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| 9/10/2001 12:00:00 AM

Semillas de paz

La Federación Nacional de Cafeteros adelanta dos innovadores proyectos para mejorar la calidad de vida en las zonas productoras del grano.

A primera vista parece una de tantas escuelas perdidas en alguna vereda de Colombia: unos pocos salones decorados con cartulinas alusivas a la paz y a los valores que el país necesita para salir adelante. En viejos armarios se guardan tubos de ensayo y pipetas para los experimentos de la clase de ciencias naturales y en las aulas se distribuyen pequeños asientos frente al papelógrafo que hace las veces de tablero.

Parece una escuela cualquiera en la que los niños apenas musitan palabra ante la presencia de un extraño y los profesores sólo atinan a sonreír con hospitalidad. Pero el Colegio Rural La Trinidad, ubicado a media hora de Manizales, tiene algo especial: junto al María Goretti, también ubicado en una zona rural, fue escogido en la última evaluación de competencias básicas que realiza la Secretaría de Educación de Manizales, con el apoyo de la Universidad Nacional, como uno de los dos mejores entre los 73 colegios públicos y privados de la capital caldense por su alto nivel académico.

Un modesto colegio rural de apenas 125 estudiantes aventajó a los demás planteles, incluyendo los bilingües de Manizales. ¿Qué hizo la diferencia? La metodología de enseñanza conocida como Escuela Nueva, que poco a poco se ha llevado a los 1.115 colegios rurales de Caldas y que hasta el momento ha sido todo un éxito.

“Escuela Nueva es el producto de un esfuerzo conjunto entre el Comité Departamental de Cafeteros de Caldas, los municipios y la Gobernación. Todos somos conscientes de que Caldas necesita niños mejor preparados, con vocación de liderazgo y un conocimiento adecuado del entorno cafetero en el que viven”, dijo a SEMANA Pablo Jaramillo, líder de extensión personalizada del Comité de Cafeteros de Caldas, quien está al frente del proyecto.

Escuela Nueva ha logrado que los colegios públicos, que antes no ofrecían sino hasta quinto año de educación básica, ahora cuenten con estudios hasta noveno grado. “Así, muchos niños que antes dejaban el campo para terminar sus estudios, hoy permanecen en sus regiones de origen”, aclara Jaramillo.

Los pupilos

Un componente importante en este proceso ha sido la capacitación que ha brindado la Federación de Cafeteros a los profesores que participan en Escuela Nueva. “Se ha hecho énfasis en entablar con los alumnos una relación en la que el profesor no representa una figura autoritaria, ni acude a una metodología tradicional para dictar una cátedra, sino que asesora y orienta al estudiante para que trabaje por sus propios medios”, dice Blanca Gaviria, directora de la escuela El Retiro, quien lleva más de 20 años como docente.

Pero los más entusiasmados con las bondades de Escuela Nueva en El Retiro son los propios estudiantes. “Lo mejor de todo es que nos enseñan a ser responsables y cada quien aprende a su propio ritmo”, dice una de las líderes estudiantiles.

En El Retiro los alumnos no sólo sorprenden por su alto nivel académico sino por su alto grado de sensibilidad social. Todos opinan sobre el proceso de paz, las próximas elecciones presidenciales y los problemas que afectan a su región. Unos quieren ser doctores o ingenieros pero saben que una carrera universitaria es privilegio de pocos. “Por eso el café no es cosa de campesinos como nuestros padres, sino que también está en nuestras manos. Con el programa Escuela y Café hemos aprendido sobre producción cafetera y, por lo menos yo, quiero dedicarme de lleno a producir café de la mejor calidad. El patrón de la finca ya me dijo que me iba a pagar la universidad porque para esto quiero ser ingeniera agrónoma”, dice Deibi Juliana López, alumna de octavo grado.

En escuelas como La Trinidad o María Goretti los niños estudian en las laderas, en medio de extensos cafetales que han aprendido a conocer. Entusiasmados, muestran sus pequeños germinaderos, hablan con propiedad sobre la importancia de tener un buen composteadero y del clima óptimo que se da en esta zona de Colombia para producir el mejor café.

