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| 1/7/2012 12:00:00 AM

¡Qué lío!

La justicia ecuatoriana ratificó un millonario fallo contra Chevron. El pleito parece de película. La petrolera dice que se opondrá a cualquier intento de ejecutar la sentencia.

Chevron, una de las mayores petroleras del mundo, y un grupo de indígenas ecuatorianos, sostienen desde hace 18 años una dura disputa por acusaciones sobre daños sociales y ambientales en la región amazónica del Ecuador.

El pleito, el más cuantioso en ese país, tuvo su más reciente episodio la semana pasada cuando la Corte Provincial de Justicia de la provincia de Sucumbíos (Ecuador) ratificó la sentencia que había impuesto en febrero de 2011, y que implica una multa de 9.510 millones de dólares a la compañía estadounidense.

El caso ha tenido amplia difusión en todo el mundo por la pretensión de la demanda, y por sus excepcionales dimensiones legales. No se trata de una disputa más entre una compañía que explota recursos naturales y las comunidades que se sienten afectadas. Para comenzar, Chevron nunca ha realizado actividades de producción de petróleo en Ecuador. Está involucrada en este rollo porque en el año 2001 adquirió al gigante Texaco que sí había tenido operaciones en territorio ecuatoriano hasta 1992, cuando abandonó el país.

En 1993, un grupo de ecuatorianos entabló una demanda por el supuesto delito ecológico contra Texaco por sus operaciones entre 1964 y 1990. Se la acusó de no haber aplicado medidas suficientes en las áreas petroleras de la Amazonia lo que, según los demandantes, ha generado muertes por cáncer en la población. Texaco operó en consorcio con la estatal Petroecuador. La demanda se había instaurado ante tribunales de Nueva York, que la desecharon, hasta que recayó en la Corte de Sucumbíos, que tardó años en dictar la sentencia.

Para la petrolera estadounidense este tema se había resuelto cuando Texaco, al salir de Ecuador, acordó dar una compensación ecológica proporcional a su participación en el consorcio: un poco más de un tercio del daño identificado en esa época. Según esto, desde 1995 hasta 1998, Texaco se encargó de la parte que le correspondía y fue liberado de toda futura responsabilidad ambiental por el propio Estado ecuatoriano.

Pero es claro que no ha sido así para la Corte de Sucumbíos, que en mayo de 2003 comenzó el juicio cuya sentencia se acaba de conocer. Según el juez, si la petrolera se niega a disculparse por los daños ambientales, tendrá que pagar un adicional de 8.600 millones de dólares sobre los cerca de 9.500 millones a que fue condenada. Es decir, el pago se elevaría a 18.000 millones de dólares (cerca del 30 por ciento del PIB ecuatoriano).

Analistas creen que la cifra se sale de toda realidad y aunque Chevron no tiene actividades en Ecuador, los demandantes aseguraron que interpondrán recursos jurídicos en diferentes continentes y países para que la empresa pague. El abogado de los demandantes, Pablo Fajardo, en rueda de prensa dijo que "no vamos a perdonar un solo centavo de Chevron en esta batalla. Hay convenios internacionales que permiten ejecutar sentencias en otros países. Podría ser embargo, retención de activos, intervención o congelamiento de cuentas, incautación de refinerías", dijo.

Por su parte, Chevron dijo que no considera que la sentencia sea ejecutable en ninguna corte que respete el Estado de derecho. "La compañía no cejará en su intento por hacer que los responsables de este fraude asuman su responsabilidad", afirmó en un comunicado.

La petrolera anunció que proseguirá con las demandas de arbitraje entabladas en contra del Ecuador y de los demandantes y sus representantes. Además señaló que se opondrá a cualquier intento por ejecutar la sentencia y buscará que se castigue con toda la fuerza de la ley a cualquiera que intente aplicarla en otra jurisdicción.

Lo cierto es que mientras Chevron dice que este es un claro ejemplo de la politización y corrupción del poder judicial en Ecuador, los demandantes celebran el triunfo. Hasta el presidente Rafael Correa, quien ha expresado su apoyo público a las comunidades, señaló que está muy contento por el nuevo triunfo de los indígenas contra una petrolera.
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