Sábado, 21 de enero de 2017

| 2010/07/24 00:00

Se complica la cosa

El liquidador del caso Madoff demandó al Grupo Fairfield Greenwich, a sus filiales y directivos, incluido el colombiano Andrés Piedrahíta, uno de los socios de la firma, por 3.600 millones de dólares.

El ex financista Bernard Madoff fue condenado a 150 años de cárcel por armar una telaraña financiera en la que conseguía que inversionistas le confiaran miles de millones de dólares con la falsa promesa de obtener importantes rentabilidades.

Un año y medio después de que Bernard Madoff confesó la mayor estafa en la historia financiera del mundo, comenzaron las demandas del agente liquidador del caso contra los intermediarios que captaban dinero para invertirlo en el esquema que montó el ex financista estadounidense y que resultó ser una pirámide en la que se perdieron cerca de 60.000 millones de dólares.

Irving Picard, encargado de liquidar los activos de Madoff, demandó la semana pasada en un tribunal de la ciudad de Nueva York a 19 ejecutivos de Fairfield Greenwich, incluidos los socios fundadores, y a 25 filiales del grupo, por considerar que eran conscientes de la gigantesca estafa y por hacerse los de la vista gorda con la intención de enriquecerse.

En la lista de los demandados se encuentran Walter Noel, su yerno Andrés Piedrahíta y Jeffrey Tucker, los tres socios fundadores del Grupo Fairfield Greenwich, firma que atraía grandes inversiones para Madoff y que resultó ser la más perjudicada en la defraudación de la pirámide.

A los demandados, incluyendo personas naturales y jurídicas, se les reclaman, en total, 3.600 millones de dólares que, según el documento judicial, buscan reparar el daño que sufrieron los clientes del financista Madoff, hoy condenado a 150 años de cárcel por armar una telaraña financiera en la que conseguía que inversionistas le confiaran miles de millones de dólares con la falsa promesa de obtener importantes rentabilidades. Todavía las autoridades no han logrado desenmarañar completamente la operación de la pirámide que sostuvo por años.

De acuerdo con la demanda, el Grupo Fairfield Greenwich y los fondos de inversión que se creaban bajo su sombrilla captaban miles de millones de dólares que le traspasaban a Madoff para que los administrara. Se estima que este grupo le confió poco más de 7.000 millones de dólares. Uno de los argumentos más radicales expresados por el liquidador contra los demandados es la relación que Fairfield Greenwich y sus responsables tenían con el financista estadounidense. Afirma que era duradera y que debían ser conscientes de que había "alguna probabilidad de que se tratara de un fraude". Pero sin duda, la frase más dura de la demanda señala que "cada dólar que los acusados supuestamente ganaron y cada dólar con que se quedaron constituye un enriquecimiento ilícito; en otras palabras, es dinero robado".

La demanda hace un recorrido detallado por la relación entre los fondos de Fairfield y Madoff. La describe como una unión de hecho, y argumenta que el fondo alimentador ayudó a impulsar un esquema de pirámide, mientras que algunos de los ejecutivos demandados hacían sus propias fortunas.

El agente liquidador agrega en el documento judicial que Fairfield mintió a los inversionistas acerca del monitoreo que hacía a las operaciones y al rendimiento de los dineros invertidos en el fondo de Bernard Madoff. Esta ha sido una acusación recurrente de los diferentes reguladores. En Massachusetts se acusó a la sede de Fairfield en Connecticut de mentir sobre su conocimiento del funcionamiento de la estructura financiera de Madoff y de no hacer la debida diligencia.

Según alega el liquidador, Fairfield Greenwich también aseguró a los inversionisas que la firma PricewaterhouseCoopers había realizado visitas bianuales a la firma de Bernard Madoff, cuando en realidad solo fue dos veces en toda la historia del fondo.

Esta no es la primera demanda que enfrentan Andrés Piedrahíta, su suegro Walter Noel y otros directivos del Grupo. En diciembre de 2008, varios inversionistas los habían demandado ante un tribunal de Nueva York por considerar que descuidaron su dinero. En mayo del año pasado, Picard también entabló una queja contra tres de los fondos del Grupo.

El año pasado Fairfield Greenwich y sus responsables aceptaron pagar ocho millones de dólares para poner fin a una demanda civil en Massachussets, con lo cual cubrieron el 15 por ciento de las pérdidas que sufrieron los inversionistas en ese estado.

La firma y sus directivos siempre han rechazado las acusaciones, aduciendo que ni la empresa ni sus empleados tenían conocimiento del fraude o de la forma como se venía tejiendo. Y ese argumento lo aceptó la justicia española recientemente, cuando los exoneró de toda responsabilidad.

