firma los manda por vía electrónica y los imprime allá con una importante ganancia en competitividad.

Pero quizás la mayor ventaja de esta tecnología es que permitirá hacer libros ‘a la medida’. Los profesores universitarios podrán, en unos años, ensamblar los libros de texto a su gusto, ganándole mercado a las fotocopias. Así mismo los consumidores podrán mandar a hacer libros de viajes según su itinerario y presupuesto, o de cocina según sus gustos, por ejemplo. La impresión bajo demanda todavía es una tendencia incipiente y aún falta un poco para que se masifique y termine de desarrollar. Pero todos coinciden en que transformará la industria y le dará un segundo aire al libro impreso en papel.

La tecnología digital, Internet y el libro electrónico le están cambiando la cara a la industria del libro. Frente a estas nuevas realidades el rol de las editoriales ya no será el mismo. Aunque algunos autores reconocidos posiblemente logren saltarse a sus editores, estos últimos seguirán siendo necesarios. Harán un trabajo de selección y sus sellos editoriales orientarán a los lectores agobiados por una oferta literaria prácticamente infinita. Los editores se convertirán en ‘generadores de contenido’ para ser distribuido por cualquier medio —físico o electrónico—.

Las editoriales nacionales, que por estos días se reúnen en la Feria del Libro, pasan por un buen momento. Aunque los colombianos tan sólo compran medio libro per cápita al año, las exportaciones le han dado dinamismo a estas empresas. Y aunque las industrias gráficas y editorial del país tienen talla mundial son muy grandes los retos tecnológicos que deberán enfrentar. Ya no están tan lejanos los días en que, como dijo Umberto Eco, se subirá un pasajero al avión y las azafatas le pedirán que apague su libro.
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