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| 5/21/2011 12:00:00 AM

Qué pasa en el cooperativismo…

La intervención de SaludCoop y las denuncias contra las cooperativas de trabajo asociado son un duro golpe para el sector de la economía solidaria. ¿Sucede algo con este modelo social del capitalismo?

En las últimas semanas, las noticias que tienen que ver con el sector cooperativo colombiano han causado mucho ruido. La Superintendencia de Salud ordenó intervenir a SaludCoop, la primera EPS del país y una de las cooperativas más grandes de Colombia, y retiró a su presidente, Carlos Gustavo Palacino, uno de los principales exponentes del cooperativismo en el país. Una decisión tan drástica del Estado no se había visto sino en escándalos tan sonados como el de los Nule o la crisis financiera de 1999.

Dentro de este caos de la salud también resultó salpicada otra de las más grandes cooperativas del país: Coomeva. La Superintendencia de Industria y Comercio la incluyó en las investigaciones que adelanta por la existencia de un supuesto cartel que habrían conformado las 14 EPS agremiadas en la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (Acemi). Así mismo, dentro de las investigaciones que la Fiscalía adelanta por la existencia de un cartel de recobros en el Fosyga, Coomeva es una de las EPS a las cuales les fueron aprobados recobros de manera indebida.

No menos graves han sido las acusaciones del vicepresidente de la República, Angelino Garzón, contra las Cooperativas de Trabajo Asociado (CTA), que hoy están en la picota pública. Según el vicepresidente, las CTA son el mejor símbolo de la sobreexplotación de los trabajadores y las calificó de violadoras de los derechos laborales.

Aunque se trata de casos puntuales y de circunstancias diferentes, los hechos podrían terminar afectando a todo el sistema de la economía solidaria, que ya vivió momentos muy amargos hace 13 años, cuando el sector financiero cooperativo enfrentó la peor crisis de su historia. Según Fogafín, para 1998 se habían liquidado 49 cooperativas financieras; intervenido, 9; cerrado 700 oficinas o sucursales y se llegó a la desaparición de los tres bancos de naturaleza cooperativa que tenía el país.

El lado bueno de ese episodio del pasado es que esa crisis se superó y dejó grandes lecciones para todos, incluso para el gobierno, que creó la Superintendencia de Economía Solidaria y otras entidades, para tratar de subsanar todas las deficiencias de regulación y supervisión que salieron a flote en los años tan difíciles de la década del noventa.

El asunto es que hoy algunos están preocupados porque el sector podría volver a ser víctima de la desconfianza generalizada y de la mala prensa, y temen que sea todo el modelo empresarial solidario el que termine puesto en la picota pública.

La semana pasada, la Confederación de Cooperativas de Colombia (Confecoop) emitió un comunicado en defensa del sector. "El cooperativismo, como modelo empresarial, puede desarrollar legítimamente cualquier tipo de actividad, y cuenta con los elementos necesarios para fortalecerse y crecer sin alejarse de sus principios y valores", señaló. Su presidenta, Clemencia Dupont Cruz, reconoce que es un momento difícil para el sector, pero pide que no se estigmatice el modelo, que ha sido una alternativa de desarrollo y empleo en el país.

Aunque no se trata de satanizar a un sector porque atraviese dificultades, sí hay una serie de preocupaciones sobre las que vale la pena reflexionar.

1.  En primer lugar, hay fallas en la vigilancia del Estado y en el control que debería ejercer el propio cooperativismo.Como ocurre en muchas actividades, los particulares se aprovechan de la debilidad de la supervisión. En el escándalo de las Cooperativas de Trabajo Asociado se puso al descubierto que faltaron controles. En los últimos años estas cooperativas crecieron de forma desbordada -se estima que hay unas 4.000 en el país- y muchas de ellas violaron los derechos laborales de los asociados trabajadores. Alguien tenía que estar vigilante para evitar que se utilizara indebidamente el modelo cooperativo, como ha ocurrido, y para evitar que algunas empresas comerciales, en su afán de abaratar costos, impulsaran la creación de las CTA para saltarse los principios doctrinales del cooperativismo.

De tiempo atrás se le han hecho críticas a la forma como el Estado supervisa las cerca de 8.500 cooperativas que tiene el país. En primer lugar, porque no todas son vigiladas por la Superintendencia de Economía Solidaria, ni esta entidad tiene una estructura suficiente como para vigilar al centímetro tantas entidades. Tal como está diseñado el esquema, la vigilancia se diluye entre varias superintendencias, según la especialidad de las cooperativas. Así, hay unas vigiladas por la Superintendencia Financiera, por la de Salud, de Vigilancia o de Transporte. En estas empresas cooperativas no solo hay que estar al pie vigilando que se cumpla lo que ordena la ley en cada actividad económica, sino que se cumplan las normas y los ideales cooperativos.

2.  El segundo factor para tener en cuenta es que el cooperativismo necesita mejorar sus prácticas de buen gobierno. Por las características de este modelo, los gerentes llegan a tener mucho poder, y si bien los consejos de administración cumplen las funciones de las juntas directivas de las empresas comerciales, en algunos casos quienes integran estos cuerpos no están suficientemente preparados o en algunos otros se ponen al servicio de las directivas. Es necesario fortalecer los consejos de administración para que sean verdaderas instancias que acompañen a la gerencia.

El sector acepta que en esto tienen mucho camino por recorrer. El superintendente de Economía Solidaria, Enrique Valderrama, señala que con la Corporación Andina de Fomento (CAF) están montando una estrategia para desarrollar prácticas de buen gobierno en estas empresas.

3.  En tercer lugar, hay que reconocer que no es fácil para muchas empresas cooperativas, especialmente cuando adquieren un gran tamaño, capitalizarse, pues no pueden acudir al mercado público de valores como lo pueden hacer otras empresas. Esto a veces se vuelve una limitante para crecer en el mercado y de ello tienen que ser muy conscientes las cooperativas. Es necesario encontrar mecanismos que les permitan enfrentar las crisis momentáneas de liquidez.

Lo cierto es que el sector ha alcanzado un alto nivel de desarrollo en todo el mundo y ha mostrado que es una alternativa eficaz de los trabajadores para defenderse de las condiciones económicas y sociales. En Colombia, las entidades cooperativas asocian alrededor de cinco millones de personas. El sector cuenta con activos del orden de 24 billones de pesos, un patrimonio de más de 9 billones e ingresos por 27 billones de pesos. Estos últimos representan el 5,2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Ojalá que este sacudón de los últimos días sirva de lección y de autoexamen para que el cooperativismo en Colombia recobre la importancia que, como modelo de economía social, ha tenido en el país y ha alcanzado en otras partes del mundo.
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