Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/08/18 00:00

Rechazado

Con la devolución del proyecto de presupuesto, el Congreso aprovecha la inexperiencia política del ministro Carrasquilla para presionar al Gobierno.

El proyecto de presupuesto de la Nación para 2004 le ha tocado recorrer un camino tortuoso. Primero le apareció un hueco fiscal que cambiaba de tamaño cada semana. Después el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, anunció que el hueco había desaparecido y explicó cómo, tras haber dicho que era inminente la presentación de una nueva reforma tributaria, ya no era necesario aumentar los impuestos. Y el 13 de agosto, cuando apenas arrancaba el debate en el Congreso, las comisiones económicas decidieron devolverlo "por considerar que no se ajusta a los preceptos de la Ley Orgánica del Presupuesto". Reclamaron más inversión social y saber exactamente cuáles son los proyectos que financiará el presupuesto en cada una de las regiones.

Sin embargo a los congresistas les faltó un detalle: especificar cuáles artículos de los 127 que tiene la ley de presupuesto no se cumplen en el proyecto. "Al gobierno le es imposible saber cuál es el sentido de las enmiendas que, según el Congreso, debe incorporar al proyecto", dijo Carrasquilla. ¿Cuáles fueron, entonces, las razones de los congresistas para devolver el presupuesto?

En primer lugar, no creen en los cálculos del gobierno sobre los impuestos que espera recaudar el próximo año. Según el proyecto éstos serán de 35,6 billones de pesos, 10,4 por ciento más que este año. El gobierno explica que esto será posible gracias a los mejores resultados que espera de la Dian en su lucha contra la evasión. De ahí saldrán, dijo el Ministro de Hacienda, un billón de pesos.

"¿Qué hace ahora más eficiente a la Dian?", se pregunta el representante Rafael Amador. Otros, como el representante César Negret, dicen que hasta Miguel Urrutia, gerente del Banco de la República, no cree que sea posible recaudar ese billón de pesos con la ley antievasión. "Tuvimos la misma meta este año y se está cumpliendo. No me parece ambicioso mantenerla", respondió a SEMANA frente a esta crítica el ministro de Hacienda. Lo que por otra parte precisó Urrutia a las comisiones económicas, sin embargo, es que recibir estos mayores ingresos depende de que la ley pase este año y que efectivamente se logre cumplir con las metas.

En segundo lugar, cuestionan los mayores ingresos que generarán, según el gobierno, entidades como Ecopetrol. En realidad repiten los comentarios de Urrutia de que es preciso analizar cuáles son las proyecciones de ingresos futuros de las empresas del sector público, pues de éstos depende que la deuda de la Nación se pueda pagar.

En tercer lugar, critican que el gobierno incluya ahorros derivados del referendo, sin tener certeza de que vaya a ser aprobado. "Los ahorros que generaría el referendo incluidos en el proyecto son solamente los de la congelación de salarios para empleados públicos en 2003 y 2004, y ésta, en todo caso, se mantendrá", responde Carrasquilla.

Finalmente, dicen los parlamentarios que el crecimiento de la deuda pública la hace impagable, en parte porque desconfían de que puedan cumplirse las proyecciones de ingresos. Señalan además que el pago de intereses es uno de los rubros que más crecen para el próximo año y que es preciso hacer algo al respecto. En ese mismo sentido el contralor, Antonio Hernández, afirmó en el debate que a finales del año entrante la deuda pública puede llegar a 140 billones de pesos y que la falta de claridad sobre de dónde saldrán 5,5 billones de pesos y el desbordamiento del gasto la hacen insostenible. Carrasquilla responde que el gerente del Banco de la República avaló el presupuesto en ese sentido con el argumento de que con lo previsto en el proyecto la Nación sí podrá servir su deuda sin hacer ajustes extraordinarios.

Pero más allá de las explicaciones que pueda dar el Ministro sobre cada una de las razones que adujeron los congresistas para devolver el presupuesto, hay un hecho evidente: de la mayoría de los presupuestos que se han presentado en el pasado podría haberse dicho lo mismo y, sin embargo, no fueron devueltos. Cuando se habla de que la deuda puede volverse insostenible, que no hay certeza sobre si se recibirán los ingresos presupuestados o que los intereses de la deuda de la Nación son muy altos se describe el viejo problema de que las cuentas fiscales no cuadran.

Todo lo anterior conduce a que, si bien es cierto que desde el principio ha habido varias versiones sobre las cifras -y de eso es responsable el gobierno-, también lo es que la devolución del presupuesto tiene más de político que de económico. Ya varios observadores habían pronosticado que tarde o temprano el Congreso iba a reaccionar al recorte burocrático al que lo tiene sometido el gobierno. Pasarle la 'cuenta de cobro' se facilitó, además, con la inexperiencia política que ha demostrado Carrasquilla desde que se inició la polémica del hueco fiscal. Las contradicciones dentro del gobierno, que se hicieron evidentes cuando el presidente Alvaro Uribe salió a decir que no estaba pensando en otra reforma tributaria, y la falta de coordinación con el Banco de la República abonaron el terreno para que los congresistas utilizaran el rechazo al presupuesto como un instrumento de presión.

Al gobierno le queda, entonces, apelar a sus mejores poderes persuasivos para lograr que el Congreso le camine en los nuevos términos y ya cuenta con algunos congresistas de su lado. "Estoy dispuesto a defender este presupuesto aquí y en Cafarnaún, pero preferiría hacerlo en el Congreso", dice Carrasquilla, y agrega que se reunirá con los miembros de las comisiones económicas para resolverles sus dudas. El 30 de agosto, fecha en que se vence el plazo fijado por la ley para que el gobierno presente de nuevo el proyecto, éste continuará su camino, pero todo indica que encontrará más de una piedra atravesada.

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