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| 11/6/1995 12:00:00 AM

SE ABRIO LA PUERTA

Por primera vez en la historia de Colombia las cifras de inversión extanjera alcanzan niveles determinantes para la buena salud de la economìa.

POR MUCHOS AÑOS A COLOMBIA SOLO LLEgaron historias de los 'tigres asiáticos', países que en el pasado eran pobres y en un par de décadas se convirtieron en milagros económicos. Su hazaña no podía causar menos que envidia: Taiwan, Singapur, Corea del Sur y Hong Kong habían encontrado la fórmula mágica del desarrollo sin grandes yacimientos de recursos naturales y sin extensos territorios para dedicar a la producción agrícola. La gran diferencia con respecto a otros países del Tercer Mundo estaba en las estrategias que habían adoptado para buscar el crecimiento. Mientras que los tigres optaron por seguirle el paso al mundo desarrollado, adaptando sus economías y abriendo sus puertas a los inversionistas, América Latina miraba hacia adentro, importándole muy poco lo que ocurría más allá de sus fronteras. Obviamente, esa actitud introvertida se reflejó en Colombia. Las cifras de inversión foránea en el país no superaron la marca de los 200 millones de dólares anuales durante largos años. La única excepción tuvo lugar a mediados de la década pasada, cuando por cuenta de El Cerrejón Zona Norte, la Exxon invirtió 1.500 millones de dólares. Pero esa circunstancia fue la excepción y no la regla.
Hoy, sin embargo, esos tiempos han cambiado. Según las cuentas oficiales, la inversión extranjera en Colombia debe superar durante 1995 la marca de los 3.000 millones de dólares. Por primera vez en muchos años Colombia se comienza a codear en esa materia con naciones que en el continente han despertado tradicionalmente más apetito que un país que todavía conserva actitudes ambivalentes frente al capital extranjero.
La importancia de ese rubro es tanta que le ha permitido a la economía nacional sortear en buena parte un déficit comercial que en el primer semestre ya había llegado a 1.500 millones de dólares. "Si no hubiera sido por la inversión extranjera habríamos tenido serias dificultades para mantener la estabilidad de la economía, después de crisis como la de México", sostiene el exministro Mauricio Cárdenas.

A LA CAZA
Lo ocurrido es el resultado de nuevas oportunidades para los extranjeros y cambios profundos en las normas. A nadie le cabe duda de que las reglas de juego para invertir en Colombia no eran atractivas.
Uno de los primeros en caer bajo los efectos del bisturí fue el dólar. El viejo estatuto cambiario fijaba una serie de normas para controlar su salida y regulaba su precio; con su desmonte, la tenencia de divisas dejó de ser un mito, y su cotizaeión quedó en manos de la oferta y la demanda. El manejo del mercado de capitales también pasó por el quirófano: al sector financiero se le dio una apertura total, mientras que a los inversionistas extranjeros se les fijaron las mismas reglas que a los nacionales.
Otras operaciones laterales también sirvieron para mejorar el look del país. Las reformas al régimen laboral y a la seguridad social flexibilizaron los términos de contratación de servicios personales. Las rebajas arancelarias y los convenios de integración regional abrieron las puertas al mercado regional. Gracias a éstas, los colombianos encontraron unos socios que nunca se habían imaginado: sus vecinos. Los inversionistas latinoamericanos encontraron en Colombia un buen sitio donde colocar su dinero: en 1990 las inversiones directas de América del Sur ascendieron a 6,5 millones de dólares, mientras que en 1994 alcanzaron los 62 millones de dólares. La integración fue de doble vía. Colombia no sólo se convirtió en un captador del dinero de sus vecinos, sino que también entró en el club de los inversionistas. Compañías como Carvajal, Alpina, Cadenalco, Jeans & Jackets y, en las últimas semanas, Icollantas, extendieron sus brazos al extranjero. La banca también se internacionalizó: el Banco de Colombia compró el Banco Consolidado de Ecuador y el Banco Ganadero adquirió el Banco Unión de Venezuela.

