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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Raspando la olla

Por primera vez en varios años, Colombia parece haber volteado la torta en su futuro petrolero. El año próximo es el momento de la verdad.

Para la opinión pública los éxitos se miden por resultados tangibles. En cuanto incumbe a la política petrolera, esto significa encontrar hidrocarburos: petróleo o gas. Desde esa perspectiva, 2005 también pasó en blanco. No se reemplazaron las reservas de crudo que se produjeron y Colombia continuó viviendo en tiempo de descuento como lo ha hecho por varios años. El riesgo de una pérdida de autosuficiencia sigue allí latente con todos los peligros que podría representar para la economía nacional y especialmente para las finanzas del Estado. Esta situación no es nueva y los peligros fueron advertidos por lo menos desde comienzos del gobierno de Andrés Pastrana, en 1998. Sin embargo, por primera vez hay indicios de un quiebre en tres factores críticos que podría revertir esa visión apocalíptica. La política petrolera es como el vino. Hay que dejarla madurar para ver resultados. En el caso colombiano, esa trípode está sustentada en hallar nuevas reservas, incrementar la recuperación de campos maduros y facilitar las operaciones actuales. "Después de varios años, por fin se ha consolidado la reactivación del sector petrolero. Es una tendencia positiva que esperamos que continúe en 2006", dijo a SEMANA Alejandro Martínez, presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo, que agrupa a las multinacionales del sector. Martínez no es el único optimista. Un informe de la firma consultora Arthur D. Little publicado la semana pasada indicó que Colombia había mejorado su competitividad internacional, gracias a los cambios contractuales, fiscales y las perspectivas económicas del país. A diferencia de otras épocas, esas opiniones están soportadas en hechos concretos. A final de 2005, se habrá corrido 10.600 kilómetros de sísmica y perforado o empezado a perforar 38 pozos exploratorios, una cifra que no se veía desde 1989. Se esperan más de 40 en 2006. Pero la exploración por sí sola no sacará a Colombia del atolladero en que se encuentra. Del momento en que se halle un barril de crudo, pueden pasar hasta seis a ocho años antes de que llegue la primera gota a un oleoducto. En otras palabras, los frutos de estas perforaciones sólo se verán en la segunda década de este siglo. Ello explica la decisión del gobierno de incentivar nuevas actividades en campos petroleros existentes. Normalmente se puede extraer entre el 30 y 50 por ciento de las reservas. Con inversiones y tecnología de punta es posible incrementar esa recuperación y así aumentar la producción. Simplemente, es más fácil y rápido extraer petróleo donde se sabe que ya hay. Con esta estrategia, por ejemplo, Ecopetrol aumentó la producción del campo Castilla de 20.000 a 60.000 barriles día. Así, en 2005 se frenó casi en seco la declinación de la producción petrolera que venía cayendo a un promedio de entre 6 y 8 por ciento y se prevé que terminará el año en los niveles de 2004. Aunque raspar la olla es una política riesgosa si no se encuentran nuevas reservas, para muchos es una opción válida si se tiene en cuenta la importancia de Ecopetrol para las finanzas del Estado -16 por ciento de los ingresos de la Nación- y la necesidad de aprovechar los altos precios actuales del petróleo. En los primeros 10 meses de 2005, las exportaciones de Ecopetrol ya sobrepasaron los del año anterior. El último factor crítico, aunque menos publicitado, ha sido lo que en el argot petrolero se denomina como un mejoramiento en la "licencia para operar", que se traduce en mayor seguridad y menos papeleo. Esto ha facilitado la llegada de nuevos actores y la permanencia de los antiguos. Todo este esfuerzo, sin embargo, se puede ir al traste si no se traduce en más y más descubrimientos de hidrocarburos. Hay una verdad inmodificable en ese negocio: "Petróleo atrae petróleo". Por esta razón, muchos han descrito a 2006 como el año de la prueba de fuego de la política petrolera. Muchos de los proyectos de los nuevos inversionistas deben empezar a cuajar. De no ser así, se corre el peligro de perder el ímpetu de los últimos años.
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