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| 6/2/2012 12:00:00 AM

Pulsos ministeriales

Pesos pesados del gabinete ministerial miden fuerzas para defender sus propuestas y políticas. Se ven fuertes rifirrafes. ¿Hay descoordinación en el interior del gobierno?

Es normal que los ministros tengan diferencias en el gobierno, pues cada uno busca defender al sector que representa. Sin embargo, en recientes episodios se ha visto que en el actual equipo ministerial del presidente Juan Manuel Santos hay discrepancias muy fuertes que hacen pensar que falta mayor coordinación en tesis y programas.

Las diferencias entre los ministerios de Hacienda y Vivienda por la ley que busca entregar 100.000 casas gratis a los colombianos más pobres es un buen ejemplo. En el trámite del proyecto, mientras el ministro de Vivienda Germán Vargas Lleras sostuvo que esta no es una política coyuntural, sino la etapa inicial de un programa mucho más ambicioso de largo aliento, el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, en una carta a las comisiones séptimas de Senado y Cámara, advierte que debe ser un plan de choque y no permanente. Afirma que, "al tratarse de una política cuyos beneficiarios son transitorios", el programa debe ser coyuntural y limitar su alcance, porque "esto permite que en su costo no exceda la capacidad fiscal del Estado".

Esa discrepancia indicaría que faltó comunicación entre las dos carteras antes de llevar la iniciativa al Legislativo. Hacienda hizo las cuentas para financiar este programa sobre la base de que se entregarían máximo 100.000 viviendas. Otra cosa es plantear la propuesta como un instrumento permanente para solucionar el déficit habitacional del país, que asciende a 1.500.000 hogares.

Al final, la tesis de Vargas Lleras se impuso en las comisiones frente a la de Echeverry y el proyecto está listo para seguir su trámite en las plenarias de Senado y Cámara hasta convertirse en ley de la república.

Sin duda, en este caso están midiendo fuerzas dos pesos pesados del gabinete. Por un lado, Vargas Lleras es un político de muchos quilates, con claras aspiraciones presidenciales, que ahora está al frente de una de las llamadas carteras del gasto. Sabe que 100.000 viviendas gratis le pueden dar réditos políticos muy significativos en el futuro. El problema es que, como dice el exministro de Hacienda Rudolf Hommes, los políticos prometen cosas y ven el presupuesto como una olla sin fondo.

Por el otro lado, Echeverry es un tecnócrata que hace el papel del 'doctor no', pues tiene que ponerle freno a las peticiones desmedidas de gasto de sus colegas. Le toca conseguir la plata y sabe que es escasa. Algunos analistas dicen que Echeverry ya cedió suficiente al aceptar financiar un plan de vivienda gratis, como para ahora convertir esta política en algo permanente. Si bien las políticas sociales de choque están previstas en la regla fiscal y en el principio de sostenibilidad que aprobó el Congreso, las cosas se pueden complicar en el futuro y lo temporal y limitado se puede volver progresivo, como ha sido la tesis que en varias ocasiones ha defendido la Corte Constitucional. ¿Y después quién desmonta un programa de estos?

Aunque en los mentideros políticos se diga que Echeverry sería la gran carta del Partido Conservador para los comicios de 2014, ahora su responsabilidad es mantener sanas las finanzas públicas.

Pero este no es el único roce ministerial reciente. Al ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, seguramente le sorprendió que en el paquete de las 100.000 viviendas gratis, anunciadas con bombos y platillos por su colega Vargas Lleras, no se hubiera hecho expresa alusión al campo. A los pocos días de lanzado este plan para las ciudades, el Ministerio de Agricultura presentó su propio megaplán para entregar otras 100.000 casas para el campo.

Aunque en Colombia la política de vivienda rural es del resorte del ministro de Agricultura, lo lógico sería que ambos ministros hubieran coordinado los dos programas, lo que claramente no sucedió. "No debería haber una política de vivienda para la ciudad y una para el campo", dice el exministro de Comercio Jorge Humberto Botero.

