Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1985/06/24 00:00

SE DESCOSIO LA BOLSA

La caída en el precio de los Certificados de Cambio le produce millonarias pérdidas a quienes especulan en la Bolsa de Valores

SE DESCOSIO LA BOLSA

Es muy posible que cuando Ariel Armel, el serio presidente de la Confederación Colombiana de Consumidores sale en la televisión pidiendo un tate quieto para los especuladores, no se esté refiriendo a los que invierten en la bolsa de valores, pero la semana pasada se presentó allí una de esas movidas del mercado que castigó duramente a los que le apostaron a los precios altos y perdieron. Todo se debió a la imprevista caída en el precio de los Certificados de Cambio el papel estrella de los inversionistas, el cual se vino en barrena precipitando situaciones de pánico de las que solo se ven en las bolsas de valores.
Lo sucedido terminó con una época de frenesí que comenzó a inicios de este año, cuando el gobierno decidió acelerar el ritmo de devaluación del dólar hasta niveles insospechados. A mediados de febrero los observadores destacaron cómo, con la devaluación avanzando a grandes pasos, era muy conveniente comprar un certificado de cambio (título cuyo valor se expresa en dólares y se redime a los tres meses de su expedición al cambio del día), dejarlo madurar y cambiarlo ante el Banco de la República, logrando rentabilidades superiores al 60% anual. La práctica fue iniciada por las compañías multinacionales, las cuales recibieron orden de sus casas matrices de colocar cualquier excedente en certificados, con el fin de protegerse de una eventual devaluación masiva. Tal movimiento hizo que, contrariamente a lo tradicional, el precio del papel superara al cambio oficial por uno o dos pesos (ver gráfico).
La verdadera locura comenzó en marzo cuando el gobierno apretó a fondo el acelerador de la devaluación y la mayoría de los inversionistas se dieron cuenta de la oportunidad. Como resultado, la "prima" (diferencia entre el cambio oficial y el certificado) ascendió llegando hasta niveles de cinco pesos, lo cual fue considerado como totalmente escandaloso. La situación se complicó cuando los especuladores se dieron cuenta de que no había mejor negocio que comprar un certificado y venderlo a los pocos días a una prima mucho mayor a la pagada. De tal manera, hubo gente que en menos de una semana obtuvo millonarias ganancias y rentabilidades que llegaron a superar el mil por ciento anual .
La especulación se aceleró en abril debido a que el precio del certificado estaba aumentando a mayor ritmo que el del tipo de cambio oficial. A finales del mes la prima llegó a superar los seis pesos, cosa que al parecer no asustó a nadie pues los volúmenes transados superaron en más de una oportunidad los mil quinientos millones de pesos diarios. Con todo, no faltaron las voces de alerta ya que con esa diferencia y, aún con la rápida de, valuación, un inversionista apenas si alcanzaba a obtener una rentabilidad aceptable por su dinero. "Para adquirir certificados a esos precios o se estaba loco o no se conocía el negoció", anoto un corredor de bolsa hace pocos días.
Sin embargo, pasaron varios días antes de que los llamados a la prudencia tuvieran eco. En la segunda semana de mayo la prima alcanzó los ocho pesos, al llegar el certificado a 143 pesos contra 135 del cambio oficial. Si bien se realizaron transacciones a ese precio, ya la mayoría de la gente sabía que una corrección era inminente.
Los días siguientes confirmaron esa expectativa. En cinco dias la prima pasó de ocho a cuatro pesos y el viernes 24 estaba cercana a los dos con cincuenta. Quien compró certificados de cambio el 13 de mayo a 143 pesos, apenas los podía vender a 139.50 el viernes pasado, lo cual da una pérdida de tres pesos con cincuenta centavos por dolar, sin tener en cuenta el pago de comisiones ni el lucro cesante de un dinero inmóvil.
