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| 5/19/1986 12:00:00 AM

SIETE MUJERES PARA MORIR

En la muerte del actor Jaime Saldarriaga aparecen enredadas siete mujeres.

SIETE MUJERES PARA MORIR SIETE MUJERES PARA MORIR
Una amiga, una rubia misteriosa, una señora, tres compañeras de rumba y una mafiosa, fueron las siete mujeres que de una u otra manera estuvieron vinculadas en los episodios que terminaron en la muerte del actor de televisión Jaime Saldarriaga.
Sin más libretos que los dictados por el destino, sin más escenografía que las luces de una discoteca, pero con una vestimenta igual a la que usó en la serie de televisión que lo hizo consagrar, admirar u odiar, los últimos tres días del actor de 30 años de edad, habrían podido ser usados por los guionistas para el final del "Siete mujeres".
Así de cinematográficas y de dramáticas fueron las 72 horas en Barranquilla, que comenzaron el miércoles 9 de abril cuando Saldarriaga, en compañía de su amigo, el comerciante bogotano Víctor Corredor, llegó al aeropuerto Ernesto Cortissoz y allí apareció la primera mujer de la historia.
Janeth Patricia González, una amiga del actor, salió a recibir a los visitantes que, según declaración del abogado de la familia de Corredor y el padre de Saldarriaga, viajaron con el fin de conseguir en esa ciudad las visas para que la familia del comerciante pudiera ir a los Estados Unidos.
Otra versión, sin embargo, que tomó fuerza en las horas posteriores al desarrollo de los hechos, sostuvo que el viaje tenía por fin la organización de un espectáculo de café-concierto y le daba a Corredor el carácter de "empresario" de Saldarriaga.
Con la primera mujer, los dos amigos fueron vistos en distintos lugares de Barranquilla durante ese mismo miércoles y no fueron necesarias muchas horas ni tampoco muchos paseos para que se advirtiera la presencia de Saldarriaga en la ciudad: su popularidad como actor de una serie que tuvo mucho que ver con la Costa Atlántica y su vestimenta igual a la de Emilio Góngora, el personaje que interpretó, lo hicieron notorio ante los ojos de los transeúntes barranquilleros.

LA SEGUNDA, LA CLAVE
El ingrediente de misterio entró muy pronto en la escena. Fue el jueves y era una mujer rubia, descrita como una belleza por algunos testigos que la vieron con el actor y el comerciante, tan misteriosa como que hay versiones que dicen que viajó desde Bogotá y otras que sostienen que estaba en Barranquilla y tan inubicable que la Policía desde entonces la busca como una clave en la investigación.
Las autoridades la tienen plenamente identificada y, al parecer, se trata de una persona vinculada a la farándula, presumiblemente una modelo que en varias oportunidades anteriores había sido vista en compañía de Corredor.
De acuerdo a informaciones conocidas por SEMANA en Barranquilla, la rubia misteriosa y bella, era el contacto que el comerciante amigo del actor, tenía con personas guajiras ligadas al negocio de las drogas.
Esta segunda mujer desapareció de la escena el viernes antes del anochecer, pero después de que en los últimos días de Jaime Saldarriaga hubiera aparecido una tercera mujer: Nitri Mestre.
Ella, antigua amiga de Corredor, recibió entre el miércoles 9 y el viernes 11, varias veces la visita de los dos hombres llegados de Bogotá. Atraidos por la comida típica que se prepara en la casa de la señora Mestre y por las jóvenes que ocupaban cuartos alquilados por la dueña de casa, Saldarriaga y Corredor almorzaron allí el viernes y fue entonces cuando al escenario salieron la cuarta y quinta mujeres.
Era viernes y era Barranquilla, eran dos hombres solos y eran dos jóvenes, Isaura Bosson Barrios y Rocío Navarro Barros y de esa circunstancia resultó la invitación a que, en la noche, fueran a bailar a la discoteca Shadow.
Tal y como lo habían acordado, un taxi recogió a las dos jóvenes en las residencias de la señora Mestre, mientras Saldarriaga y Corredor llegaron por su cuenta, a bordo de un Renault 18 que habían alquilado en el aeropuerto tres días antes.
Hacia las doce de la noche, la mesa quedó integrada: Saldarriaga, Corredor, Isaura y Rocío y a estas dos parejas se sumó la compuesta por Javier Miguel Méndez, empleado del comerciante y una mujer que, de esa manera, se convirtió en la sexta que rondó los últimos pasos del "Siete mujeres".
SEMANA conoció detalles de lo que fue la fiesta y el comportamiento de los integrantes de esa mesa en la discoteca. Bebieron whisky, bailaron, se rieron, hablaron de la muerte del "Siete mujeres" en la serie de televisión, a raíz de que Saldarriaga fue reconocido por varias personas en el lugar. No era difícil reconocerlo, ya se dijo, porque el actor usaba una franela que le hacía sobresalir la musculatura y le hacía resaltar un juego de siete cadenas que le colgaban del cuello. Ante la insinuación de si las cadenas representaban las siete mujeres, contó que no; que significaban las siete vidas del gato.
Estaban, pues, en medio de la rumba cuando el comerciante Corredor y su pareja desaparecieron por lo menos durante una hora. Según las versiones la "perdida" fue para una conversación con otras personas, la cual no tuvo buenos resultados, a juzgar por el gesto de disgusto con que se reincorporaron a la mesa.