En una lectura suspicaz, algunos entendieron que esta aparente descoor-dinación y la reacción del ministro de Agricultura son producto de las tensas relaciones que de tiempo atrás tienen Restrepo y Vargas. El último episodio de este pulso se presentó a raíz del trámite de las consultas previas que requieren algunas leyes. Restrepo afirmó que había demoras en esas consultas y que esto tenía traumatizada la buena marcha de la agenda legislativa. Vargas respondió que había falta de rigor en el Ministerio de Agricultura por la demora en presentar los proyectos que debían ser consultados.

El ministro de Agricultura tenía razones para esperar que el campo fuera incluido en el plan de vivienda. Como él mismo dice, es mayor el déficit de vivienda rural que el urbano y es más barato solucionar el primero que el segundo. Con lo que cuesta construir una vivienda de interés social urbana se hace el mejoramiento (piso, techo y unidad sanitaria) de ocho viviendas rurales. "En lo rural no hay ni escasez ni alto costo de la tierra", dice Restrepo. Al final, logró que en el proyecto de ley que se discute en el Congreso se incorporara un capítulo nuevo sobre la vivienda rural.

Hay que reconocer que peleas entre los miembros del gabinete se dan en todos los gobiernos y que son usuales los choques con el ministro de Hacienda, que siempre termina siendo el aguafiestas de los que quieren gastar.

La diferencia ahora es que los pulsos que sostienen algunos miembros del equipo ministerial de Santos son de gran calibre. Este grupo tiene la particularidad de tener más de una figura de talla presidencial y estar conformado por prestigiosos economistas. Acá la lucha de poderes es mucho más dura.

En este sentido, Echeverri no solo ha tenido que lidiar con el apetito de gasto del gabinete, sino también manejar con sutileza a sus ilustres colegas que, en más de una ocasión, han comprometido con sus tesis la posición del gobierno.

Es el caso del ministro de Minas y Energía, Mauricio Cárdenas, reconocido como uno de los mejores economistas del país, que ha sostenido desde que llegó al gobierno la idea de propiciar una baja en el precio de la gasolina por la vía de menores impuestos. Llegó incluso a estimar una reducción sustancial de 1.000 pesos, pero claramente su colega de Hacienda, sin entrar en abierta confrontación con su colega, se ha opuesto a esta posibilidad.

Y a Echeverry le ha tocado capotear en otros ruedos. Restrepo, que no olvida sus tiempos de ministro de Hacienda, le da garrote a la Junta Directiva del Banco de la República -que preside el ministro de las finanzas- por lo que considera su poca actividad para contener la revaluación del peso, un fenómeno que afecta en buena medida al sector agropecuario. Para algunos analistas es incómodo que desde el Ejecutivo se presione al Emisor, que goza de independencia.

Los roces entre Echeverry y Germán Cardona, que acaba de dejar la cartera de Transporte, fueron también notorios y muy duros. El primero, cuidando cada centavo y el segundo, demandando recursos para ponerle más combustible a la locomotora de la infraestructura.

Ahora bien, en estas tensiones naturales que se presentan en la cúpula del poder, sobre todo cuando tiene gran formación académica, ha faltado quizá más coordinación del Palacio de Nariño y línea del presidente. El caso de la política de vivienda es el ejemplo más palpable. Varios congresistas han afirmado que no se ve una articulación en el gobierno y pidieron que sincronicen sus tesis y programas.

El presidente es quien debe dirimir las diferencias. El estilo de liderazgo de Santos, caracterizado por ser estratégico, pausado y de delegación en un equipo competente, no ayuda a resolver los pulsos de poder en el gobierno. Por eso al este le va a tocar lavar la ropa sucia en casa y, en caso contrario, le tocará al primer mandatario jalarle más las orejas a su gabinete.
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