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| 2/2/2016 12:16:00 PM

Sandra Morelli y el escándalo de Reficar

Durante su gestión como contralora, les dio visto bueno a las cuentas sin advertir sobre irregularidades.

En los últimos días se ha desatado un gran debate sobre los multimillonarios costos de la refinería de Cartagena (Reficar) y los responsables por las irregularidades en la gestión de este megaproyecto.

Hasta el momento han quedado en la picota los administradores y la junta directiva de Reficar, así como su anterior presidente, Orlando Cabrales, que durante varios años despachó y dio instrucciones desde Bogotá sobre lo que se debía hacer o no en un proyecto que estaba a cerca de mil kilómetros de su oficina, en la zona industrial de Mamonal (Cartagena).

Él, así como el expresidente de Ecopetrol Javier Gutiérrez, deberá dar explicaciones tras el informe de la Contraloría General de la República que reveló una feria de adiciones en los 2.460 contratos que se firmaron durante el tiempo que duró la obra, más de seis años.

Sin embargo, un funcionario que ha pasado de agache es la excontralora general Sandra Morelli, que estuvo en el cargo desde el 2010 hasta el año 2014.

Durante su gestión “fenecieron” las cuentas de Reficar, es decir, se les dio el visto bueno por no encontrar irregularidades.

Lo que nadie se explica es cómo este máximo organismo de control no encontró errores ni manejos inadecuados o mucho menos advirtió sobre los millonarios sobrecostos del proyecto que en el 2012 denunció el entonces ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry.

¿Por qué no se conoció un informe detallado como el que acaba de presentar el contralor Edgardo Maya sobre estos problemas? ¿Qué pasó durante los cuatro años de gestión de Morelli, que no se lanzó ninguna alerta sobre el megaproyecto?

Son dudas que quedan en el aire cuando muchos se rasgan ahora las vestiduras por la caja de Pandora en que se ha convertido este proyecto estratégico para la industria colombiana, que terminó costando 8.016 millones de dólares, cuatro veces lo que el Gobierno acaba de recibir por la venta del 57 % que tenía en Isagén, una privatización que desató una gran polvareda. 

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