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| 12/26/1983 12:00:00 AM

"SE LA LLEVARON SE LA LLEVARON...

Mientras la Investigación continúa avanzando, retroceden las esperanzas del país de recuperar los US$13 millónes

"Cualquier porción de los fondos de un retiro de la cual no se han recibido instrucciones de remesa será depositada en una cuenta corriente con intereses disponibles del prestatario mantenida en la oficina del Chase en Londres sujeta a retiro según instrucciones del prestatario". Esa sola frase, contenida en una de las cláusulas del contrato suscrito en mayo de 1982 por el gobierno colombiano con el Chase Manhattan Bank y Manufacturers Hanover Trust Co.,-puede significar para Colombia la pérdida de 13 millónes y medio de dólares.
La historia parece complicada, pero no lo es tanto, (ver recuadro). Después de que el gobierno del presidente Turbay Ayala firmó el contrato con el Chase y Manufacturers Hanover para un préstamo de más de 47 millónes de dólares, se inició una larga serie de trámites para permitir que en agosto se lograra hacer el primer desembolso de la cuenta del crédito, abierta en el Chase de Londres, según lo establecido en el contrato.
Ese primer desembolso por 25.2 millónes de dólares, destinado al pago de cartas de crédito por compromisos adquiridos por el ministerio de Defensa (al parecer por la compra de las corbetas), fue refrendado por la Tesorería y la Contraloría generales, y afectó la cuenta corriente donde se guardaba el dinero del crédito.
Para sacar plata de esa cuenta, el gobierno colombiano debía cumplir una cadena de engorrosos trámites.
Siempre que hubo desembolsos--con excepción de los primeros 25.2 millónes de dólares--dichos trámites se iniciaron con el envío de un télex al agente del Chase en Bogotá, para que éste estudiara y verificara que se estaban cumpliendo las condiciones del contrato. De ser así, el agente debía confirmar, tres días después de recibida la solicitud, que todo estaba en orden, y comunicar al Chase de Londres, vía télex, que se iba a producir un desembolso. Luego, el gobierno colombiano, a través del ministerio de Hacienda, enviaba el pagaré respectivo al agente del Chase en Bogotá y, por intermedio del Banco de la República, enviaba un télex con clave a Londres para que el Chase procediera a retirar el dinero y pagarlo según las instrucciones dada por el gobierno colombiano en ese último télex.
Pero lo que hasta ahora no había quedado claro es que ese era el procedimiento para afectar la cuenta corriente donde se encontraban depositados los dineros del crédito, pero no para sacar plata de la subcuenta, o sea la otra cuenta corriente abierta por el gobierno colombiano para trasladar en primera instancia los dineros del crédito, antes de pagarlos al proveedor o intermediario de la negociación.
¿PARA QUE SE ABRIO LA SUBCUENTA?
Los colombianos que han oido en repetidas oportunidades la palabra "subcuenta", no saben realmente a qué corresponde ese término. Se trata simplemente de otra cuenta corriente donde se recibían inicialmente los dineros que salían de la cuenta corriente de los 47.2 millónes de dólares del empréstito.
En principio la subcuenta, que tantas complicaciones causó, se abrió pará simplificar las cosas. Según el contrato ningún desembolso de la cuenta corriente inicial podía ser de menos de medio millón de dólares.
Pero había algunos pagos a proveedores que no alcanzaban esa cifra, como uno que se hizo a la firma Hitachi por 21 mil 800 dólares. La solución que se encontró para no violar el contrato fue que los retiros se hicieran todos por más de medio millón, pero que los dineros se llevaran a una subcuenta, y de allí se girara cada uno de los pagos por el monto que fuera necesario.