LA SEPTIMA Y EL FINAL
De mal humor, como había llegado de la misteriosa conversación, Corredor sugirió que pagaran y se fueran. Y pagaron y se fueron cuando era la una y quince minutos de la madrugada del sábado 11 de abril.
Las seis personas se dirigían a abordar el Renault-18 cuando apareció la séptima mujer: conducía una camioneta Ranger y daba órdenes a los pistoleros que con metralleta sorprendieron al grupo que encabezaba el "Siete mujeres".
Cuatro cadáveres (Saldarriaga, Corredor y las dos jóvenes, ambas samarias, una estudiante de sicopedagogía y de preescolar la otra) quedaron en el piso, mientras Méndez resultó herido y su acompañante desapareció de la escena misteriosamente.
A partir de ese momento se abrió el telón a las especulaciones.
Mientras la consternación por la muerte de Saldarriaga llegaba a los círculos de actores de Bogotá, las versiones sobre las causas de la masacre comenzaron con lo que parecía más obvio: una venganza de costeños heridos en su amor propio por la forma en que el "Siete mujeres" ridiculizó y distorsionó los valores de esa región.
Pero esta hipótesis, que fue compartida inicialmente por muchas personas que siguieron capítulo a capítulo las andanzas de Emilio Góngora, comenzó a perder piso cuando apareció una tesis: la balacera fue la forma de liquidar cuentas no pagadas por 30 millones de pesos que guajiros vinculados al narcotráfico tenían con Víctor Corredor.
Ante esta versión el abogado del comerciante, en declaraciones hechas a periodistas, insinuó que quien tenía deudas pendientes y amenazas de muerte sobre sus espaldas, era Saldarriaga. Y, a su vez, el padre del actor, en una extensa carta dirigida a El Espectador, aclaró varias informaciones, desmintió sugerencias de que su hijo hubiera sido el "patrocinador" del viaje a la Costa Atlántica, contó cifras para demostrar que el actor asesinado no tenía ni dinero ni bienes y pidió que el abogado de Corredor se cuide de dar conceptos apresurados que pueden entorpecer la investigación y enlodar el nombre de Saldarriaga.
Con estas versiones, ayudadas por el hecho de que tanto Saldarriaga como Corredor estaban armados, entre las personas que han seguido de cerca el caso en Barranquilla, hay datos suficientes para completar el argumento de esta "película": ninguno de los dos fue ajeno a su final, los dos tenían negocios comunes, los dos habían estado hacía varios días en Carraipía, un lugar en la Guajira cerca a Maicao donde se mueven negocios perseguidos y los dos, por una jugada del azar, se hicieron acompañar en la muerte de dos de las siete mujeres que, de una u otra manera, estuvieron enredadas en el capítulo final.

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