Domingo, 23 de noviembre de 2014

| 1995/06/12 00:00

SE DEFORMA LA REFORMA

La propuesta de cárcel para los evasores le subió el perfil a la reforma tributaria, pero los problemas políticos en el Congreso pueden hundir a la iniciativa en pleno.

SE DEFORMA LA REFORMA

COMO DIRIAN LOS EXPERtos en películas de terror, se trata de un fantasma viejo con sábana nueva. Quizás por esa razón el susto pudo ser medianamente controlado cuando la semana pasada se anunció que era posible que el proyecto de ley que contiene la nueva reforma tributaria, incluyera normas penales para castigar la evasión de impuestos.
La noticia, como era de esperarse, acaparó los más diversos titulares. Semejante anuncio es importante, sobre todo en un país en el cual se estima que se evade una tercera parte de lo que se recauda. Pero pasado el susto inicial, los más curtidos en estas lides recuperaron la tranquilidad. Todavía se recuerda que en 1992 el gobierno de Gaviria propuso algo similar, con ocasión de la reforma tributaria presentada en ese momento por Rudolf Hommes. Y aunque la reforma salió adelante, la cárcel contra los evasores acabó durmiendo el sueño de los justos.
En esta ocasión, la iniciativa se encuentra incluso menos elaborada. "No es una propuesta en firme", le dijo a SEMANA el representante Rodrigo Garavito, coordinador de ponentes del proyecto de ley. Aunque la bola se echó a rodar la semana pasada, la verdad es que hasta ahora solamente unos pocos miembros del Congreso y un puñado de técnicos del Ministerio de Hacienda tienen ideas al respecto.
La razón de todo el alboroto, es el convencimiento de que a la iniciativa gubernamental le faltan dientes en este campo. Según las cuentas del gobierno, el proyecto de racionalización tributaria debe generar ingresos adicionales por el equivalente a 1,4 puntos del Producto Interno en 1998. Eso, en dinero de hoy, equivale a unos 900.000 millones de pesos al año. Pero, de acuerdo con el plan de desarrollo aprobado por el Congreso hace unas semanas, la administración actual aspira a recaudar adicionalmente cerca de una tercera parte de esa suma, por cuenta de ganarle terreno a la evasión.
Semejante objetivo sólo se logra con buenos instrumentos. Esa fue la razón por la cual el congresista Garavito echó a volar la idea de la cárcel para los evasores al fisco, para ver qué tan bien caía en la opinión. Para sorpresa de muchos, una encuesta hecha por una cadena radial acabó dando como resultado un virtual empate entre los amigos y los opositores de la idea.
Todo este proceso, ha contado con el silencio del gobierno, que prefirió en un momento no exponerse al desgaste que tiene una propuesta de ese tenor. "Primero está la penalización del contrabando", opinó el ministro de Hacienda, Guillermo Perry.
La razón de que pocos le apuesten a las posibilidades de la iniciativa abunda. El problema con la idea de la cárcel para quienes defrauden al Estado es que aunque muchos estén de acuerdo en teoría, los problemas prácticos son de tal magnitud, que es difícil evitar las posibles injusticias o abrirle una nueva puerta a la corrupción, en un país donde ambos fenómenos pululan. Todo lo anterior no quiere decir que los amigos del proyecto estén en contra de la propuesta. En verdad, la cárcel para los evasores tiene muchos amigos pero más por razones tácticas que estructurales. Los conocedores del tema saben que este puede ser usado como una cortina de humo para distraer la atención, evitando que se malogren aspectos claves de la reforma tributaria. En otras palabras, no importa que la iniciativa de la prisión sea derrotada, si eso se entrega a cambio de que el Congreso apruebe el resto del proyecto del gobierno.
Semejantes cuentas se hacen bajo el presupuesto de que, aunque tortuoso, el camino del proyecto tributario parecía despejado. Eso era probablemente válido a comienzos de mayo cuando el Congreso se mostraba dispuesto a colaborar en las seis semanas que le quedaban de legislatura.
Sin embargo, hoy las cosas son a otro cantar. Por cuenta de la propuesta de reforma política y de las acusaciones de la Fiscalía, el Parlamento está revolcado. La semana pasada nadie apostaba un peso por el paso de este proyecto de ley, ni por ningún otro, debido a la rabia con la que muchos estaban mirando a la Casa de Nariño. De tal manera que Ernesto Samper deberá hacer gala de su talento político si quiere sacar la legislatura adelante. Porque tal como están las cosas, la reforma tributaria y las demás leyes que quería el gobierno se encuentran por ahora en la misma situación que algunos quisieran ver a los evasores: entre rejas.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×