Y aqui está el secreto del asunto: para sacar plata de esa subcuenta, bastaba una instrucción del prestatario sin mayores trámites, según lo establecido en el contrato.Cuando se iba a vencer el plazo del crédito, un año después de haber sido firmado, el ministerio de Hacienda, a sabiendas de que aún quedaban unos 13.7 millones de dólares disponibles en la cuenta inicial, se apresuró a solicitar que el dinero fuera trasladado a la subcuenta, aunque no existia aún una instrucción específica por parte del ministerio de Defensa sobre el destino de esos dineros. El mismo ministro Gutiérrez Castro reconocio en el debate del martes 22 en el Senado que en ese momento, cuando el Ministerio fue presionado a sacar el dinero y llevarlo a la subcuenta, se estaba tendiendo la trampa para el posterior fraude.
¿Por qué? Porque con el dinero en la subcuenta, bastaba una instrucción del prestatario para retirar el dinero.
Y esa instrucción se verificó en el caso del Chase de Londres, mediante el télex en el cual se suplantó al director de Crédito Público, Jorge Serpa Erazo, y que aún no se sabe si salió del Banco de la República o de la central de Telecom.
En eso puede basarse el Chase para no reconocer responsabilidad alguna, con lo que Colombia corre el riesgo de perder los 13 y medio millónes de dólares. En este caso la única esperanza sería la de levantar la reserva bancaria del Hapoalim de Zurich, a donde llegó el dinero después de algunas vueltas alrededor del mundo.
EL CREDITO NO ERA UN SECRETO
Entre los muchos detalles del problema que quedaron aclarados en el debate promovido el martes en el Senado por el parlamentario Humberto Criales de la Rosa, está el de que el crédito por 47.2 millónes de dólares no era ningún secreto, aunque evidentemente venía manejándose por fuera del presupuesto de la nación. Para aprobar el emprestito fue necesario que dieran su visto bueno la Comisión Interparlamentaria de Crédito Externo, a la cual pertenecía en aquel entonces el hoy Contralor General de la República, Rodolfo González Garcia, la Junta Monetaria, Planeación Nacional, el Conpes, el Consejo de Ministros, varios despachos del ministerio de Hacienda y la misma Contraloria General, que recibió copia autenticada del contrato al igual que el Banco de la República.
Si a esta larga serie de entidades se agregan el ministerio de Defensa, el mismo Chase y el Manufacturers Hanover, puede apreciarse claramente el volumen de gente que conocía la existencia del contrato.
No tantas personas sabian de la forma como se manejaba la cuenta, y menos aún la subcuenta. El ministro de Hacienda dijo a SEMANA que ese manejo lo conocian funcionarios del Ministerio, del Banco de la República, de Telecom y del Chase. El senador José Manuel Arias Carrizosa quiso en el debate del martes cerrar el circulo aún más, y aseguró que la cadena de estafadores necesariamente debió iniciarse en el ministerio de Hacienda, con lo cual está en parte de acuerdo el senador Roberto Gerlein Echeverria, miembro de la subcomisión nombrada tras el primer debate promovido por el senador Alvaro Leyva Durán. Para Gerlein, ex ministro de Desarrollo, el robo sólo pudo realizarse con la complicidad de funcionarios del ministerio de Hacienda.
También quedó claro, después del debate, que el dinero no duró más de diez días en el Hapoalim. Desde allí, según un informe recibido por el gobierno colombiano, se realizaron 7 operaciones de transferencia de divisas (lo que en lenguaje cristiano quiere decir lavado de dólares) a distintos bancos del planeta, con lo cual se borró aún más el rastro de el dinero.
El embajador suizo en Bogotá, Daniel Daller, confirmó que desde hace más de dos semanas hay contactos entre su gobierno y el de Colombia por el caso de los 13 y medio millónes de dólares, pero no quiso dar mayores detalles sobre la posibilidad de que se levante la reserva bancaria del Hapoalim.
SEMANA estableció que la cuenta en el Hapoalim pudo haberse abierto con un pasaporte falso, con lo cual de nada serviría levantar la reserva bancaria, (ver recuadro).