Además de enseñarles sobre café, Escuela Nueva integra el uso de Internet y el software educativo como complemento al proceso de formación de los pequeños, quienes ya están plenamente familiarizados con la tecnología. Igualmente, Escuela Nueva permite que los niños estudien a su ritmo con textos especiales y pueden promocionarse según las horas cursadas y el número de materias que hayan tomado. Así, por ejemplo, un niño que deja momentáneamente la escuela para trabajar con sus padres en la cosecha no pierde el año y, por el contrario, se siente motivado para continuar con sus estudios.

El éxito de este modelo ha sido tal que incluso se diseñó un programa especial para adultos analfabetas. Los propios niños llevaron a sus padres y allí se les enseñó a leer, a escribir y a manejar operaciones básicas. El pasado mes de mayo se graduaron los primeros 22 adultos que lograron validar la primaria en un año.

Según el Banco Mundial el programa de educación básica rural que se viene adelantando con la metodología Escuela Nueva en Caldas es una de las más importantes estrategias para superar la pobreza en América Latina. El chileno Ernesto Schiefelbein, ex director de la Unesco y uno de los expertos más reputados en el tema educativo, ha señalado en uno de sus estudios que en Colombia “la Escuela Nueva constituye un buen modelo que se puede usar junto con otras estrategias para enfrentar los problemas de baja calidad y malos rendimientos que afectan especialmente a los alumnos provenientes de contextos socioeconómicos bajos. Es una experiencia que merece ser adaptada y probada en otros países”.

Sembrar paz

Mientras que en los colegios de Caldas se consolida el trabajo de Escuela Nueva la Federación de Cafeteros presentó oficialmente en Bogotá el programa Sembradores de Paz, un proyecto social en el que además participan la fundación española Cánovas del Castillo y la Agencia Española para la Cooperación Internacional (Aeci). Se trata de un programa que invertirá 23.000 millones de pesos en un lapso de tres años en los departamentos de Antioquia, Cauca, Huila, Magdalena, Nariño, Valle del Cauca y el resguardo indígena San Jerónimo, en Caldas. El propósito es implementar acciones para fortalecer el tejido social y la convivencia pacífica en poblaciones rurales pobres de siete departamentos colombianos.

Los frentes de acción serán básicamente la educación, la productividad, el mejoramiento de las condiciones habitacionales y las acciones para fomentar una cultura de paz. “Este programa constituye un pilar para fortalecer la convivencia pacífica a partir de las comunidades”, asegura el embajador de España en Colombia, Yago Pico de Coaña.

“Este es un país con un gran potencial y tiene gente capaz de sacarlo adelante”, dice a su vez Carlos Robles Piquer, presidente de la Fundación Cánovas del Castillo, que es la contraparte de la Federación de Cafeteros en España. Después de visitar personalmente las sedes de diferentes programas de Sembradores de Paz y entrevistarse con jóvenes agricultores, niños de escuelas en zonas cafeteras y mujeres de los talleres de la industria en el Valle del Cauca, Robles se mostró impresionado. “Es emocionante ver que hay jóvenes que quieren hacer empresa en el campo y mujeres que han pasado de ser analfabetas a gerentes”.

En términos de beneficiarios, Sembradores de Paz llegará a cerca de 9.000 adultos que no han terminado su formación básica primaria y capacitará a 372 docentes para que unos 13.000 niños se eduquen con una metodología como la de la escuela El Retiro.

De otra parte, el programa tiene entre sus objetivos el trabajo con poblaciones indígenas y campesinas minifundistas con el fin de implementar 750 proyectos productivos capaces de generar 1.500 empleos permanentes. En el campo de la vivienda se busca mejorar el acceso a los servicios públicos básicos y el saneamiento en general de 10.000 beneficiarios, quienes también podrán participar en procesos de autoconstrucción.

Según Jorge Cárdenas Gutiérrez, gerente general de la Federación de Cafeteros de Colombia, “para la institución cafetera es de suma importancia continuar su labor social y a pesar de la crisis estamos empeñados en llevar desarrollo a las zonas de influencia del cultivo del café”. Escuela Nueva y Sembradores de Paz son una muestra de esa voluntad y, con el respaldo de España, esperan mejorar la calidad de vida en el campo colombiano.
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