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| 6/29/1987 12:00:00 AM

SACANDO LA LENGUA

La economía latinoamericana sencillamente no da más

Por fin. Casi cinco años después de que la crisis de la deuda diera comienzo oficial al peor periodo en la historia reciente de la economía latinoamericana, las políticas de austeridad comenzaron a aplicarse en pleno Wall Street. Primero fue el Citicorp, la corporación bancaria más grande de Estados Unidos, el que decidió hacer reservas contables de 3 mil millones de dólares para protegerse de posibles pérdidas en los préstamos que le ha hecho a Latinoamérica.

Esa acción fue seguida la semana pasada por el Norwest Corporation de Minneapolis y por el Chase Manhattan de Nueva York, cuya decisión indicó que, ahora sí, algo está cambiando en el tratamiento que se le ha dado al problema de la deuda externa (ver recuadro).

CONTINENTE DE MALAS
Tal actitud debe constituirse en una luz de esperanza para la veintena de países que componen a Latinoamérica. Por cuenta de las dificultades de los últimos años, los años ochenta van a acabar siendo una década perdida para los 400 millones de habitantes de los países del área.

Las cifras son impresionantes. En 1986 la economía latinoamericana alcanzó un nivel de producción por habitante similar al que tenía en 1978 y menor en un 8% al que tema en 1980.
Si se mira la situación por países se tiene que, entre 1981 y 1986, el producto per cápita de Bolivia cayó 27%, el de Guatemala y Venezuela, 21%, el de El Salvador 17%, el de Argentina 16%, el de Uruguay 15%, el de Nicaragua, Honduras y Haití, 13%, el de Costa Rica 11% y el de México y Perú, 10%. Tal como van las cosas, es probable que para finales de esta década Latinoamérica alcance el nivel de produccion que tenía en 1980.

Claro que eso sucederá si la región tiene suerte. A pesar de que 1986 fue un año relativamente bueno, en el cual la produccion para los países no productores de petróleo creció por encima del 6%, las primeras cifras de 1987 son preocupantes e indican que los problemas de siempre siguen ahí.
En términos de crecimiento, los estimativos preliminares indican que es te año va a ser peor que el pasado y que, en frentes en los cuales se ha logrado avanzar, se está retrocediendo nuevamente.

Tal es el caso de la inflación que ha vuelto a tomar fuerza en varios países de la región. En Brasil, por ejemplo, los precios están aumentando a un promedio del 14% mensual, después del fracaso del plan cruzado. En Perú la cifra de inflación del 6%, registrada en el mes de abril, fue la más alta de los últimos catorce meses y en Argentina está sucediendo algo similar.

Al comercio exterior no le ha ido mejor tampoco. A pesar de que los países productores y exportadores de petróleo se han recuperado algo en relación con el año pasado, los problemas continúan. Brasil, para citar el caso más representativo, tuvo un superávit en su balanza comercial de tan solo 530 millones de dólares durante el primer trimestre de 1987, en comparación con un saldo positivo de 2.500 millones de dólares durante el mismo periodo de 1986.

Una situación similar se ha presentado en otros países. Debido a que cerca de un 75% de las exportaciones de Latinoamérica caen dentro de la categoría de productos básicos, la región se ha visto especialmente golpeada por los malos precios que han tenido los minerales y los bienes agrícolas en el mercado internacional. Aun el café, cuyos niveles de precios en 1986 fueron la excepción, se encuentra ahora en cercanías de los 1.20 dólares la libra, colocando no solo a Colombia sino a los países centroamericanos en aprietos.

Como si lo anterior fuera poco, la región se enfrenta a la amenaza de las regulaciones proteccionistas en los países desarrollados. Esas y otras razones hacen pensar que las exportaciones latinoamericanas en 1987 estarán en cercanías de los 85 mil millones de dólares, cifras que es menor que el superávit comercial del Japón en 1986.

