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| 6/14/1982 12:00:00 AM

SIEMBRA ALGODON Y COSECHARAS LA RUINA

Era nuestro segundo renglón de exportación. Hoy las pérdidas pasan de 6.000 millones de pesos. ¿Por qué?

Hasta hace muy pocos años el algodón era nuestro segundo producto de exportación y generaba cerca de la mitad de las divisas que el país necesitaba para la importación de alimentos. Todo ello, después de llenar los requerimientos de materia prima para la industria textil.
Hoy en día, tanto el algodón como la industria se debaten en una aguda crisis que, lamentablemente, ha creado un ambiente de pugnacidad entre los dos sectores que pocos beneficios puede dejar para el país.
La crisis algodonera estalló en 1978, a causa de una conjunción de factores climáticos, de plagas y de precios, todos ellos adversos al cultivo. Sin embargo, el problema venía incubándose desde que el cultivo pasó de una etapa de simple subsistencia a una de explotación, sin la correspondiente adecuación tecnológica. La aplicación incontrolada de insecticidas químicos a que condujo tal situación elevó rápidamente los costos de producción. Estos, a su vez, han sido los principales causantes de la crisis, según un estudio de la U. de California. En opinión de Hugo Mazuera, presidente de Conalgodón "los errores en las técnicas de cultivo reflejados en dicho estudio eran previsibles y de posible detención, si recursos oficiales y privados se hubieran integrado para impulsar la labor investigativa".
No obstante, a pesar de los problemas técnicos y de algunas dificultades en el campo de la comercialización, el cultivo mostró una dinámica positiva hasta 1977, gracias a que, en opinión de la Federación Nacional de Algodoneros, "se había logrado mantener por parte de los gobiernos medidas coherentes de estímulo a la producción, subsidios adecuados para fomentar la actividad productiva y una política cambiaria que estimulaba al país en su empeño de mantener un mercado ampliado por el sector externo".

EL GOLPE DE GRACIA
En 1978 la débil estructura que sostenía la producción algodonera se quiebra al ser golpeada por varios factores: un comportamiento climático desastroso para el cultivo; una fuerte baja en los precios internacionales; una disminución fuerte en la demanda interna, una estructura errática del mercado de oleaginosas y una serie de medidas políticas adoptadas para hacer frente a las presiones desatadas por la bonanza externa que vivía el país (disminución del CAT, freno a la tasa de devaluación, inclusión del algodón en el sistema de certificados de cambio).
Como resultado de todos estos factores, los algodoneros tuvieron pérdidas por un valor superior a los 6.000 millones de pesos (5.311 millones en la zona Costa-Meta y 700 millones en el interior), según los cálculos de la Federación. Esta pérdida ha conducido a una reducción en el área cultivada de casi 300 mil hectáreas solamente en un período de cinco años.
Las exportaciones, por su parte, que en 1977 alcanzaron una cantidad superior a las 74 mil toneladas, han caído hasta casi desaparecer en el presente año, en el cual sólo se van a exportar 2 mil toneladas.
Los efectos sociales no fueron menos dramáticos. De 1978 a 1981, entre 80 y 100 mil jornaleros dejaron de percibir ingresos en las areas algodoneras durante los meses destinados a la recolección de la fibra. Ello sin contar el personal de apoyo en el área técnica y de servicios normalmente vinculados a la actividad. Las empresas de aviación agrícola han anunciado su muy probable desaparición ante la baja en el área cultivada, ya que el algodón constituye su principal mercado.

SOLUCIONES PARCIALES
En noviembre de 1981, el gobierno dictó una serie de resoluciones tendientes a refinanciar las deudas contraídas por el sector algodonero a partir de 1977, a facilitar el financiamiento de obras de riego y drenaje y a refinanciar la cosecha del semestre B de 1981, medidas que significaron un aporte cercano a los 5.000 millones de pesos para aliviar la situación financiera de los cultivadores de la fibra.
En opinión de los algodoneros, sin embargo, las medidas atendieron sólo parcialmente el problema. Hugo Mazuera considera que "además de ampliar el cupo del Fondo Financiero, por hectárea, se debe entregar el valor adicional al agricultor como carta de crédito endosable únicamente a la agremiación o a los proveedores de insumos".
Con ello, sin embargo, tampoco se resuelve el problema. Por lo menos no todo el problema. Es necesario que el gobierno conjuntamente con los algodoneros y textileros diseñe un programa que permita disminuír los costos de producción y suavice el endeudamiento, para estimular a los agricultores -cerca de 12.000- a que retornen al cultivo. Cosa que se ha hecho en otros países, como Estados Unidos, donde se subsidiaron los cultivadores afectados por la crisis internacional.
La reducción de 70.000 hectáreas sembradas en 1981 a sólo 7.000 en el primer semestre de 1982 en la zona del Tolima y el Valle del Cauca y la virtual desaparición de Colombia en los mercados internacionales de la fibra, son clara muestra de las dimensiones que ha alcanzado el problema.
De continuar las cosas como están, con un área mínima cultivada y con unas necesidades crecientes de las textileras (ya han anunciado que para 1983 su demanda superará las 65.000 toneladas), las perspectivas son nada halagadoras. De ser el segundo producto de exportación, el algodón puede pasar a ser un producto más de importación, sustrayendo buena parte de las divisas que el país necesita para la importación de alimentos. Paradojas de nuestra economía.
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