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| 12/18/1995 12:00:00 AM

SEÑALES DE HUMO

La suerte de la industria nacional de cigarrillos depende de un artículo de la reforma tributaria que disminuye los impuestos al consumo.

HACE 12 AÑOS UN FERVOR patrio invadió a los paisas. Como varias de las empresas insignia de Medellín estaban atravesando una situación financiera difícil por cuenta del contrabando, un movimiento de nacionalismo allanó la ciudad. Ese fenómeno lo registró SEMANA en sus páginas con una anécdota: "Hoy, en Medellín, para fumarse un cigarrillo de contrabando hay que esconderse en un baño, a riesgo de ser repudiado en caso de hacerlo públicamente. En las empresas del Grupo Ardila se prohibió el consumo de este tipo de cigarrillos y lo mismo sucedió en la alcaldía y la gobernación. Fumar contrabando se ha vuelto objeto de denuncia. Hasta el punto que se afirma que en algunas fábricas han llegado a expulsar trabajadores por conducta indebida, al fumar contrabando". Bellos tiempos aquellos. En esa época, el chauvinismo antioqueño le permitió a la Compañía Nacional de Tabaco mejorar su situación. En dos meses sus ventas se incrementaron en un 30 por ciento y reincorporó a cerca de 170 trabajadores.
Ahora los representantes de la industria esperan que esa historia se repita. Esta vez la crisis tabacalera lleva alrededor de tres años. Sus proporciones han sido tales que a principios de 1994 muchos apostaban que el cierre futuro de Coltabaco era inevitable. Ante este desolador panorama y luego de un intenso lobby, el gobierno expidió el año pasado el decreto 1280, que le sirvió de salvavidas a la industria. Mediante éste se redujo el impuesto a los cigarrillos del 124 por ciento al 45 por ciento. Durante el año que rigió, mejoró la cara del sector. Aunque las empresas siguieron reportando pérdidas operacionales -las de Coltabaco ascendían en septiembre a 3.522 millones de pesos-, sus ventas sí se incrementaron de forma importante. En un 40 por ciento para la misma empresa.
Sin embargo, la felicidad duró poco. En junio pasado un fallo de la Corte Constitucional tumbó el decreto pues la disminución de los gravámenes del tabaco debía ser expedida por el legislativo. El precio de los cigarrillos volvió a subir y con él el clamor de los productores nacionales que volvieron a perder mercado. De nuevo vinieron las conversaciones con el gobierno y con el Congreso. Ahora su esperanza está cifrada en la reforma tributaria que prevé una rebaja de los impuestos de los cigarrillos al 60 por ciento. Para Abraham Kovalski, gerente general de la Productora Tabacalera de Colombia -Protabaco-, "la aprobación de esta medida es lo mínimo que se puede hacer por el gremio".
Por su parte el presidente de la Compañía Colombiana de Tabaco -Coltabaco-, Darío Múnera Arango, sostiene que con la reducción de los impuestos la legislación se acomodó a las condiciones colombianas. Añadió que "paises como México, Canadá y Ecuador han tenido que adoptar medidas similares para atrontar el embale del contrabando".
Pero a diferencia de lo que sucedió en 1994, las empresas nacionales han encontrado en los gobernadores un apoyo. En aquel entonces los mandatarios seccionales se opusieron a la baja de los gravámenes pues les acarrearía una disminución de sus rentas. La mayor sorpresa se la llevaron cuando sus recaudos mejoraron. Hoy el gobernador de Antioquia, Alvaro Uribe Vélez, señala que "con el decreto nos fue mejor. Los recaudos pasaron de 8.000 millones en 1994 a 11.000 millones en 1995". Sin embargo, él mismo es el primero en reconocer que las medidas tributarias deben ir acompañadas de un control al contrabando, tanto a nivel departamental como nacional. También insiste en la necesidad de volver a penalizar esta actividad.
La lista de quejas de las tabacaleras es más larga. El gerente de Protabaco asegura que no es muy lógico que las empresas colombianas tengan que pagar en promedio el 15 por ciento por sus materias importadas, mientras que el gravamen de los cigarrillos importados es únicamente del 5 por ciento.
La apertura también les ha dado duro en materia de exportaciones. Las experiencias de Coltabaco y Protabaco no han sido las mejores. Como sus productos son poco conocidos por fuera, la competencia con las multinacionales es dura; y la revaluación del peso los dejó por fuera del mercado. A pesar de ello, Protabaco anuncia que se le va a a medir a Europa oriental. Confía en que con la aceleración de la devaluación y la calidad de sus cigarrillos, pueda dar la batalla.
La otra pelea será en el ámbito local. Con la rebaja impositiva, que entraría a regir en enero, los industriales esperan repetir la historia: sacarle a los colombianos el humo extranjero de los pulmones y reemplazarlo por humo nacional.
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