¿Y DE LA DEUDA, QUE?
Esa situación de crecimiento económico bajo, combinada con un nivel de exportaciones modesto es la que le coloca un gran signo de interrogación al problema de la deuda externa, cuyo saldo estimado es de 382 mil millones de dólares. Actualmente se encuentran en moratoria (es decir, sin cumplir con sus pagos) Brasil, Ecuador, Costa Rica, Perú y Bolivia, países que sencillamente no estári generando los recursos suficientes para continuar pagando intereses. Aunque esa situación ha influido para que los términos de reprogramación de la deuda externa én otros países latinoamericanos--como Argentina--sean los mejores desde el comienzo de la crisis, el triunfo en ese aspecto ha tenido poca duración. El alza reciente en las tasas de interés internacionales borró de un plumazo las ganancias posibles que se hubieran podido obtener en los nuevos acuerdos con los bancos comerciales.

La gravedad de la situación es tanta que todo hace pensar que Latinoamérica está dentro de un círculo vicioso y va de mal en peor. Para romper esa cadena, prácticamente todos los especialistas están de acuerdo en que en la región se debe aumentar la inversión productiva hasta llegar a tasas sustancialmente superiores a !as actuales y situarse en cercanías de un 25% del PIB. Hasta ahora el crecimiento en los países de la región se ha logrado a costa de una utilización más intensa de la capacidad instalada existente, sin que el nivel de renovación de equipos sea el adecuado.

No obstante, el problema es que no hay fondos para hacer inversión. Para realizar inversiones se requiere ahorro interno y este es muy bajo.
Mientras que en el sudeste asiático el ahorro como proporción del PIB llega a casi un 31%, en Latinoamérica la cifra llega al 22%. El problema al parecer no es tanto de tasas de interés sino de simple confianza de los nacionales latinos en sus economías.

Frente a esa limitante la otra alternativa es acudir al ahorro externo a través del endeudamiento pero, una vez más, la región ya no puede conseguir crédito en los mercados internacionales. Los conocidos problemas de la deuda externa han conducido a que los bancos privados están limitando su exposición frente a los países de la región.

Con todas las puertas tradicionales cerradas, es claro que la región nece sita otra salida. Por ahora la tendencia es hacia buscar socios en vez de acreedores. Por lo tanto, Latinoamérica ya sea racional o irracionalmente ha vuelto los ojos hacia el éxito del sudeste asiático. En los últimos tiempos prácticamente todos los países latinos han tomado medidas de apertura y estímulo a la llegada de capital, extranjero. Actitudes como el establecimiento de zonas francas, el aumento en los límites de giro sobre utilidades y las ventajas impositivas son ejemplos de la nueva actitud. El caso más reciente se dio en el seno del acuerdo de Cartagena, en el cual se acordó el desmonte de la decisión 24 referente a un estatuto común de tratamiento al capital extranjero dentro de los países andinos.

Claro que es probable que esa estrategia tampoco funcione. La competencia en el mercado internacional es muy fuerte y la región ha perdido mucho tiempo frente a los demás países del mundo orientados al comercio exterior.

Con todas esas angustias, la medida adoptada por los bancos norteamericanos empieza a tener cierta lógica. Durante mucho tiempo se escuchó aquella famosa frase que decía que los paises no se quiebran. Sin embargo, después de mirar lo que le está pasando a las economias latinoamericanas--quizás con la única excepción de Colombia-más de un analista tendrá que aceptar que muchas de las naciones del área deban declararse en bancarrota.

WALL STREET SE APRIETA EL CINTURON
Es la teoría del dominó aplicada al mundo de las finanzas. Primero fue el Citi, luego el Norwest y ahora el Chase. Quizás la próxima semana sigan el Chemical y el Manufacturers Hanover, hasta que poco a poco todos los bancos internacionales deban aceptar que con la explosión de la bomba de la deuda tanto prestatarios como prestamistas salgan tiznados.

Esa es la primera conclusión que dejan los eventos de los últimos días, en lo que constituye la aceptación tácita por parte de los bancos de que quizás no recuperén todos los dólares que le prestaron a los paises del Tercer Mundo. En los últimos días, las tres entidades mencionadas arriba hicieron reservas contables por casi cinco mil millones de dólares.

