Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1985/03/04 00:00

SACANDOSE EL CLAVO

La hora de la venganza contra la OPEP ha llegado para las naciones industrializadas.

SACANDOSE EL CLAVO

Doce años después de que la Organización de Países Productores y Exportadores de Petróleo, OPEP, pusiera en jaque a Occidente con una inesperada subida en los precios del crudo, la hora de la venganza ha llegado para las naciones industrializadas. La caída en los precios internacionales del petróleo, alentada por los no afiliados a la OPEP, obligó a la organizacion a tomar la drástica medida de rebajar en un dólar el costo de un barril del combustible, al cabo de una sesión de emergencia que terminó la semana pasada en Ginebra. De tal manera, el vocero del cartel, el Jeque Ahmed Zaki Yamani de Arabia Saudita, anunció el miércoles anterior que, de ahora en adelante, los precios de venta del crudo oscilarán entre US$ 26.50 y US$ 28.90 por barril, dependiendo de su calidad.
Pese a que el comunicado de Yamani le dio un viso de solidez a la OPEP, los analistas internacionales observaron cómo en la reunión de Suiza se formaron dos bloques de países que no llegaron a reconciliarse, colocándole serias dudas a la suerte futura de la organización. Según los informes, Algeria, Gabón, Libia e Irán se resignaron ante la mayoría pero se abstuvieron de firmar el acuerdo por oponerse a sus intereses. Si bien no fue posible saber si ello significa que las naciones disidentes harán toldo aparte, los especialistas señalaron que la OPEP puede continuar teniendo un papel de fachada, mientras cada país negocia ventas a su acomodo.
Por lo pronto, parece ser que Arabia Saudita está convencida de la importancia de mantener la asociación con vida y, como primer productor mundial, ha utilizado todos los recursos que tiene a la mano para lograrlo. Hace ya un par de años, fue precisamente la nación musulmana la que convenció a sus colegas productores de que era necesario recortar el precio del crudo en cinco dolares para mantener con vida a la organización, después de que los países no asociados con México e Inglaterra a la cabeza, inundaran el mercado internacional, haciendo bajar los precios inmediatamente.
Fue una situación similar la que se vivió a partir de junio anterior cuando se empezaron a notar los primeros resquebrajamientos en la organización. Pese a que en ese momento la guerra entre Irán e Irak había tomado nueva fuerza y los atentados a los buques tanques en el Golfo Pérsico se multiplicaron, los demas productores empezaron a "bombear" a un ritmo sin precedentes. Como resultado, la OPEP dejó de ser la fuerza dominante del mercado, pasando a representar a sólo un 40% de la producción mundial, mientras que en años anteriores esa cifra había superado el 60%.
El golpe de gracia se dio a finales de octubre cuando Inglaterra redujo abruptamente el precio que cobra por su crudo del Mar del Norte. Inmediatamente, Nigeria -país afiliado a la OPEP- se vio obligada a seguir el mismo camino para conservar su cuota del mercado y tratar de contener los problemas internos de su economía. Ante ello, fue el árabe Yamani quien en una reunión de emergencia en Ginebra aceptó, a finales del año anterior, que su país reduciría producción para contener la sobreoferta mundial y de paso evitar la disolución de la OPEP. Sin embargo, o Arabia Saudita no cumplió su promesa, o la superproducción era peor de lo que Yamani se imaginó. Pese a la fuertísima ola invernal que azotó a Europa a comienzos del año, la mayor demanda de crudo para calefacción no hizo subir el precio del combustible, dejándole una reducción de precios como única alternativa a los miembros de la organización.
Sin embargo, el recorte de precios fue recibido con escepticismo por los observadores, quienes insistieron en que los nuevos límites no tienen significado alguno, puesto que cada uno de los trece miembros de la OPEP viola los acuerdos a través de sutiles mecanismos que van desde ventajas tributarias para las compañías petroleras, hasta plazos de pago largos con bajos intereses. Según se afirmó en Ginebra, la única forma de asegurar un precio estable sería la de una disminución en la producción del cartel de 15 a 12 millones de barriles al día. Con todo, esa alternativa es tan drástica que ni siquiera los árabes la secundan. "Sería como pedirle a los países en dificultades que acepten cortarse la garganta voluntariamente", anotó un periodista que cubría el evento.
Además de los desacuerdos en materia de precios, la cita en Ginebra dejó en evidencia tensiones personales entre los miembros de la organización. El roce más publicitado fue el del jeque Yamani con el ministro de Petróleo de Egipto, Abdelhadi Kandil, quien asistía como observador invitado y fue "despachado" por el árabe a raíz de un desacuerdo. La tensión llegó a tal punto, que Yamani solicitó a sus colegas no invitar el egipcio de nuevo y éste contestó a su vez que su país no estaba interesado en volver, creando aparentemente, problemas en las relaciones entre las dos naciones cuyos vínculos habían mejorado recientemente.
Quizás lo más significativo de la sesión de emergencia, fue el abandono de un precio de referencia -que estaba en 29 dólares por barril- para fijar el valor del crudo. "Eso ya no existe de ahora en adelante y será el mercado el que determinará el precio en último término", dijo el actual presidente de la OPEP, M. Subroto, ministro petrolero de Indonesia.
Lo sucedido tiene, indudablemente, de plácemes a las naciones industrializadas. Aun si la OPEP logra conservar su maltrecha unidad, el golpe que ha recibido ha sido de tal magnitud, que se considera que no se volverá a hablar de crisis petrolera en lo que resta de la presente década. Tanto para Europa Occidental, como para Japón y los Estados Unidos, el nuevo precio del petróleo les augura que, en este aspecto, las perspectivas de crecimiento económico se mantienen y que nuevamente se está regresando al esquema de bonanza basado en los bajos precios del combustible.
Mientras tanto, países como México y Nigeria, que deben cumplir con un alto servicio de deuda externa, estaban amenazando con iniciar una guerra de precios que enterraría definitivamente las aspiraciones de un mercado de petróleo regulado. En el caso concreto de los mexicanos, que deben pagar intereses sobre una deuda total de 96 mil millones de dólares, una baja de un dólar en el precio por barril, implica 550 millones de dólares menos al año, por concepto de exportaciones. Por lo tanto a finales de la semana anterior, oficiales del gobierno mexicano reconocieron que su país está interesado en aumentar sus ventas en el mercado mundial para lograr un ingreso estable.
A su vez, para Colombia el resultado es bueno en el plazo inmediato, pero malo en el término de dos años. De un lado, el país se ahorrará varios millones de dólares en las importaciones que tiene que hacer durante este año y comienzos del siguiente.
Pero, si los precios se mantienen, ello quiere decir que cuando Colombia se convierta en exportador a partir de julio de 1986, se van a recibir menos divisas de lo que se tenía pensado en un principio. Lo anterior se agrava aún más, debido a que los precios del carbón -sustituto del petróleo como combustible-, seguirán deprimidos, comprometiendo de esa manera la suerte del proyecto del Cerrejón que en menos de tres semanas inicia exportaciones, en condiciones de mercadeo internacionales totalmente inciertas.

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