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| 5/16/1983 12:00:00 AM

QUE TUMBO A FABRICATO

Manejos poco ortodoxos, sumados a una situación de recesión mundial, llevaron a Fabricato a declararse en concordato de acreedores.

El martes 12 de abril los colombianos con tristeza escucharon que Fabricato, uno de los estandartes de la industria nacional, se había visto abocada a declararse en concordato de acreedores en un último intento por sobrevivir. La historia de la gran textilera es sencilla: fueron 57 largos años de esfuerzos para forjar una gran empresa y dos cortos años de absurdos para lanzarla a pique.
No se necesitan sofisticados y confusos análisis económicos para describir la gravedad de la situación. Las cifras hablan por sí mismas: La deuda total asciende a 8 mil 800 millones de pesos; la deuda financiera suma 4 mil 800 millones; los intereses por esta deuda llegan a los 1680 millones anuales, lo que equivale a 4.7 millones diarios; las acciones que hace dos años costaban 32.50, hoy no se logran vender por más de $ 7.50; el aumento de los costos laborales en 1983 se calcula en mil millones; el 50% de los equipos están parados por falta de demanda y capital de trabajo; en dos años la fuerza laboral se ha reducido en un 32%, pasando de 8 mil 700 a 5 mil 900 empleados; sólo se tiene algodón para trabajar diez días, porque el resto del stock está ignorado; desde hace tres meses la banca privada le cerró por completo las puertas a Fabricato.
Carlos Alberto Robles, actual presidente de Fabricato, declaró a SEMANA que sería erróneo y facilista inculpar de la totalidad de la crisis actual a una sola persona o grupo, ya que la crítica coyuntura internacional por la cual atraviesa el sector textil es conocida por todos. Pero el alto ejecutivo agregó que indudablemente "el desmanejo llevado a cabo por el Grupo Colombia en Fabricato fue factor fundamental en la aceleración y agigantamiento de la crisis".
El dominio del grupo encabezado por Félix Correa se dio en 1981 año en el cual logró el control total de la junta directiva de la empresa. Pero la historia de este dominio aún presenta algunas facetas bastante oscuras.
Hasta finales de la década del 70, Fabricato era una sociedad anónima abierta, donde ningún accionista poseía un paquete que se acercara al 10% del total de las acciones. Hasta esa época, la empresa fue manejada con un criterio conservador por una junta directiva cuya función era la de I sentar pautas de planificación industrial y no de especulación financiera, que fue a lo que posteriormente se dedicó.
A comienzos de los 80,un grupo encabezado por Aurelio Aguirre fue comprando acciones en la bolsa hasta llegar a poseer el 22% del total. Posteriormente, Félix Correa inició el mismo proceso y llegó en poco tiempo a poseer el 30% del total. Algunos industriales antioqueños creen que el grupo Aguirre tan sólo actuó como testaferro de Félix Correa. Segun declaraciones concedidas por Aurelio Aguirre a SEMANA, lo anterior es falso, ya que lo único que hubo entre el Grupo Colombia y el Grupo Aguirre fue una negociación para que éste último le vendiera sus acciones de Fabricato a Félix Correa.
Se realizó una promesa de venta en la cual Aguirre vendía las acciones a 40 pesos, después de haberlas comprado a un promedio de 32.50. Con la simple promesa y sin haber pagado fue como Félix Correa se "hizo dueño" de la totalidad de la junta directiva. Pero lo que hubiera podido ser una ganancia de cerca de 200 millones para el grupo Aguirre no se logró, porque antes de que Correa pagara un solo peso, la mayor parte de sus negocios fueron intervenidos por el gobierno y Correa fue enviado a la cárcel.
Sin embargo, antes de que el gobierno interviniera el grupo Colombia, su presidente alcanzó a efectuar un sinnúmero de operaciones altamente perjudiciales para Fabricato.
Correa, según informó a SEMANA el doctor Robles, obligó a Fabricato a vender a precios muy bajos acciones que la textilera tenía en el Banco Industrial Colombiano y en Suramericana, a filiales del grupo Colombia.