Aunque es probable que la reserva no se utilice, la medida es suficiente para golpear fuertemente los resultados financieros del banco. En el caso del Citicorp la reserva hecha por tres mil millones de dólares le implica pérdidas por 2.500 millones de dólares en el trimestre y un saldo en rojo estimado de mil millones de dólares para el ejercicio de 1987.

A pesar de ser un procedimiento contable, la decisión es muy significativa.
En primer lugar, implica que el banco está reconociendo que --de alguna manera-la deuda externa de los paises en desarrollo es impagable, por lo menos en parte. Durante toda la crisis de la deuda la posición de los bancos norteamericanos se circunscribió a culpar a los paises por haberse endeudado más allá de sus posibilidades. Hasta el momento el remedio utilizado equivalia a paños de agua tibia: prestarle a los endeudados para que pudieran pagar los intereses, haciendo así más grande el círculo vicioso.

Ahora las cosas son diferentes. El movimiento liderado por el Citi indica que ya no va a haber nuevos recursos para los países en desarrollo. De hecho, un memorando interno del banco sostuvo que los 15 mil millones que tiene prestados a los países en desarrollo deben reducirse en, por lo menos, una tercera parte.

Lo realizado por el Chase--el tercer banco de Estados Unidos--correspondió a la misma filosofía. La entidad neoyorquina constituyó una reserva de 1.600 millones de dólares, lo cual le va a producir pérdidas para todo el año de unos 850 millones de dólares. Al igual que en el caso del Citi, las reservas para deudas de dudoso recaudo en la contabilidad del Chase equivalen a un 25% del total de sus préstamos a los países subdesarrollados en problemas. En el caso en que efectivamente se compruebe que algunos préstamos no se vayan a recaudar nunca, el banco descarga la reserva pero ya no tiene la necesidad de asumir una pérdida contable.

Como es de suponer, decisiones como las que tomaron el Citi o el Chase no son fáciles. Es por esa razón que algunos bancos norteamericanos se han negado a seguir la misma línea. Hasta el momento, el más reticente es el Bank of America, situado en San Francisco y que ocupa el segundo lugar dentro de los bancos norteamericanos. En repetidas oportunidades el banco californiano se ha negado a aumentar sus reservas debido a que considera que su nivel actual es "adecuado". La verdad, sin embargo, radica en que el Bank of America es, patrimonialmente hablando, el banco más débil del grupo de las grandes y una medida como la del Citi lo debilitaría más allá de lo que es aconseable.

Pero independientemente de esa situación lo más interesante para los latinoamericanos es la nueva posición de los bancos sobre el problema de la deuda. Al fin y al cabo, la moratoria comenzada por Brasil desde febrero pasado fue la gran causante de que las entidades crediticias de Estados Unidos debieran aumentar sus reservas.

En una entrevista publicada el jueves pasado en el diario neoyorquino The Wall Street Journal, el presidente del Citicorp, John Reed, dejó en claro que está en contra de seguir dándole préstamos a los países que no tienen posibilidades reales de pagar. En cambio, Reed sostuvo que lo mejor sería inversiones directas en compáñías de países del Tercer Mundo a cambio de acciones. "Una inversión en acciones es un mejor activo hoy en dfa en Brasil que un préstamo al Banco Central, donde ese préstamo es a veinte años, sujeto a renegociación a la voluntad del deudor y a lo que parecería ser una tasa siempre declinante. Nuestros accionistas están mejor servidos si, en cambio de hacer el préstamo, toman el mismo riesgo bajo la forma de una inversión productiva", dijo Reed. Adicionalmente el banquero de 48 años anotó que "un préstamo no genera impuestos, en cambio una inversión productiva sí".
Esa opinión es la que va a definir las nuevas condiciones en las que se muevan los países en desarrollo y los bancos internacionales. Aunque todavía la mayoría de los banqueros parece pensar que lo mejor es continuar con lo que se ha hecho, la posición de Reed--uno de los banqueros más influyentes del mundo--es suficiente para indicar que, para bien o para mal, algo está cambiando en el complicado escenario de la deuda latinoamericana.
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