Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/10/31 00:00

¿QUIÉN PIDIO POLLO?

El antiguo grupo Kokoriko es hoy un conglomerado de 25 empresas con grandes intereses en el sector financiero y en otras actividades de la economía.

¿QUIÉN PIDIO POLLO?

UN CHISTOSO DIRIA QUE SE TRATA DE UN negocio hecho a puro muslo. Otro, pensaría que es una actividad que tiene muchas alas. Quizás el más extremo se atrevería a afirmar que lo conseguido justifica sacar orgullosamente la pechuga. Y lo más irónico es que probablemente todo lo anterior es verdad. Al fin de cuentas, cuando hace unas semanas la hoy llamada Organización Diners celebró su primer cuarto de siglo de existencia, todos los homenajes tenían un inconfundible sabor a pollo.

Porque así se ha edificado un grupo que hoy ya comienza a ser mirado con respeto. Se trata de unas 25 empresas que van desde el sector de las comidas rápidas, pasando por el financiero, y llegando hasta la construcción o la medicina prepagada. La más reciente aventura, fue la compra del 20 por ciento de AeroRepública por cerca de 1.600 millones de pesos. Una demostración más de que el conocido pollo de Kokoriko cada vez vuela más alto.

Claro que detrás de las cifras, está la historia de dos hermanos boyacenses, oriundos de Chiquinquirá, uno de los cuales supo interpretar a finales de los años 60, los gustos cambiantes de un país cada vez más urbano que veía desarrollarse a una incipiente clase media. La idea se le ocurrió a Eduardo Robayo, un empresario nato quien al cabo de 15 años de moverse en el mundo de los negocios se sintió atraído por el tema de los restaurantes de comidas rápidas. Hasta ese entonces, Robayo había incursionado en el mundo de las cacharrerías, en el de las joyas de fantasía y en el de las importaciones. Su éxito en esas áreas le permitió acumular el capital necesario para volverse parte del boom de la industria avícola que por esa época comenzó a apropiarse del país.

Hasta ese entonces, el pollo era el plato reservado para las grandes ocasiones. Su precio era superior al de las carnes rojas y por eso la costumbre era consumirlo pocas veces a la semana y de preferencia los días de fiesta.

Todo eso comenzó a cambiar cuando se trajeron a Colombia los sistemas de reproducción y engorde de pollos, con parámetros del mundo industrializado. De un momento a otro la población avícola del país pasó de los gallineros donde se repartía maiz, a los galpones de miles de pollos donde se distribuía concentrado.

Semejante esfuerzo vino acompañado de nuevos canales de distribución. En las principales ciudades comenzaron a aparecer restaurantes donde el plato principal -y muchas veces el único- era el pollo asado. Dentro de esos nuevos establecimientos se encontraba uno llamado Las Colonias, fundado por Eduardo Robayo.

Pocos años después, en 1971, Robayo abrió un nuevo local en Cali, pero con otro nombre: le puso Kokoriko. Por sonoridad, este acabó imponiéndose. Tanto, que hoy es el primer negocio de comidas rápidas del país con casi el 12 por ciento del mercado y una facturación que debe superar la marca de los 50.000 millones de pesos anuales en 105 puntos de venta.

Hoy en día el menú es bien diferente al de los años 60. Se vende pollo, por supuesto. Pero también se ofrece chili con carne, hamburguesas y sopas caseras. 'Hay que entender que el país de hoy requiere un menú más amplio y variado", dice Antonio Robayo, el otro pilar de la organización.

Fue precisamente el otro Robayo, Antonio, quien acabó siendo definitivo en el curso de un negocio que hasta hace 10 años era apenas una próspera empresa de comidas. Mientras que los conocedores describen a Eduardo como el empresario que anda ingeniándose nuevas actividades todos los días, Antonio es caracterizado como el administrador y el planificador de largo plazo.

Los dos hermanos empezaron a trabajar juntos en 1974, después de que Antonio terminara sus estudios de economía y se metiera a trabajar en la Caja Agraria. Aunque hoy. Alberto, el menor de siete hermanos, trabaja también en el grupo, fueron los dos primeros los encargados de consolidar el negocio de comidas. Así se fueron desarrollando los intereses en Avesco -la dueña de Kokoriko-, en Avinco, en la Industria Avícola de Occidente, en la Incubadora del Valle y en Avícola Colombiana. Todas estas comprenden el proceso de gestación, incubación, engorde, sacrificio y venta de pollos, con plantas en Medellín, Cartago, Pereira y Bogotá.

La historia, sin embargo, no habría sido tan llamativa si en 1987 el gallo de Kokoriko no hubiera decidido irse a cantar al gallinero de Diners. Por ese entonces, Diners Club formaba parte del conjunto de empresas del grupo Grancolombiano que habían sido puestas en venta, pocos años después de la intervención de éste por parte del gobierno. Cuando salió a la venta, pocos creían que entre los 29 proponentes interesados, el finalista acabara siendo Avesco, por encima del Citicorp, dueño de Diners a nivel mundial. Pero cuando se abrieron las propuestas, los evaluadores encontraron con sorpresa que la suma ofrecida por los Robayo -4.555 millones de pesos de la época- (unos 18 millones de dólares), era la más alta de todas.

De ahí en adelante siguió un proceso de crecimiento, que a su vez ha traído consigo la adquisición de más empresas. En el caso del sector financiero, Diners se convirtió en el Banco Superior, después de la reforma financiera de 1990. El Banco fundó a su vez a Cesantías Diners en 1991 y a esta se le sumaron Seguros Atlas, Bienvalores -un puesto en la Bolsa de Medellín- y el 27 por ciento de Granahorrar en 1992. En 1994 la Organización participó con el 16 por ciento en la creación del fondo de pensiones Horizonte y más recientemente en la compra de Leasing Mazda -hoy Leasing Superior-, por la suma de 3.700 millones de posos. De la misma manera, se aspira a constituir la Fiduciaria y la Corporación Financiera Superior, tan pronto se tengan los permisos del caso. '¿Eso nos permitirá ofrecer toda la gama de servicios", dice Hernando Alvarez, presidente del Banco.

La Organización está haciendo también sus pinitos en el campo de las telecomunicaciones. Aparte de las estaciones de radio Kokorikolor, Diners es accionista minoritario de Telecel (que presta el servicio celular en Ecuador) y de Colomtel y Colomsat involucradas en servicios privados de comunicaciones.

La expansión de 1994, demuestra que el grupo continúa vigoroso, gracias a la fortaleza del negocio de comidas y a los excelentes resultados del Banco. En el caso de este último sus utilidades en el primer semestre del año ascendieron a casi 6.000 millones de pesos, debido en buena parte a la facturación de la tarjeta de crédito que supera la marca de los 400.000 millones de pesos anuales.

La compra del 20 por ciento de AeroRepública demuestra, incluso, que hay campo para adentrarse en nuevas áreas y participar del progreso de una compañía que en apenas unos cuantos meses ha absorbido ya el 7 por ciento del mercado nacional.

Pero después de esta última adquisición, la idea es concentrarse en mejorar las empresas que forman parte de la Organización. "Por ahora hay que impulsar tecnológicamente el Banco", dice Antonio Robayo. Todo esto sin olvidar que hay que seguir vendiendo pollos para que el nombre de Kokorico pueda seguir cacareando con el mismo éxito de sus primeros 25 años.-

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