Aunque la semana anterior todavía se buscaban las razones de semejante sacudida, los conocedores explicaron que todo se debió a tres temores principales. El primero, la solicitud del "comité de sabios" que agrupa a varios estudiosos de la economía, el cual le pidió al gobierno que redujera el ritmo de devaluación. Como consecuencia, se creyó que la rentabilidad del certificado se iba a ver reducida y mucha gente decidió vender a toda costa. De la misma manera, los especuladores se vieron afectados debido a la decisión de la bolsa de duplicar la comisión por cada transacción realizada, lo cual disminuye notoriamente los márgenes de ganancia de aquellos que compraban un día para vender al otro. Finalmente, el pánico de los especuladores produjo una estampida que acabó de deprimir el precio del certificado de cambio.
Si bien para finales de la semana pasada el papel había recuperado parte de sus ventajas iniciales, la mayoría de expertos estaba de acuerdo en que el boom ya pasó. De un lado, el gobierno ha desacelerado en algo la devaluacion, lo cual unido a unas perspectivas cambiarias más claras (ver recuadro) ha convencido a la gente de que el dólar oficial no se va a disparar tanto como se creyó en un principio. Por otra parte, se estima que con las pérdidas incurridas los especuladores han aprendido su lección y no van a volver a alterar un mercado que tradicionalmente había sido calmado. "La caída en el precio del certificado actúo de coladera ahora deben quedar los inversionistas de verdad", puntualizó un miembro de la Bolsa de Bogotá.
TODO LISTO
Puede no ser el mejor remedio para la economía colombiana, pero la semana pasada quedó sellada la suerte del país, cuando el Congreso aprobó el texto del paquete fiscal que fija las pautas complementarias del programa de ajuste para lo que queda de este año. Después de unos quince días de intenso trabajo, la corporación se plegó en términos generales, a las intenciones del gobierno, no sin antes expresar sus dudas por el manejo de la economía.
La noticia vino a agregarse a las buenas nuevas provenientes de Nueva York, donde los negociadores colombianos y los banqueros internacionales dejaron prácticamente listo el acuerdo de préstamos externos al país, indispensables para el desarrolla normal de los proyectos de explotación de carbón y de petróleo. Al caba de largas jornadas en las cuales se logró vencer la reticencia de los financistas privados, se llegó a un pacto que debe ser protocolizado esta semana por el ministro de Hacienda en Manhattan. Si bien faltaba la confirmación oficial, se creía que los mil millones de dólares pedidos se contratarán a un plazo de 10 años y una tasa de interés del 1516 por encima del Libor (tasa interbancaria de Londres, cuyo nivel estaba en 8.5% anual la semana pasada). Lo alcanzado es muy bueno, pero no lo mejor en Latinoamérica. En su edición del lunes 20, The Wall Street Journal informó que Venezuela estaba a punto de alcanzar un acuerdo con un comité de 13 bancos privados, con el fin de reestructurar cerca de 21 mil millones de dólares de su deuda externa, a una tasa de 1 18 puntos porcentuales por encima del Libor. Teniendo en cuenta que el país vecino ha incumplido en sus pagos de deuda y adelanta un plan de ajuste sin acuerdo formal con el FMI, muy similar al colombiano, es evidente que nuestro país presenta un mayor riesgo para los banqueros internacionales.
Con la concreción del paquete fiscal y la definición de los créditos externos finaliza el capitulo comenzado en septiembre de 1984, cuando el país había perdido toda credibilidad a nivel internacional y parecia irremediablemente condenado a sufrir una crisis de grandes proporciones. Aunque la situación no ha sido nada fácil, los economistas oficiales insisten en que se ha logrado detener el proceso de deterioro que existia. Con todo, las cifras de resultado en dos frentes, precios y empleo, han sido poco alentadoras y la mayoria de los especialistas sostiene que la situación se endurecerá aún más en los próximos meses.
Esas criticas son conocidas por el equipo económico, el cual dispone de los elementos básicos para cumplir con las metas que se han fijado con el Fondo Monetario Internacional, en lo que hace al desempeño de la economia. "Están los créditos y están las leyes. Ahora veamos si "sí se puede", sostuvo amenazante un senador liberal en el Congreso la semana pasada, "porque de lo contrario--agregó- van a rodar muchas cabezas". -

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