Viernes, 29 de agosto de 2014

La semana pasada el presidente Juan Manuel Santos posesionó a la nueva directora del DNP Tatyana Orozco. Es la tercera jefe que tiene esta entidad en lo que va de este gobierno. En el plan de choque lanzado la semana pasada, en el marco del Pacto Agrario, Planeación participó en el paquete de decretos anunciados para el campo.

| 2013/09/14 04:00

¿Qué pasa con Planeación Nacional?

La entidad pierde protagonismo y liderazgo. Tras su ausencia en los grandes debates del agro y la industria, ¿es hora de repensar su rol?

Desde hace varios años, la tecnocracia económica del país e incluso muchos otros protagonistas de la vida pública están preocupados por la suerte del Departamento Nacional de Planeación (DNP), una de las instituciones más importantes que ha creado Colombia. La entidad ha venido perdiendo protagonismo técnico y se ha debilitado en su papel de planificador de largo plazo.


Hay varios hechos que muestran que Planeación ya no tiene el peso ni el liderazgo de antes y que su injerencia en el diseño de las políticas públicas se ha erosionado con los años. Esto ha quedado en evidencia especialmente en los últimos grandes debates económicos que se han dado en el país, donde la entidad ha brillado por su ausencia. 


En la actual crisis del campo, por ejemplo, cuando se habla de la necesidad de diseñar una política agraria de Estado y un modelo de agricultura moderno para el largo plazo, se añora el aporte del DNP como institución que reflexiona y traza los lineamientos de las políticas públicas. Esta, paradójicamente, ha sido una de las áreas más estudiadas por Planeación en el pasado.


Igual ha sucedido con el debate en torno al proceso de desindustrialización que se observa desde hace varios años en el país. Dado el carácter técnico de Planeación se esperaría que fuera una especie de guía o faro de lo que debería ser el horizonte de mediano y largo plazo en materia industrial.


Otro hecho que ha llamado la atención, frente al rol de esta entidad, es el poco seguimiento que se le viene haciendo al Plan Nacional de Desarrollo, que contiene el programa de gobierno con el cual fue elegido el presidente de la República. Esta labor de monitoreo le compete al DNP para que la carta de navegación, donde se fijan metas y prioridades, no se quede en el papel. “Esta es una función extremadamente importante de Planeación” dice el exjefe de esta entidad, José Antonio Ocampo.


En esta función algo tiene que estar fallando, porque muchos de los temas que estuvieron en el corazón del reciente paro agropecuario, como la baja rentabilidad por los costos de los fertilizantes, los plaguicidas y las semillas o los obstáculos en la cadena de comercialización, estaban plasmados claramente en el Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014 ‘Prosperidad para Todos’. 


Allí se hizo un diagnóstico muy bien elaborado sobre los problemas que vienen afectando al sector agropecuario y se fijaron propuestas con las que se podrían romper los cuellos de botella en los siguientes años. No se hizo nada al respecto y la crisis estalló en las manos.


Esto significa que no se le ha hecho seguimiento ni a los problemas ni a las soluciones que quedaron consignadas en el plan, algo preocupante porque quiere decir que lo allí planteado se quedó en letra muerta. Planeación es la entidad llamada a decirle al presidente de la República si los ministerios están cumpliendo con lo propuesto en el Plan.


Ahora bien, aunque el desempeño de Planeación Nacional no es una preocupación nueva, sí ha venido aumentando en este gobierno. Y la razón es que la entidad se ha concentrado en el manejo de las regalías, una tarea titánica y de enorme responsabilidad, pero que le ha copado toda su atención, en desmedro del resto de funciones.  


La entidad se ha dedicado en los últimos tiempos a estudiar y viabilizar proyectos de alto impacto regional –una tarea sin duda crucial–, pero que le ha cambiado su centro de gravedad en su misión para el país. Carlos Caballero Argáez, director de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, dijo en su columna en El Tiempo que uno de los problemas graves de Colombia es que no se piensa en el futuro. “El Departamento Nacional de Planeación dejó de cumplir su función y se convirtió en una Superintendencia de Regalías”.


