Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2000/10/23 00:00

Se enreda la pita

Con la suspensión de la venta de Isagen y la decisión de no vender la ETB se oscurece el panorama económico.

Se enreda la pita

Las privatizaciones en Colombia son lo más parecido a una carrera de obstáculos. Cada cierto tiempo aparece un nuevo tropiezo en el camino del gobierno que lo obliga a aplazar sus planes. La semana pasada se volvieron a enredar dos de las tres privatizaciones que estaban previstas para este año. Ahora los colombianos esperan ansiosos lo que pueda pasar con el dólar y las tasas de interés.

El martes pasado el gobierno, acatando un fallo de la Corte Constitucional, suspendió la venta de Isagen. Dos días después el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, anunció que durante su mandato definitivamente no venderá la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB). Y si bien ambas privatizaciones se aplazaron por causas distintas su coincidencia agrava la incertidumbre sobre la estabilidad económica del país.

La venta de Isagen había seguido adelante a pesar de los obstáculos. Había tenido problemas, no sólo por el orden público sino también por razones jurídicas. Desde noviembre del año pasado las Empresas Públicas de Medellín (EPM) habían interpuesto una acción de tutela, alegando que no se les estaba permitiendo participar en la privatización de Isagen en igualdad de condiciones con los demás compradores. Y aunque los tribunales ya habían negado esta tutela en dos ocasiones el gobierno de todas maneras había tomado medidas para que EPM pudiera participar en el proceso en mejores condiciones.

La situación parecía solucionada el pasado 13 de septiembre cuando se conocieron los compradores precalificados para la venta. EPM figuraba entre los participantes, junto con la empresa española Unión Fenosa y las norteamericanas AES y Enron. Pero sorpresivamente, ese mismo día, la Corte Constitucional revisó la tutela que EPM había interpuesto el año pasado y revirtió los fallos anteriores. La nueva sentencia ordenó suspender la venta de Isagen mientras se garantiza que a EPM le sean respetados sus derechos al debido proceso, a la igualdad y a la libertad de empresa.



El limbo

Por ahora no se sabe cuánto va a durar esta suspensión. El gobierno conserva la esperanza de poder reanudar el proceso de venta en los próximos dos meses. Si después de negociar con EPM logra que la empresa antioqueña acepte ante la Corte que se han respetado sus derechos el panorama se podría despejar. Pero para los directivos de EPM la cosa no es tan sencilla. En su concepto el fallo de la Corte ordena la suspensión del proceso hasta que el Consejo de Estado tome decisiones sobre unas demandas interpuestas por la empresa antioqueña. Y esto podría tardar varios meses.

En todo caso, si el gobierno nacional no llega pronto a un acuerdo con las directivas de EPM y soluciona el impasse jurídico, la venta de Isagen se podría empantanar indefinidamente. La paciencia de los inversionistas extranjeros tiene límites y el gobierno se podría quedar sin clientes.

Las consecuencias de esto son preocupantes. El gobierno se vería en aprietos para conseguir prestados los casi 700.000 millones de pesos que dejaría de recibir si no vende Isagen. Y si los consigue en el mercado interno de crédito presionaría hacia arriba las tasas de interés y amenazaría la reactivación. “Está en juego la salud de la economía”, afirma Carlos Caballero Argáez.

Pero quizá la situación no sería tan grave si no hubiera coincidido con la cancelación de la venta de la ETB. Las autoridades del Distrito habían intentado privatizar esta empresa desde hace ya varios años y hasta el viernes 15 de septiembre tenían dos clientes ‘firmes’: Telefónica de España y Telecom Italia.

Sin embargo la semana pasada todo cambió cuando los compradores desistieron del negocio. ¿Las razones? “Un poco de todo”, dice el Alcalde. La inseguridad —y el reciente secuestro masivo de Cali— influyeron. También las pobres perspectivas macroeconómicas del país y el acelerado cambio tecnológico, que ha vuelto obsoletas las compañías telefónicas que no han entrado en la era ‘inalámbrica’.

Las consecuencias fiscales de no vender la ETB no serán tan graves ya que el Distrito está en una buena situación financiera y no se inició la construcción de las obras que dependían de esa venta para su financiación. Pero el mayor efecto, tanto de la suspensión de la venta de Isagen como de la cancelación de la de la ETB, se reflejará en el precio del dólar, que ya empezó a subir.

Lo ocurrido en días pasados con la venta de Isagen muestra cómo la falta de entendimiento entre los diferentes niveles del gobierno puede ocasionar daños que, a la postre, pueden resultar más perjudiciales para todos. De otro lado, la suerte que corrió la ETB demuestra que en Colombia, a diferencia de hace unos años, los problemas de orden público sí tienen una incidencia directa sobre el desempeño económico.

Por ahora al gobierno le queda el consuelo de que la tercera privatización que estaba en marcha —la de Carbocol— anda bien. Y los efectos de este nuevo enredo en las otras dos aún están por verse. El precio del dólar será el termómetro de la difícil coyuntura económica.

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