La pérdida por esta operación se estima en 457 millones de pesos. Frecuentemente se obligaba a Fabricato a aceptar créditos con altos intereses otorgados por Corfiantioquia, empresa de Correa, y al día siguiente girar un cheque por el mismo valor, para la compra de acciones en el Banco Nacional. Actualmente, el valor de estas acciones es insignificante. Las pérdidas por este concepto suman alrededor de 137 millones.
Pese a que Fabricato contaba con un número más que suficiente de oficinas, Correa obligó a la empresa a comprar diez pisos en el edificio Furatena, a un precio de 80 mil pesos el metro cuadrado. Hoy, dos años después, el metro cuadrado apenas si alcanza a los 60 mil. Esta era una operación de 187 millones pero, afortunadamente para la textilera, sólo se alcanzaron a pagar 37 millones. Fabricato sólo ha tenido una huelga durante sus 60 años de existencia, la cual se presentó precisamente durante el manejo de Correa.
La huelga, según se dice, costó a Fabricato alrededor de 600 millones de pesos y se debió a un pésimo manejo laboral por parte de las directivas.
Como consecuencia del caótico manejo financiero y de la grave recesión que azota al pais, la declaratoria de concordato por parte de Fabricato estuvo lejos de constituir una sorpresa para los entendidos; lo único sorpresivo fue que no se hubiera producido antes.
Ahora, el intento de salvar la empresa apenas ha dado comienzo. La Superintendencia de Sociedades admitió la declaratoria del concordato, pero falta el paso fundamental, y es que los acreedores lo aprueben.
Un concordato, en términos muy generales, consiste en que una empresa se declara incapaz de continuar pagando cumplidamente sus obligaciones, por lo cual llama a sus acreedores para negociar fórmulas alternativas de mutuo beneficio. Una posible fórmula es cesar el pago de intereses por un determinado periodo; otra, es cesar tanto el pago de intereses como el de amortización de capital; una tercera es que los acreedores capitalicen se deuda en la empresa, convirtiéndose en accionistas de esta. Pero, existe también la posibilidad de que algunos acreedores no están dispuestos a negociar su deuda, es decir, no aceptan el con ordato. Si esta actitud es tomada por más del 25% de los acreedores, no se puede declarar concordato, quedando como única alternativa la liquidación total de la empresa.
En el caso de Fabricato parece que los acreedores, en su mayor parte la banca, están dispuestos a aceptarlo. Se especula que la fórmula por la cual se va a optar es la de cesión de pago de intereses. Esto implicaria para Fabricato un ahorro anual de S 1.680 millones de pesos, lo cual le permitiría contar con capital de trabajo suficiente para reactivar la empresa.
Sumado a esto, Fabricato está pidiéndole al gobierno créditos blandos (bajas tasas de interés y plazos largos) para sustituir los créditos que actualmente la ahorcan. Según explicaron los directivos de la empresa, los créditos hasta ahora otorgados por el gobierno han sido demasiado costosos, insuficientes e inútiles, ya que los intermediarios son básicamente los bancos privados que le tienen cerradas sus puertas a la textilera.
Otro problema que se le presenta a Fabricato en el corto plazo es que, de acuerdo a una convención firmada hace un año, a partir del 5 de abril de 1983 se debía hacer un reajuste salarial que le cuesta a la empresa mil millones de pesos al año. Indudablemente, Fabricato no cuenta con este dinero, y el sindicato hasta el presente se ha mostrado reacio a cambiar lo pactado en la convención.
También es importante tener en cuenta que si se acepta la cesación de pagos de interés a Fabricato, las otras grandes textileras quedarían en franca desventaja ya que sus pasivos financieros también son voluminosos y tendrían que seguir operando, pagando intereses sobre ellos; se rumora entonces la posibilidad de que otras textileras, Tejicóndor por ejemplo, entren en concordato.
Pese a todos los problemas que circundan la medida, tanto los industriales como el sector oficial consideran óptima la posición asumida por Fabricato. El doctor Robles declaró a SEMANA que, si todo sale por las vias normales, la empresa en dos años estará recuperada, y en cuatro o cinco años volverá a repartir dividendos.
