Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/04/03 00:00

Sale el sol

Los últimos datos acerca de la economía colombiana demuestran que volvió el crecimiento, pero sin fuerza.

Sale el sol

En Colombia en los próximos meses se deberán dar respuestas tentativas a tres importantes preguntas macroeconómicas. Primera: ¿está ocurriendo una verdadera recuperación? Segunda: ¿están evolucionando las finanzas públicas en la dirección correcta? Tercera: ¿se ha estabilizado la inflación por debajo del 10 por ciento? De obtenerse respuestas favorables a estas inquietudes se abrirían grandes posibilidades de mejorar la percepción que el mercado internacional tiene de Colombia.

Empecemos por la primera. Los datos recientes acerca del ciclo económico han traído mensajes ambiguos. Las cifras mejoraron durante el tercer trimestre de 1999, con un crecimiento anual del PIB superior al 3 por ciento y un aumento de casi el 10 por ciento anual en la producción industrial si se compara con el segundo trimestre. Las ventas al por menor aumentaron aún más. Sin embargo la evolución subsiguiente ha sido frustrante. La producción industrial decreció tanto en octubre como en noviembre, en tanto que las ventas al por menor no registraron crecimiento y las ventas de automóviles fueron perdiendo dinamismo gradualmente.

Pronto serán publicadas las cifras del PIB correspondientes al cuarto trimestre y ellas ayudarán a disipar el ruido. La estimación inicial presentada por el Departamento Nacional de Planeación de una caída del 2,5 por ciento en el PIB en el cuarto trimestre de 1999 frente al cuarto trimestre de 1998 implicaría que, frente al trimestre precedente, la economía creció a un ritmo sólido del 3,9 por ciento, lo cual sugeriría que la recuperación está ganando impulso. Sin embargo, recientemente el Ministerio de Hacienda proyectó una caída del 3,5 por ciento en el PIB para el último trimestre del año anterior, lo cual implicaría esencialmente un crecimiento nulo entre el tercer trimestre y el cuarto.

Para rematar, la economía enfrentará influencias contradictorias este año. Un elemento positivo es que la tasa de cambio se encuentra en un nivel competitivo (tanto es así que una revaluación que la devolviera a la paridad de 1.900 pesos por dólar no afectaría significativamente las perspectivas comerciales de Colombia, especialmente si se tiene en cuenta el comportamiento de los precios de los productos primarios). La política monetaria también apoyará el crecimiento, inclusive en la eventualidad de que el Banco de la República elevase las tasas de interés, ya que éstas se encuentran en niveles históricamente bajos. Sin embargo el fenómeno más importante lo constituye probablemente el final del prolongado deterioro del mercado laboral. La tasa de desempleo de 18,1 por ciento registrada en diciembre no fue recibida favorablemente dentro del país, pero no cabe duda de que marcó una mejoría. El descenso frente al récord de 20,1 por ciento observado en septiembre fue muy superior a lo que permitirían explicar los simples factores estacionales. En todo caso, no cabe duda de que el desempleo se mantiene en niveles extraordinariamente altos y una encuesta reciente indica que la gente todavía se siente insegura ante sus perspectivas laborales. Con todo, en los próximos meses debería reafirmarse la percepción de que el desempleo ya pasó su nivel más alto y ello aumentaría la confianza de los consumidores e incrementaría el gasto de los hogares. Un factor menos favorable es la fragilidad del sistema bancario, lo cual implica que las medidas expansivas del Banco de la República probablemente tendrán un efecto menor de lo normal. Adicionalmente, este año debe continuar la política fiscal contraccionista con el fin de cumplir con las metas del FMI, aunque dicha contracción no sea dramática pues la mayor parte de la mejoría en las cuentas fiscales provendrá probablemente vía la recuperación de los ingresos tributarios.

