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| 11/7/1994 12:00:00 AM

SI HAY CON QUE

Un programa del sector privado con créditos que superan los 36 millones de dólares se le mide al 'toro' de Ciudad Bolívar.

HASTA HACE MUY POCO tiempo la idea de trabajar en el desarrollo social de Ciudad Bolívar, uno de los sectores más deprimidos de Bogotá, eran palabras mayores. Ni las autoridades, ni las fundaciones y asociaciones, ni la Iglesia, estaban dispuestos a meterle la mano a fondo al asunto. Y menos la empresa privada de la capital que en contraste con la de otras ciudades del país ha brillado siempre por su ausencia a la hora de hacer cosas por ella. Por eso parecía irreal pensar en Ciudad Bolívar -con un millón 800.000 personas de estrato bajo-, con problemas más agudos que aquellos de las comunas nororientales de Medellín o el distrito de Aguablanca en Cali. Sin embargo, en 1988 algunos empresarios del sector privado, sin ser 'bogotanos', decidieron hacer algo por Bogotá como una forma de agradecimiento de la industria local por el éxito de sus empresas.

Y así comenzó la historia del grupo Sol, un holding de tres entidades -Corposol, Mercasol y Finansol- encaminadas a favorecer el progreso del sector informal y desprotegido de las comunidades deprimidas a partir del mejoramiento de sus ingresos. El proceso lo lideraron Alvaro Arango Correa, presidente de Propaganda Sancho y Oscar Giraldo, un activo empresario que había acumulado la experiencia de reconstrucción y ayuda social en el Tolima, luego de la avalancha del nevado del Ruiz. Para el lanzamiento del plan convocaron una reunión en el salón rojo del Hotel Tequendama, a la cual invitaron cerca de 300 presidentes de las empresas más importantes del país. El acto social fue un éxito, pero el recaudo mínimo. A pesar de ello, y convencidos de las bondades de su plan de acción, los promotores de la Corporación de Acción por Bogotá -Actuar Bogotá- comenzaron labores el 7 de julio de 1988 con un capital de siete millones de pesos donados en su mayoría por Arango.

A partir de ese momento, la idea de hacer algo por Bogotá cambió a la pregunta de qué hacer. Pero el pensamiento de los fundadores era claro: no repetir el camino de la mayoría de asociaciones y fundaciones que trabajaban en los sectores informales de la capital. "No queremos promover un desarrollo mendicante", dijo a SEMANA Oscar Giraldo, director ejecutivo de Corposol. Y es que las estadísticas son contundentes frente a la forma tradicional de ayuda. Según un censo de las Naciones Unidas, existen en el país cerca de 56.000 Organizaciones No Gubernamentales (ONG), de las cuales unas 7.000 sobreviven por medio de donaciones. El camino para Actuar Bogotá tenía que ser diferente. Por eso ellos contemplaron un enfoque que rompía con la concepción tradicional de la pobreza. "Nos dimos cuenta por las experiencias analizadas que para solucionar la pobreza no había que regalar plata -dijo Giraldo-. Queremos que a la gente le vaya bien y para eso hay que erradicar el paternalismo y crearle una mentalidad empresarial que le permita fortalecer sus ingresos".

Esta mentalidad, dicha en otros términos, resulta una verdadera reingeniería de la pobreza. Desde ese punto de vista, Ciudad Bolívar no sólo es una zona deprimida sino un mercado potencial de casi dos millones de personas que tiene una demanda insatisfecha con un bajo poder adquisitivo. La misión de Actuar Bogotá comenzó por fortalecer los ingresos de la población mediante la promoción, capacitación y asesoría de famiempresarios (unidades familiares que tienen un negocio informal y no tienen acceso al crédito formal) y microempresarios (unidades econímicas con máximo 10 trabajadores y activos inferiores a 17.500 dólares), y el otorgamiento de préstamos para que esa parte del sector informal se convirtiera en gente de empresa. Inicialmente, para obtener los recursos de los préstamos, los miembros de la junta directiva tuvieron que avalar con su propio patrimonio los créditos. "Para el sector financiero era impensable colocar recursos en el sector informal. Sin embargo, con el excelente manejo de cartera de la entidad, los bancos decidieron apoyarnos", manifestó Giraldo.

Y lo que parecía imposible se convirtió en realidad. El sector financiero comenzó a prestar al sector informal por mediación de Actuar con la sola garantía de un pagaré. Este logro permitió beneficiar a más de 35.000 usuarios que recibieron cerca de 30 millones de dólares en préstamos durante cinco años. A pesar de que la demanda de crédito crecía, la entidad tenía una limitante de endeudamiento con el sector financiero. Por esta razón, en octubre del año pasado adquirieron el 76.26 por ciento de las acciones de la Financiera Fénix S. A., y la convirtieron en Finansol, una compañía de financiamiento comercial con dedicación exclusiva al sector informal y que asumió el manejo crediticio de Actuar, hoy renombrada como la Corporación de Acción Solidaria, Corposol. En el primer trimestre de actividad de la financiera (noviembre de 1993 a enero de 1994) la cartera ascendía a 5.525 millones de pesos y registraba 13.212 clientes activos. Ahora, dentro de su plan de consolidación tienen la meta de completar un capital de 11.900 millones de pesos y realizar operaciones de crédito por un valor superior a los 51.000 millones.

La experiencia crediticia también permitió analizar otros inconvenientes que afronta el sector informal. Los mejores ingresos de los usuarios se diluían en el momento de adquirir los bienes para realizar su trabajo y para poder subsistir. La elevada intermediación y la ausencia de proveedores que se ocuparan de cubrir las necesidades de Ciudad Bolívar impulsaron a las directivas del grupo Sol a crear Mercasol, un programa que genera proveedurías que permitan abaratar los costos para los usuarios. Según Giraldo "con las proveedurías logramos regular la oferta de bienes para el sector informal y reducir el impacto de los intermediarios en los ingresos de los usuarios". De esta forma se consolida un modelo masivo de mercadeo diseñado a la medida de los usuarios. El año pasado se inauguró el primer Centro de Servicios Comunitarios en Ciudad Bolívar, una edificación cuyo costo superó el millón y medio de dólares y tuvo la colaboración de la fundación Codespa de España. Adicionalmente, hay otras dos proveedurías satélites en Corabastos y en Facatativá, y existe el plan para la construcción de dos centros en la zona nororiental y sororiental de Bogotá con una inversión superior a los 2.5 millones de dólares.

Lo cierto de todo esto es que el grupo Sol, en seis años de trabajo, ha desarrollado una labor sobresaliente (ver cuadro). Su desempeño ha sido catalogado como excepcional y sus métodos son objeto de estudio de organismos de cooperación de Estados Unidos. Y aunque su labor es limitada frente a la dimensión de las necesidades en casos tan apremiantes como Ciudad Bolívar, tiene el mérito de ser la primera iniciativa que 'coge el toro por los cuernos' en la capital del país.
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