Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/01/19 00:00

¿Se duerme el dragón?

Todo indica que la recesión en Estados Unidos y en varios países de Europa golpeará a China más duro de lo que se pensaba.

En Drummond aseguran que las inversiones se mantienen. Sin embargo, tienen un lío por resolver porque deberán buscar un trazado para la línea alterna de su tren carbonero

En los primeros días de 2009, la prensa internacional se ha ocupado insistentemente de China. Los titulares han sido bastante pesimistas: hablan de desaceleración y de contagio de la crisis económica mundial.

El problema es que, hasta hace unos meses, todos confiaban en que su economía seguiría creciendo a un ritmo vertiginoso y podría amortiguar el impacto global de una recesión en Estados Unidos y Europa. Hoy ya muchos lo dudan.

Las últimas cifras conocidas confirman la desaceleración del gigante asiático que ya se convirtió en la tercera economía del planeta. En diciembre, por segundo mes consecutivo, las exportaciones cayeron 2,8 por ciento frente a lo registrado un año atrás. Se trata del mayor descenso en una década, debido a la menor demanda en el nivel mundial. Las importaciones fueron en diciembre el 21,3 por ciento más bajas que 12 meses atrás. Aunque la caída de los precios del petróleo y otras materias primas le ha ayudado a China para bajar los costos de lo que importa, lo que se observa es un debilitamiento de la demanda interna de ese país.

Ahora bien, mientras en 2007 tuvo un crecimiento extraordinario (China revisó al alza el PIB de ese año. Ya no creció el 11,9 por ciento, como se había dicho, sino el 13 por ciento), los datos esperados para 2008 no son optimistas. Por primera vez en cinco años, entre enero y septiembre, la economía avanzó por debajo del 10 por ciento. Para todo 2008, el Banco Mundial pronosticó un crecimiento del 7,5 por ciento, el valor más bajo de los últimos 19 años.

El panorama no se ve más despejado para 2009. El Deutsche Bank cree que el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de China se desacelerará hasta el 7 por ciento este año. Según sus pronósticos, la demanda externa afectará y habrá un freno de las inversiones en los sectores inmobiliario, manufacturero y minero del país asiático. Este mismo informe indica que los próximos 18 meses serán muy difíciles para esta economía y que tocará fondo en la primera mitad de 2010.

Mientras en el mundo hay temores por el aterrizaje forzoso de China, el presidente de ese país, Hu Jintao, asegura que si bien se enfrentan a una situación difícil, la crisis será una prueba del Partido Comunista Chino para gobernar. Cree que saldrán de la desaceleración en el segundo semestre de este año, antes que otras grandes economías. A diferencia de lo que pronostican los analistas, el gobierno prevé un crecimiento del 8 por ciento este año.

Lo cierto es que el sombrío panorama que se vislumbra sobre China preocupa a Occidente. Se acaba de conocer que el Citigroup y el Royal Bank of Scotland (RBS) congelarán sus planes de expansión en China, que hace unos meses era un mercado obligado para la banca occidental. Según un estudio que presentó el Foro Económico Mundial (WEF) como antesala a la cita anual en la ciudad suiza de Davos el próximo 28 de enero, la desaceleración de la economía china podría ser más fuerte de lo previsto. El 6 por ciento o incluso menos, este año, a causa de la baja de las exportaciones.

Un reportaje publicado por el diario ElPaís.com de España resalta cómo los empleos han caído en picada por el recorte de la producción en las fábricas. La desaceleración económica "podría forzar el cierre del 20 por ciento de las fábricas de Guangdong, provincia responsable del 12 por ciento del PIB chino".

Aunque Beijing lanzó hace poco un paquete de estímulos económicos para contrarrestar la caída en las exportaciones y la inversión (el plan se acerca a 585.000 millones de dólares), algunos analistas temen que no sea suficiente. Pero además, el gobierno enfrenta un dilema porque las medidas que favorecen la industria doméstica sobre la extranjera incrementan el malestar y los reclamos de los socios comerciales que ven una desventaja en el tratamiento. El gobierno reconoce que China caería en una deflación en 2009 (una caída generalizada del nivel de precios en una economía con desaceleración), una situación muy compleja de manejar y que pondrá al Banco central chino en una difícil encrucijada.

Algunas voces en la propia China temen lo peor. Cheng Xiaonong, doctor en sociología de la Universidad de Princeton, vinculado a Estudios Modernos sobre China, escribió la semana pasada en Lagranepoca.com, un periódico internacional que se especializa en temas políticos, sociales y económicos de China, que a pesar de los 30 años de desarrollo económico, este país está en crisis. "La economía china no está solamente en una tormenta. Posiblemente esté en una Era de Hielo. En los años venideros, es posible que la economía permanezca en una depresión".

El ex director de Planeación Nacional Juan Carlos Echeverry, quien le hace seguimiento a la economía china, dice que esta nueva ola de pesimismo -con China hay períodos de euforia, seguidos de desencanto- hay que analizarla con cautela, porque hay un nivel de incertidumbre muy grande en las cifras oficiales que se divulgan. "No son muy claros los datos que se conocen desde allá".

Sin embargo, advierte que se trata de un vagón que va pegado de Estados Unidos: si la recesión estadounidense es muy fuerte y prolongada, China terminará muy afectada por aquello de las exportaciones que son el gran componente del PIB.

Y en este sentido el panorama sí que es oscuro. Nouriel Roubini, uno de los más importantes gurúes de la economía y profesor en la Universidad de Nueva York, acaba de decir que para 2009 el PIB de Estados Unidos caerá 3,4 por ciento, con disminuciones en cada trimestre del año. Afirma que la recesión tendrá una duración de dos años completos, con un Producto Interno Bruto acumulando una caída de 5 por ciento. Roubini fue uno de los primeros economistas en predecir la recesión y la contracción del crédito derivada de la burbuja inmobiliaria.

Si se tiene en cuenta este pronóstico pesimista y que, como ha quedado comprobado, no existe la teoría del desacople, China terminará contagiada, aunque no necesariamente tenga que irse al mismo hueco con Estados Unidos.

Juan Carlos Echeverry es relativamente optimista frente al éxito que pueda tener el paquete fiscal de estímulo que anunció en diciembre el gobierno chino. Sin embargo, no deja de desconocer que si definitivamente a China se le van las luces en materia económica, será un desastre para las economías emergentes, entre ellas, por supuesto, Colombia.

Si se deprimen aun más los precios de las materias primas, porque baje la demanda de productos como petróleo, carbón o acero, las exportaciones colombianas de estos productos, que son clave, se impactarán. También se afectará la inversión extranjera directa que ha mantenido la confianza en estas economías emergentes, que por el momento todos los expertos han dicho sobrevivirán saludablemente a la crisis.

Pero, como dice Echeverry, el mundo es de grandes clientes y se volvió un barrio en el que es inevitable que todos terminen contagiados, así la fiebre no sea igual de alta para todos.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.