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| 1/8/2011 12:00:00 AM

Salvados en el último minuto

El Congreso de Estados Unidos aprobó en su última sesión de 2010, y por muy poco tiempo, la ampliación del Atpdea para Colombia. Eso muestra que las reglas comerciales con el principal socio siguen embolatadas. SEMANA revela detalles de la apremiante sesión en la que se aprobó, que reflejan la fragilidad del esquema y la urgencia del TLC.

El cierre de 2010 fue de photo finish para el comercio entre Colombia y Estados Unidos. Minutos antes de finalizar su última sesión, el 22 de diciembre, el Congreso gringo aprobó la ley conocida como Atpdea, que ofrece preferencias comerciales a las exportaciones colombianas.

Esto hizo que muchos productores locales pudieran celebrar tranquilos el año nuevo, pues gracias a esa norma van a seguir vendiendo sus artículos sin problemas en el mercado estadounidense. Sin embargo, la nueva prórroga solo va hasta el 15 de febrero próximo -apenas el tiempo suficiente para no afectar las ventas de flores del Día de San Valentín- y por eso sobre la mesa quedaron más interrogantes que respuestas acerca del futuro comercial entre las dos naciones.

Como el Tratado de Libre Comercio (TLC) sigue embolatado, el Atpdea es lo más real que tiene el país hoy en materia bilateral. A través de este esquema se exportan casi 10.000 millones de dólares al año, es decir, 61 por ciento del total de las ventas a Estados Unidos. En la lista hay flores, textiles, confecciones y hasta petróleo. Y esas preferencias arancelarias les permitieron a los exportadores colombianos ahorrar más de 100 millones de dólares el año pasado.

El problema es que este esquema es temporal y eso condena a los beneficiarios a pedalear cada vigencia para lograr una prórroga. Es decir, todo queda a la discreción de los legisladores, lo que no sirve para pensar en relaciones comerciales de largo aliento, contrario a lo que pasa ya con Perú, que implementó el TLC con Estados Unidos y, en consecuencia, tiene unas reglas de juego claras por siempre.

Así fue la sesión

Esa última aprobación del Atpdea es una historia de drama con final feliz y muestra claramente lo frágil que puede llegar a ser este esquema para Colombia. La ley estaba en un paquete con otras dos normas que promulgaban beneficios comerciales para 130 mercados. Una de ellas, el Sistema General de Preferencias (SGP), fue bloqueada por el congresista republicano Jeff Sessions, pues la ley le daba preferencias a Bangladesh, donde hay compañías que fabrican bolsas para dormir (sleeping bags). Sessions es propietario de una compañía de esta misma clase en Estados Unidos, así que se mostró preocupado por el futuro de su industria y los empleos que genera. Por eso, se opuso a la aprobación de todo el paquete legislativo.

Aunque no tenía nada que ver con el tema, el Atpdea quedó atrapado en esa discusión y se convirtió en una víctima indirecta de los intereses de Sessions. El asunto quedó en eso hasta el 22 de diciembre, día en que terminaban las deliberaciones. En ese momento, las tres leyes estaban hundidas y nadie daba un peso por que pasaran esa dura prueba.

El equipo de la Embajada en Washington, liderado por el embajador Gabriel Silva Luján, buscó que el tema se discutiera de manera independiente y con las otras dos leyes. Para lograrlo había que buscar un argumento contundente. El mejor de ellos fue la crisis originada por el invierno. Se les planteó a varios congresistas que no sería una buena decisión dejar a Colombia sin beneficios para exportar justo cuando está enfrentando la peor tragedia invernal de toda su historia. Sería sumar un problema más a la larga lista de los que ya tiene el país. Así, el Atpdea se volvió un tema humanitario.

La idea caló en el senador republicano John McCain, quien convenció a varios de sus colegas de votarlo como un proyecto independiente. Todos estuvieron de acuerdo, pero bajo la condición de que solo se extendiera hasta mediados de febrero; esto como ya se dijo ayudaría a los floricultores, que podrían aprovechar San Valentín, festividad que tendrá lugar el 14 de febrero. Y eso fue lo que finalmente aprobaron ese mismo miércoles 22 de diciembre a las 6 de la tarde. De hecho, fue el último proyecto aprobado por el Legislativo estadounidense en la vigencia 2010.

Eso es el Atpdea: unos beneficios muy importantes pero que van a la deriva en medio de los intereses de los legisladores norteamericanos y pueden terminar bloqueados en cualquier trancón del Congreso. Ahora hay que empezar prácticamente de ceros otra vez para impulsar otra prórroga y no existe ninguna garantía de que aprueben otra vez las preferencias como toca, es decir, para varios años.

Además, la solución definitiva en materia comercial, el TLC, al que solo le falta la ratificación del Congreso norteamericano, sigue embolatado porque el presidente Obama no da señales de querer impulsarlo.

La estrategia

Sin duda, detrás de toda situación problemática hay una oportunidad. En este caso, lo positivo es que a pesar de lo apretado de la aprobación, en el Legislativo estadounidense se generó un ambiente positivo. Esto puede jugar a favor.

Por ejemplo, quedó demostrado que todavía hay amigos que se la juegan por el país, como McCain, quien además llega este domingo a Colombia para constatar la dura situación de los afectados por el invierno. Su opinión y ayuda serán fundamentales en las nuevas discusiones legislativas, que empezaron el pasado miércoles en Washington. Lo primero que hay que hacer es seguir buscando esta clase de amistades.

Para eso, precisamente, viajó el vicepresidente Angelino Garzón a Estados Unidos. Va a mover el tema y a tratar de poner de su lado a los sindicalistas gringos, que han sido duros críticos del libre comercio, especialmente con nuestro país.

El otro aspecto de la estrategia, tal como lo planteó el ministro de Comercio, Sergio Díaz Granados, es lograr que la nueva prórroga que se gestione se dé para 18 meses o dos años, pues si se logra solo para un año, sería repetir la historia.

Un tercer punto de la estrategia es convencer al Congreso norteamericano de que mientras no haya TLC debe haber Atpdea. Eso tiene dos mensajes: el primero, el de la estabilidad en las reglas comerciales; el segundo, que solo con un tratado Colombia subiría de estatus en el ranking de prioridades estadounidenses; hay que dejar claro que el país ya no quiere ser solo un beneficiario que recibe dádivas, sino un verdadero socio comercial. Eso es lo que significa dar el salto de los beneficios temporales al TLC, como ya lo hizo Perú.

Finalmente, hay que hacerle un nuevo envión al gobierno Obama: si se decidiera a mover el TLC, probablemente la historia del tratado sería otra hoy; se debe aprovechar este ambiente positivo que se respira en el año nuevo a favor de Colombia y más con una Cámara de mayoría republicana, a la que le gusta el libre comercio.

Es claro que la coyuntura puede ser propicia para darle un giro a la situación y buscar la solución definitiva. La clave está en jugar inteligentemente las cartas. En cualquier caso, la estrategia que se adopte deberá mostrar resultados en las próximas semanas. Esta ya es una carrera contra el reloj.
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