Teniendo en cuenta que la banca ha asumido una actitud positiva ante el concordato y que el gobierno histórcamente ha ayudado de todas las formas posibles a las gigantes textileras, las declaraciones del doctor Robles parecen ajustarse bastante a la realidad. Por esto, los expertos financieros aconsejan a los pequeños accionistas no vender en este momento, ya que el precio muestra tendencia al alza.
Prueba de esto es que inmediatamente se declaró el concordato, el valor de la acción subió en veinte centavos.
Ahora, más allá de la solución o no solución del actual problema de Fabricato, entre los industriales antioqueños se ha ido formando un gran resentimiento contra grupos financieros que en pocos años, según ellos, destruyeron lo que los pioneros de la vieja guardia habían demorado medio siglo en forjar. (ver cuadro). Es probable que las empresas se recuperen pero seguramente no será de inmediato, y el daño hecho fue muy grande-
HABLA EL PATRIARCA
Don Gabriel Fernández Mejía habla con tristeza de la situación actual de Fabricato. Es difícil para un hombre que por espacio de 25 años fue miembro de la junta directiva de una de las empresas más serias y honorables del país, ver cómo manejos oscuros y desacertados estuvieron a punto de destruir gran parte de la labor de su vida. Los siguientes son apartes de un texto inédito cedido a SEMANA por el doctor Fernández, en el cual se tratan temas que permiten un mejor entendimiento de las razones que provocaron la crisis.
Nuestros antepasados, buscadores de oro, arrieros y comerciantes, en un esfuerzo tenaz y de aventura, jugaron los doblones de sus ahorros en la audaz empresa de crear industrias y fue asi como nacieron las fábricas, con sus chimeneas, sus sirenas que invitan al trabajo, sus máquinas, sus motores y sus miles de trabajadores.
La tenacidad y fe de estos hombres se vieron compensadas: habían creado una poderosa industria manutacturera, para beneficio de toda la nación, pues el antioqueño no ha sido egoista y siempre recibió con simpatia el aporte de capitales de otros Departamentos; asi lo demuestran nuestras sociedades anónimas esparcidas por todo el país.
Esta etapa de nuestro puebio es tan importante como la colonización, la construcción del ferrocarril de Antioquia y de la carretera al mar. Somos un pueblo colectivista, al decir del profesor López de Mesa, distinto al individualista de otras regiones.
Parece que este puebio ha perdido la tenacidad, la pujanza y la vitalidad para defenderse de la nueva clase especuladora; nos volvimos espectadores impotentes e indiferentes a los atropellos del gran capital.
En audaces golpes especulativos, ciertos grupos financieros se han apoderado de la riqueza antioqueña, representada en las empresas, creada por una raza emprendedora y audaz. Estos grupos no han corrido ningún riesgo, no han fundado nada; no han aumentado el empleo; son usufructuarios del esfuerzo de un pueblo emprendedor y tesonero; los riesgos los corrieron nuestros antepasados inmediatos que invirtieron sus ahorros en esta aventura.
La exagerada concentración de la riqueza en tan pocos y poderosos grupos, en un pais de tremendo desequilibrio económico, perturba el orden social poniendo en peligro la tranquilidad, porque ensancha dañinamente la desigualdad. El pequeño inversionista va siendo atrapado por estos monstruos económicos que, cuando controlan la mayoría de las empresas queda aquél como un indefenso juguete en sus manos.
Si tales grupos financieros, en lugar de concentrar peligrosamente la riqueza, hubieran dedicado sus grandes capitales a crear nuevas industrias, otra sería la suerte del país.
Pero no: ellos, para aumentar sus beneficios, en lugar de crear empleo han hecho lo contrario: han despedido centenares de trabajadores, poniendo en peligro la paz, ampliando la desigualdad y la injusticia social.
No hay nada tan frágil, por fuertes que parezcan, que los imperios económicos, cuando tienen como enemigo al pueblo.
Nadie mira con antipatia una moderada participación en las empresas antioqueñas; lo que irrita es el dominio que adquieren al apoderarse de ellas.-
Gabriel Fernández Mejía
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