Todo lo anterior configura un panorama en el cual es probable que el crecimiento se haya reanudado, pero no con mucha fuerza, y en el cual el PIB posiblemente se expanda a un ritmo promedio trimestral de aproximadamente 4 por ciento. Ello conduciría a un crecimiento anual del PIB del 3,3 por ciento año corrido, lo cual ciertamente constituye una enorme recuperación frente a 1999 y es un poco mejor de lo que la mayoría de los analistas esperan —incluyendo a los del propio gobierno—. Sin embargo hasta el momento este escenario no se compara muy favorablemente con lo observado en el resto de la región. El PIB latinoamericano parece haber crecido más del 6 por ciento en el último trimestre de 1999, impulsado por Perú y Chile y apoyado por fuertes contribuciones de Brasil y México. Al parecer la región crecerá en 2000 aproximadamente un 4 por ciento. En este contexto Colombia luce en desventaja y se requerirán sorpresas positivas en materia de crecimiento para que el país logre atraer inversión extranjera en acciones.

La segunda incertidumbre, la fiscal, probablemente persistirá por un tiempo. Hoy existen realmente dos temas importantes que mantendrán la zozobra. En primera instancia un reto de corto plazo, que consiste en implementar el plan de austeridad del gobierno central para este año; el otro tema es de mediano plazo, y se refiere al programa legislativo que el gobierno debe tramitar para tener las herramientas necesarias para consolidar la mejoría fiscal lograda en 2000 y prolongarla en los años venideros. El primer asunto es tan importante como el segundo y el ejemplo de Brasil es diciente a este respecto. A finales de 1997 el Congreso brasileño aprobó un paquete de ajuste fiscal. Al año siguiente, sin embargo, el gasto del gobierno central se desbocó y los resultados fiscales empeoraron. El Congreso aprobó otro programa de emergencia a finales de 1998 y esta vez el gobierno se comprometió con el ajuste, manteniendo un límite estricto en los gastos y promoviendo aumentos en las tasas de tributación. El desempeño financiero del sector público mejoró enormemente en 1999, lo cual trajo como consecuencia una mejoría sustancial en la percepción de la solvencia crediticia brasileña.

De vuelta en Colombia —y continuando con el tercer gran tema— probablemente seguirá habiendo buenas noticias en materia de inflación. La incipiente mejoría en la actividad económica aún no ha ejercido presión sobre los precios. Estos aumentaron en enero mucho menos de lo usual. Las cifras de inflación ajustadas estacionalmente fueron ligeramente superiores en el cuarto trimestre, pero aún así el promedio de los tres últimos meses equivale a una cifra anual del 7,3 por ciento. Si se tiene en cuenta la disponibilidad de mano de obra que ofrece el mercado laboral y la abundante capacidad no utilizada en la industria manufacturera no parece probable una reaceleración del crecimiento de los precios al consumidor en el corto plazo. Por consiguiente, la inflación debería mantenerse por debajo del 10 por ciento.

¿Qué se puede sacar de todo esto? Como la deuda externa latinoamericana tiende a alinearse con la evolución del ciclo económico de la región, y considerando el momento del ciclo colombiano, los estrategas de renta fija de J.P. Morgan recomiendan aumentar ligeramente la participación de deuda soberana colombiana dentro de un portafolio global de mercados emergentes. Hasta el momento los indicios de la recuperación son demasiado ambiguos como para plantear una recomendación más agresiva. Adicionalmente, existe alguna preocupación acerca del programa de financiación del gobierno para el presente año, especialmente frente a su notoria dependencia de los ingresos procedentes de privatizaciones. En consecuencia, cualquier frustración que surja en el proceso de privatización podría requerir la emisión de un monto considerable de deuda externa nueva, la cual entraría a sobrecargar el mercado internacional. A pesar de este riesgo la recomendación de compra de bonos colombianos se aplica de manera uniforme a todas las emisiones de deuda soberana, aunque con algún énfasis adicional sobre el bono República de Colombia con vencimiento en 2007.

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