También lo piensa el director de Fedesarrollo, Leonardo Villar, para quien el DNP se ha desdibujado en su función tradicional de pensar el largo plazo: “Y no porque no tenga los funcionarios capacitados, sino porque está embebido en las regalías, para lo cual, tal vez, no es la entidad más adecuada”.


Ahora bien, hay que reconocer que como hay una nueva realidad política y económica con el nuevo sistema de distribución de las regalías, Planeación ha tenido que dedicar casi todo su tiempo a este desafío y ha puesto a todos sus técnicos y especialistas –incluso de otras áreas– a viajar por todo el país para apoyar a los Ocads (Órganos Colegiados de Administración y Decisión) mediante los cuales se asegura la correcta inversión de los recursos de regalías. 


Esto, ni más ni menos, quiere decir que los proyectos se ejecuten y no se embolsillen la plata en el camino, que es lo que venía ocurriendo en el pasado.  


El director saliente de la entidad, Mauricio Santamaría, rechaza los comentarios de varios de sus colegas y afirma que la prioridad del país en este momento ha sido que el Sistema General de Regalías funcione bien. “Eso es largo plazo. Eso es planear, y además Planeación tenía la responsabilidad histórica con el país y con el gobierno –y el presidente Santos la tenía– de que el Sistema de Regalías funcionara bien”.


El problema es que la tarea no ha dado los resultados esperados. Un informe de la Anif señala que “los llamados Ocads están plagados de instancias burocráticas, donde solo recientemente el gobierno se dio cuenta de la importancia de priorizar los proyectos, adoptando tardíamente su poder de veto”.


Otro asunto que ha llamado la atención es el nombramiento que acaba de hacer el presidente Santos para reemplazar a Mauricio Santamaría . La designación de Tatyana Orozco fue una sorpresa, pues esta es una posición que históricamente ha estado reservada para las más reconocidas figuras de la tecnocracia económica.


Ante la evidencia de que el país está frente a un nuevo DNP, sería importante hacer una reflexión sobre cuál es el papel que debe desempeñar en el futuro. No es un debate menor. Planeación, junto con el Banco de la República y el Ministerio de Hacienda, conforma el triángulo de la institucionalidad económica del país.


En este debate hay opiniones diversas, desde las extremas que piensan que se debería fusionar Planeación Nacional con el Ministerio de Hacienda hasta las que creen que hay que repotenciar al DNP para que vuelva a ser el supraministerio que fue en el pasado. 


José Antonio Ocampo, quien ocupó los dos cargos, dice que sería un grave error acabar con Planeación. Dice que es muy importante que haya equilibrio en las diferentes posiciones en materia económica. “Cada elemento de ese triángulo de la institucionalidad económica cumple una función esencial, sería gravísimo acabar con Planeación o debilitarlo, que es lo que creo está aconteciendo”.


En esta controversia, algunos han sugerido pasarle al Ministerio de Hacienda la distribución de la inversión pública del presupuesto, una tarea que tiene Planeación. Sin embargo, esta propuesta  tiene grandes contradictores. Daniel Castellanos, un economista que ha pasado por varias posiciones en Planeación Nacional, dice que eso sería como quitarle los dientes y debilitar aún más la entidad.


La gran paradoja es que nunca como ahora el país ha necesitado una entidad en el Estado que piense en los grandes temas estratégicos y en cuáles deben ser las políticas para resolverlos. Planeación Nacional es la entidad llamada a romper paradigmas, a determinar si el modelo económico está fallando o no y a pensar cuáles son los ajustes y las alertas que se deben encender en el camino para que el país avance.


Y todo esto pasa por una misión fundamental, que es generar mecanismos de atracción permanente del capital humano. Sergio Clavijo, director de la Anif, dice que de cara a los próximos 50 años el DNP tiene el reto de repatriar el capital humano de las multilaterales y convertirse en un verdadero consejo de asesores económicos, que tenga como tarea central coordinar las decisiones de política-interministerial.


En síntesis, nadie espera que Planeación sea la misma de hace 20 años, cuando Colombia era otra, pero la verdad es que el país sigue lleno de problemas sobre los que hay que pensar en el largo plazo. En el posconflicto, por ejemplo, jugará un papel clave. Por eso no se debería permitir que el escenario de paz coja debilitada a Planeación porque el que pierde es el país entero.

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