Esa misma persona que abrió la cuenta en el Hapoalim pudo haberle pedido a ese banco que abriera a nombre del propio Hapoalim una cuenta en el Morgan de Nueva York con un número que permitiera identificar que esa cuenta pertenecia quien a su vez abrió la cuenta en Zurich. O sea que el Hapoalim podía haberle hecho un favor a ese cliente suyo, favor que no contraviene ninguna norma bancaria internacional.
Se ha dicho que el Morgan no debió aceptar la consignación de los 13.5 millónes de dólares a nombre de la "Republic de Colombia" (en curioso español-inglés) provenientes del Chase de Londres, pero lo que mucha gente no sabe es que entre los servicios que algunos bancos se ufanan de prestar en Nueva York está la facilidad de recibir cualquier dinero a nombre de cualquier entidad o persona, verificando sólo el número de la cuenta a la cual está dirigido. Y eso pudo suceder en este caso.
A todo esto se agrega una condición del contrato de Colombia con el Chase que, si bien no facilitó el fraude, si permitió que su descubrimiento se demorara en forma considerable (más de 5 meses). El contrato establecia que el Chase no estaba obligado a enviar extractos de la cuenta corriente y mucho menos de la subcuenta, de donde se sustrajo el dinero.
Y en Colombia a ningún funcionario se le ocurrió pedir con periodicidad esos extractos.
De todos modos hoy resulta poco probable que el dinero se recupere.
La plata del Chase, como en el vallenato de Escalona, se la llevaron... se la llevaron . .. ya se perdió.
LOS 13 MILLONES, PARA PRINCIPIANTES
Había una vez un país que necesitaba plata para pagar una vieja deuda y para comprar equipo militar. Entonces decidió solicitar el dinero prestado a dos bancos famosos en el mundo, uno de ellos muy conocido en el país; el Chase Manhattan. Después de gran cantidad de trámites y aprobaciones, porque este era un país de papeleos, logró que se autorizara la firma del contrato con esos bancos y cuatro meses después comenzó a sacar la plata de la cuenta donde se hallaba el dinero disponible para el préstamo.
Así se llevaron a cabo varios pagos, que exigían más papeleos y complicaciones, como lo establecía el contrato. Un año después de firmado, se vencía el plazo para utilizar el dinero que estaba en la cuenta corriente y los funcionarios de ese país decidieron sacar la plata, que fue depositada entonces en otra cuenta corriente, de donde era más fácil retirar el dinero. Pues el contrato establecía que para ello sólo se necesitaba una instrucción del beneficiario del préstamo.
Un grupo de avivatos, que debía tener muchos contactos en el país, aprovechó las oficinas centrales de la empresa de comunicaciones para enviar un mensaje al Chase, pidiendo que sacara casi toda la plata disponible en la cuenta corriente abierta, antes de que se venciera el plazo de utilización del préstamo. El mensaje era un télex con una firma suplantada, la del funcionario encargado del manejo del crédito externo.
En el mensaje se ordenaba al Chase trasladar la plata a otro banco, el Morgan Guaranty de Nueva York, y depositarla en una cuenta corriente que un tercer banco, el Hapoalim de Zurich, había abierto allí. La plata, unos 13 y medio millónes de dólares, más de mil doscientos millónes de pesos, se depositó a nombre del país que había pedido el préstamo, pero no en una cuenta de ese país.
Cuando el dinero estuvo en el Morgan, el dueño de la cuenta en el Hapoalim y miembro del grupo de avivatos, pidió al Morgan que la trasladara a las oficinas del Hapoalim en Zurich, Suiza. Desde allí se efectuaron siete operaciones diferentes hacia igual número de puntos del planeta.
Como la cuenta abierta en el Hapoalim tiene una reserva bancaria muy especial que le otorga el gobierno de Suiza, no es fácil averiguar quién es el dueño y por lo tanto el ladrón.
Pero aún si se llega a averiguar a nombre de quien esta la cuenta del Hapoalim de Zurich, es probable que la plata se pierda, pues el ladrón pudo haber utilizado para abrir esa cuenta, un nombre falso, un pasaporte falso y una firma falsa.-
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