EL DESPEGUE
Con esos cambios la mirada hacia Colombia fue distinta y comenzó a existir en términos de flujos de capitales. Así lo demuestran las calificaciones de bajo riesgo que las evaluadoras internacionales -Moody's, Duff & Phelps y Standard and Poors- le han otorgado. Esa categoría la comparte únicamente con Chile entre los países latinoamericanos. El monto de la inversión directa también ha cambiado. Así lo destacó el ministro de Hacienda, Guillermo Perry, quien en una reciente intervención señaló que ésta ha experimentado "un crecimiento vertiginoso. Pasó de 501 millones de dólares en 1990 a 1.639 en 1994 y un estimado de 3.092 millones de dólares para 1995".
Las actividades beneficiadas con estos capitales han sufrido significativas modificaciones. Si antes las inversiones directas estaban orientadas a la industria manufacturera, sobre todo a maquinaria y equipo, éstas se volearon al sector de servicios. La banca en un primer momento y, luego, el comercio y la hotelería, encontraron en los recursos foráneos un dinamizador de su crecimiento. Según Coinvertir, los capitales destinados para el primer sector aumentaron en 2.360 por ciento entre 1991 y 1992, mientras que los destinados al segundo lo hicieron en un 2.100 por ciento entre 1993 y 1994. Otras áreas de la producción que no habían tenido ingresos externos han adquirido dinamismo en los ùltimos años, como son la industria textil, la de transporte y las comunicaciones.
No obstante, es indudable que por volumen el petróleo seguirá siendo el sector preferido. Las inversiones en este campo se han multiplicado por seis en lo que va corrido de la década, debido en buena parte al desarrollo de los pozos de Cusiana y Cupiagua. Esa tendencia debería continuar en la medida en que se anticipan nuevos descubrimientos. Según Ecopetrol, existen yacimientos por descubrir con un potencial combinado de 15.000 millones de barriles de crudo, equivalentes a 10 veces la riqueza de Cusiana.
Las inversiones de portafolio en bonos y acciones han tenido bastante éxito. Las altas tasas de interés y la confianza en el país han permitido que los fondos de inversión extranjera hayan tenido un crecimiento constante, pues en agosto manejaban recursos por 859 millones de dólares. Su comportamiento es uno de los mejores termómetros de la buena salud de la economía, pues no fue afectado por la crisis económica de México. Al respecto señala un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe -Cepal-, "las inversiones de cartera (bonos y acciones) y algunas colocaciones a corto plazo se redujeron en forma notable, especialmente en los primeros meses del año. A pesar de esa disminución el saldo sería positivo, aunque inferior en casi todos los países latinoamericanos. Las excepciones son Colombia, que mantendría el elevado monto del año precedente (...)".
Si el 'Efecto tequila' trasnochó a los economistas al principio de año, el 'Efecto Medina' se ha robado los titulares de verano por las posibles repercusiones de la crisis política. Sin embargo hasta la fecha el comportamiento de las inversiones de portafolio parece silenciar las voces de los apocalípticos. Para el director de la Corporación Invertir en Colombia -Coinvertir-, Armando Vegalara, no hay temor entre los inversionistas: "Quienes están a la expectativa son los que conocen el país. Por ahora, los indicadores se mantienen y las instituciones prueban su eficacia. Lo político no pasa de tener efectos coyunturales".

LOS PEROS
Pero las perspectivas para la inversión extranjera en Colombia no están como para cantar victoria, ni mucho menos para dormirse en los laureles. El World Economic Forum realiza anualmente una evaluación de la competitividad de los países hacia donde se están orientando los flujos de capital. Colombia se mencionó por primera vez en ese documento en 1994, cuando ocupó la posición 30 entre 41 naciones; este año está en el puesto 36 entre 48. A primera vista el descenso podría explicarse porque siete nuevos países entraron a formar parte del selecto grupo. Sin embargo, en la calificación particular que efectúa el estudio en varias áreas particulares, el país deja mucho qué desear. Las notas más bajas las obtiene en puntos como infraestructura, la calificación de su gente y la internacionalización. Le va relativamente bien en cuanto al desempeño del gobierno y de la economía.
Todo esto sin hablar de los problemas de seguridad o del riesgo político que empieza a ser mirado con algo de nerviosismo en los principales centros financieros del mundo. En las últimas semanas el descuento de la deuda colombiana que se transa en el extranjero ha aumentado de manera notoria.
No obstante, el país confía en seguir contando con flujos de inversión extranjera importantes. Los cálculos de Planeación Nacional hablan de 2.877 millones de dólares por este concepto en 1996, una cifra nada despreciable para una economía que antes medía tales registros en decenas de millones. Y aunque la mayoría de esa proyección se concentra en el sector petrolero, es de esperar que por lo menos una tercera parte de dichos recursos sea destinada a otras áreas.
Pero para que eso sea posible es necesario que la tranquilidad vuelva al sector empresarial. Si bien las compañías del sector petrolero tienen una larga experiencia en países con altos márgenes de inestabilidad política y no se dejan asustar fácilmente, en sectores más conservadores la cosa es a otro prenio.
La más reciente encuesta de Fedesarrollo reveló una caída preocupante en el ritmo de inversión privada local. Sólo falta esperar que ese nerviosismo no se extienda a los inversionistas extranjeros, que después de años de desconfianza han empezado a venir a un país que, con sorpresa, descubrió que gracias a esos dólares ha logrado una nada despreciable estabilidad en su economía.
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