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| 1/20/2007 12:00:00 AM

A renegociar

Cinco serían los ajustes que el Partido Demócrata de Estados Unidos le haría al TLC con Colombia.

Cuando en noviembre pasado el entonces ministro de Comercio, Jorge Humberto Botero, dijo que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos podría ser objeto de renegociación en temas puntuales, se armó la de Troya. Las declaraciones del Ministro generaron un revuelo que ni él mismo imaginó, y al día siguiente tuvo que retractarse. Ahora, las palabras de Botero cobran más fuerza que nunca. Como proféticas, anunciaron lo que por fin salió a la luz pública la semana pasada: la decisión del Congreso estadounidense de hacerle "algunos ajustes al capítulo laboral", como lo señaló John Veroneau, el segundo de la Oficina Comercial de Estados Unidos (Ustr).

En Colombia, la noticia tomó por sorpresa a todo el mundo, en especial al gobierno. Y no porque no supiera que ese 'chicharrón' tarde o temprano se le vendría encima, sino porque desconoce cuáles son esos ajustes. De hecho, la embajada de Colombia en Washington le mandó al Ustr una carta en la que le pide una precisión sobre el tema. Y el nuevo ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, señaló que aún no conoce las inquietudes de los demócratas, que controlan el Congreso estadounidense.

¿Qué es lo que quieren los demócratas? La verdad es que ni ellos mismos lo saben. Apenas tienen claro que quieren hacer más estrictos algunos temas, como la protección de los derechos laborales y el castigo para los crímenes de líderes sindicales. Por eso, SEMANA se puso a la tarea de identificar cuáles serían esos ajustes:

1. El primero de ellos, más que un ajuste, es casi una condición. Si Estados Unidos quiere mejorar la protección de los derechos laborales y sindicales, tiene que darle plata a Colombia para ello. Así lo hizo con los centroamericanos, con quienes firmó el tratado de libre comercio conocido como Cafta. A ellos también les exigió hacerle mejoras al tema laboral, pero a cambio les aprobó una partida de 30 millones de dólares anuales para ese propósito. Colombia, como contrapartida, debería pedir lo mismo.

2. El Congreso estadounidense va a querer que las sanciones por incumplimiento sean más severas. Si el problema es de trabajo infantil, por ejemplo, que en lugar de una multa se imponga una sanción comercial. Así que si se contratan niños, la sanción ya no sería de 15 millones de dólares, sino más grave: aranceles para ese producto.

3. Los demócratas quieren que se mencionen específicamente los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que ambos países deben tener suscritos. Y aquí existe una gran ironía: mientras Colombia ha suscrito todos esos convenios, Estados Unidos no ha hecho lo mismo. Ahí radica el gran temor que tienen los republicanos frente a este tema: que los demócratas les traten de meter por la puerta de atrás un tema que en el pasado los ha enfrentado, pues los republicanos se niegan a suscribir muchos de los acuerdos de la OIT.

4. Otro ajuste tendrá que ver con el tema de la impunidad en Colombia, específicamente, atentados y asesinatos contra líderes sindicales. Los gringos quieren ver gente procesada, juzgada y condenada por esos asuntos. Por eso es muy probable que se firme un convenio de cooperación entre la Fiscalía colombiana y la norteamericana.

5. Se va a pedir la desaparición -o reforma- de las cooperativas de trabajo que existen en el país. Estas se han convertido en una vía para que los empresarios nacionales evadan el pago de prestaciones con los trabajadores. Por eso, el Ministerio de Protección Social está preparando un proyecto de ley para ponerlas en cintura.

Básicamente, se trata de ajustes que responden a dos preocupaciones de los demócratas. La primera es proteccionista y tiene que ver con los salarios más baratos que se pagan en países como Colombia. Esto afecta la competitividad de las empresas norteamericanas y por eso los demócratas quieren que en Colombia también se cumpla con las prestaciones obligatorias y el salario mínimo legal. La segunda preocupación es la explotación en los países en desarrollo.

En el fondo, se trata de un nuevo frente de batalla de la pelea entre demócratas y republicanos por la ratificación de los convenios de la OIT. Los primeros históricamente han querido suscribirlos. Los segundos no.

La pregunta es si todos estos ajustes constituyen una renegociación del acuerdo o son parte de una carta adjunta, como dicen ambos gobiernos. La verdad es que difícilmente Estados Unidos mandará un anexo en el que los colombianos no tengan reparo alguno al respecto. Y como seguramente van a tenerlo, ambas partes tendrán que sentarse nuevamente a hablar. Es decir, a renegociar.
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