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| 3/28/1983 12:00:00 AM

¿QUIEN TIENE LA RAZON?

Razones contables explicarían la escandalosa diferencia entre las cifras del deficit que revela el Contralor y las que declara el ministro de Hacienda.

El déficit fiscal es de 90.000 millones de pesos... de 23.000 millones de pesos... de 170.000 millones de pesos... de 120.000 millones de pesos. Esto más que un calculo económico parece parte del programa de televisión "El precio es correcto", donde todos quieren participar. El ministro de Hacienda da una cifra gigantesca, después el Contralor la reduce a una décima parte, el Banco de la República se queda en la mitad y los partidos políticos tiran hacia donde más les conviene.
A nivel nacional, la polémica se desató al comparar la cifra dada por el contralor, Rodolfo González García (9 mil millones aproximadamente), con aquella dada por el ministro de Hacienda, Edgar Gutiérrez Castro, (alrededor de 100 mil millones). Para completar el caos, al preguntarles al Ministro y al Contralor el por qué de la diferencia de las cifras, ambos contestaron que, desde el punto de vista de cada cual, los dos tenían razón. Es decir, el programa se quedó sin ganador.
Buscando desenredar un poco la trama, SEMANA consultó con varios expertos en política monetaria quienes, casi unánimemente, salvo algunas objeciones procedimentales, apoyaron la cifra y las explicaciones dadas por el ministro de Hacienda.
Contablemente, la cifra de 9 mil millones citada por el Contralor es completamente válida, pero, para el análisis económico, su utilidad es muy relativa. A la Contraloría tan sólo le importa el monto de los gastos realizados y el monto de los gastos cancelados. El origen de los fondos con que se realizan las cancelaciones no es de su incumbencia y es ahí, precisamente, donde está el origen del problema.
Hacer abstracción del origen de los fondos con los cuales se paga, es como si un particular que debe un millón de pesos, va y se los pide a un usurero que le cobra el 20% mensual. La persona paga su deuda original y considera que el asunto quedó arreglado. Pero el asunto no quedó arreglado, el usurero sigue existiendo y los intereses siguen corriendo.
En el caso de la Nación ocurre algo similar. Como no hay fondos suficientes para pagar los gastos de funcionamiento, ni los intereses de las deudas previamente contraídas, ni los gastos por concepto de nuevas inversiones, el gobierno debe entrar a endeudarse.
Existen múltiples formas: endeudamiento externo, monetización de los intereses producidos por la colocación de reservas en el exterior, ganancias por compraventa de divisas, o la simple y peligrosa emisión de dinero por parte del Banco de la República. Estos rubros, no contabilizados como déficit en los cálculos de la Contraloría, suman actualmente alrededor de 80 mil millones de pesos, lo cual explica la diferencia entre las dos estimaciones.
Lo escandaloso de la cifra pierde sentido --afirman quienes estudian el problema-- si no se toman en cuenta las implicaciones de este volumen de endeudamiento.
Las fuentes de recursos utilizados por el Estado para solucionar la crisis tienen, en la mayoría de los casos, una característica común: son altamente inflacionarios, con las inmediatas implicaciones negativas que esto tiene para la economía. Por otra parte, para evitar el exceso de dinero circulante que implican las formas de financiación descritas, el gobierno tiene que restringir el crédito al sector privado, frenando de inmediato la inversión. Es decir, alimentando la recesión.
Respecto a una cifra concreta del déficit, SEMANA encontró imposible hallar un consenso, ya que existen múltiples discrepancias procedimentales aun entre quienes consideran reducido el valor económico de las cifras emitidas por la Contraloría.
Algunos sectores, por ejemplo, estiman que los intereses recibidos y monetizados por concepto de manejo de reservas en el exterior no deben ser considerados como parte del déficit, ya que constituyen ingresos provenientes de una actividad financiera del Estado. Otros sectores opinan que estos intereses son simple emisión inflacionaria. En caso de tener razón los primeros, el déficit estimado por el ministro de Hacienda se reduciría en unos 15 mil millones de pesos, lo cual, pese al volumen de la cifra, no disminuye mayor cosa las graves implicaciones del déficit.
Más allá de las discusiones procedimentales que pueden aumentar o disminuir el déficit en un 5% o 10%, los técnicos que han estado a cargo del problema estiman que la solución no da compás de espera, pues si su volumen no es absolutamente claro, sus influencias nocivas sobre la economía sí lo son. Fue con base en este argumento que el sector oficial defendió el establecimiento de la "emergencia económica" y todas las medidas encaminadas a ampliar la base tributaria. Era una forma para que el Estado pudiese financiarse con recursos no inflacionarios. Ahora que la Corte Suprema de Justicia "tumbó" la parte principal de la emergencia económica, el gobierno tendrá que acudir de nuevo a todos los mecanismos de financiación que el ministro de Hacienda denominó "maquillajes fiscales": cuenta especial de cambios, endeudamiento externo, emisión, etc.
En todo caso, se podrá seguir jugando con el cálculo del déficit: 190 mil millones de pesos... 240.000 millones de pesos.
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