Los responsables de Fairfield Greenwich aseguran que en esta defraudación también son víctimas, pues perdieron los tres socios 70 millones de dólares.

Sin embargo, eso no es lo que piensa el liquidador. Picard asegura que "los acusados no son víctimas, sino facilitadores. Ahondaron el dolor de los clientes de Madoff y sus propios inversores. El efecto de sus acciones fue la continuidad de la pirámide, el empeoramiento de la insolvencia de Madoff y miles de millones de dólares en daños adicionales". El documento dice que Piedrahíta y sus otros dos socios se repartieron utilidades por cerca de 400 millones de dólares, sin incluir primas y sueldos.

Concretamente sobre Piedrahíta, el documento, que consta de más de 200 páginas, alude a los 162 millones de dólares que ganó entre los años 2002 y 2008 por repartición de las sociedade, además de la compensación adicional en forma de sueldos y primas. En más de 60 ocasiones Picard cita al colombiano en su alegato, argumentando que estuvo involucrado íntimamente con las operaciones del grupo Fairfield Greenwich Group, incluidas las operaciones de los fondos alimentadores.

Resalta que tenía la mayor remuneración en este grupo y que ocupaba una alta posición como socio fundador, miembro de la Junta Directiva y presidente de su Comité Ejecutivo desde 2007.

Para el liquidador, Piedrahíta era plenamente consciente de muchos hechos preocupantes, pero dice que obvió las banderas rojas que alertaban sobre la estructura que tenía montada Madoff. Picard no dejó pasar detalles de la vida de lujos que llevaba Piedrahíta y que ha sido tema de varios artículos periodísticos en la prensa social y financiera de Europa y Estados Unidos. Señala que como trotamundos de Madoff llevó una vida de multimillonario: jets, yates, fiestas extravagantes y caza de faisán con la realeza.

Finalmente, el demandante hace claridad sobre la jurisdicción que tiene el distrito judicial de Nueva York para atender la demanda contra Piedrahíta, dadas sus actividades comerciales rutinarias en esta ciudad, además de que sus ingresos fueron derivados de la oficina de Nueva York de Fairfield Greenwich y asistió regularmente a sus reuniones.

Según abogados que siguen el caso, la primera batalla que podría dar Piedrahíta es cuestionar la jurisdicción, antes incluso de demostrar que no fue cómplice del fraude. De no lograrlo, la situación se le podría complicar. Lo cierto es que en el transcurso del proceso podrían presentarse embargos preventivos y eventualmente remate o devolución de activos.

Aunque esta es una demanda de carácter civil en búsqueda de bienes para repartir entre los inversionistas afectados por Madoff, sin implicaciones penales hasta el momento

La firma Fairfield Greenwich, por su parte, en un comunicado, señaló que no comprende la demanda de Picard y nuevamente rechazó las acusaciones de contribuir al fraude. Thomas Mulligan, un portavoz de Fairfield, citado por el diario The Wall Street Journal, dijo que estas acusaciones son un refrito y que no hay cómplices del fraude. Además, aseguró que la compañía viene cooperando con el liquidador y está dispuesta a trabajar en una solución.

Ahora bien, aunque la demanda no ofrece ejemplos concretos que muestren un conocimiento directo de los directivos y socios de Fairfield Greenwich en el engaño, sí advierte que los demandados tenían que haber visto las banderas rojas que alertaban sobre problemas con la firma de Madoff.

La verdad es que por más duras que suenen las acusaciones, son las mismas que han existido desde el primer momento, en el sentido de ser más un asunto de responsabilidad por negligencia u omisión, que de complicidad directa. Fairfield se ha defendido siempre diciendo que si la SEC, la máxima autoridad del mercado de valores en Estados Unidos, encargada de vigilar los fondos, no descubrió el fraude, ellos tampoco tenían por qué hacerlo.

Para algunos abogados, como se trata de una demanda no de la justicia sino del agente liquidador, se entiende por qué este, en su afán de recuperar una meta que se ha propuesto de 10.000 millones de dólares, está dispuesto a buscar hasta debajo de las piedras el dinero que perdieron los inversionistas en la pirámide de Madoff.

Hasta ahora ha reunido cerca de 1.500 millones para las víctimas y ahora les reclama a Fairfield y a sus asociados 3.600 millones, para llegar a la mitad de la cifra buscada. Esta cruzada del liquidador asegura que los días que vienen para Fairfield, sus socios y directivas seguirán siendo bastante amargos.

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