Martes, 21 de octubre de 2014

| 1995/08/07 00:00

SIN AROMA

La caída de los precios internacionales del café tiene de nuevo a exportadores y productores al borde del abismo.

SIN AROMA

EL VIERNES 30 DE JUNIO LOS EXPORTADOres de café se fueron de puente con una sola esperanza: que los precios internacionales del grano al fin repuntaran, después de una larga época de vacas flacas. Tenían razones para pensarlo, pues por prirnera vez en 30 años la Federación Nacional de Cafeteros decidió ese día cerrar los registros de exportaciones para que no saliera ni un solo saco de café colombiano al mercado, y así presionar los precios al alza. Sin embargo, cuando revisaron sus pantallas el martes siguiente se encontraron de nuevo con malas noticias. El precio no había subido, y por el contrario siguió bajando, hasta que el jueves alcanzó el nivel de 1,20 dólares, que es el más bajo del último año.
Esa señal les confirmó un temor que cada día los preocupa más: el mercado ya no parece reaccionar a las leyes lógicas de la oferta y la demanda, sino que obedece a la voluntad de los fondos de inversión y los especuladores de la Bolsa de Nueva York, que manejan los precios con papeles y no consexistencias físicas. Por eso es que, como dice el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Jorge Cárdenas Gutiérrez, "la escasez de oferta, la restrissión en las exportaciones, los pocos inventarios de los importadores en Estados Unidos y la normalidad en el consumo serían el escenario perfecto para que hubiera estabilidad en los precios, pero resulta que se ha entrado en una crisis de precios muy difícil y hemos perdido 50 centavos por libra en las últimas cinco semanas". La situación no sería tan caótica si por cada centavo de menos el país no perdiera 14 millones de dólares de ingresos anuales. Pero así es. Y ese panorama tiene a los exportadores privados y a la Federación al borde de un abismo del que no pareciera haber salida.
Todo empezó en julio del año pasado, cuando las heladas en Brasil llevaron los precios internacionales a los mejores niveles de los últimos ocho años, y los productores confiaron incluso en que el grano superaría la barrera de los 3,0 dólares por libra. Los cafeteros, aunque conservaban unos gramos de pesimismo, pensaron que les había llegado la hora de disfrutar de una época de vacas gordas, después de estar en problemas desde 1989 cuando se rompió el Pacto Internacional que regulaba los precios del grano. La dicha, sin embargo, no duró mucho y las cotizaciones empezaron a descender desde octubre pasado. Colombia -así como algunos de los países centroamericanos- decidió retener parte de sus exportaciones y a partir de enero no ha subido de 800.000 sacos mensuales.
En febrero la situación siguió sin variaciones y las autoridades nacionales decidieron fijar un precio piso de 1,81 dólares para el café colombiano, con el fin de estimular las cotizaciones.
El mercado si reaccionó, y los precios empezaron a subir desde el 17 de febrero, pero la dicha no duró mucho y a partir de los primeros días de marzo el desplome se hizo evidente y, a pesar de que ha habido algunas alzas esporádicas, la caída desde mediados de mayo es continua y cada vez más grande. Según un exportador privado, "lo que ocurrió es que los fondos de inversión decidieron manipular el mercado, porque a ellos nunca les ha gustado que los países productores hagan acuerdos para presionar el alza, y comenzaron a vender a mediados de mayo". Y además, los tostadores en Estados Unidos están trabajando con el mínimo posible de inventarios, lo que ha hecho que la demanda no reaccione.

SIN SALIDA
Lo que ha quedado en claro después de un año tan difícil es que no se puede seguir apostándole al comportamiento de los precios. Y en eso coinciden los exportadores privados con respecto a la decisión de fijar un piso mínimo de venta. Como dijo Gustavo Gaviria Angel, gerente de la Compañía Cafetera del Caribe, "nadie es más grande que el mercado y aquí se quiso pensar que sí, por el liderazgo de Colombia y por un exceso de buena fe, pero resulta que el mercado es el mercado y nadie puede pelear contra él ". O como dijo otro exportador, "se hicieron cuentas alegres y ahora estamos pagando las consecuencias".
Para muchos, el remedio terminó siendo más grave que la enfermedad, porque los exportadores tuvieron que seguir vendiendo café para cumplir con sus compromisos en un mercado con precios a la baja. Al vender por debajo del límite impuesto por la Federación, tuvieron que poner la diferencia de su bolsillo. Eso ha hecho que se pierdan en promedio 30 dólares por saco de café exportado, de manera que las pérdidas combinadas superan fácilmente los 15 millones de dólares. Esa situación tiene en aprietos a más de uno y ya hay quienes hablan incluso de que si las cosas no mejoran varias firmas exportadoras se verán obligadas a declararse en quiebra.
Y lo peor es que esa no es la única pérdida. El presupuesto del Fondo Nacional del Café se hizo con base en cuentas optimistas sobre precio y volumen de próducción. Sin embargo, desde hace dos meses no ha podido vender ni un solo saco, de manera que sus cuentas van a cambiar sustancialmente. Más grave aún es la cosa si se tiene en cuenta que en mayo el Comité Nacional de Cafeteros aprobó un plan de ayuda para los cultivadores que costó más de 200.000 millones de pesos. Para volver más gris el panorama, los cafeteros han dicho que irán a huelga el 19 de julio para pedir más ayuda, con demandas cuyo costo supera los 300.000 millones de pesos.
Tal como están las cosas, todo el mundo está descontento. Los caficultores que afirman que no disfrutaron la bonanza y no pudieron salir de sus aprietos financieros. Los exportadores que están en dificultades. Y la Federación que insiste en que las cotizaciones no reflejan la realidad del mercado. Además se necesitaría por lo menos otro año de precios aceptables para sanear la finanzas del Fondo del Café y vacunarse contra la próxima crisis.
Con miras a cambiarle la cara a la situación, fue que la Federación optó por cerrar los registros, con lo que los exportadores pueden argumentar motivos de fuerza mayor para no cumplir con sus compromisos de entrega y, de paso, estimular los precios. Sin embargo, al ver que éstos no reaccionaron, los exportadores volvieron a irse lanza en ristre contra la decisión, tras argumentar que quedaron por fuera del mercado, y además, que eso les impide cumplir con sus compromisos financieros.
La Federación, no obstante, dice que se trata de una medida temporal. Sin embargo, todo depende de lo que ellos consideran la tabla de salvación de la industria cafetera: el acuerdo que se obtenga con Brasil y con otros países productores para retener producción, pues lo que ha sucedido hasta ahora es que sólo se han logrado acuerdos parciales, entre países como Colombia, Costa Rica y El Salvador, que manejan cerca del 30 por ciento del mercado. En cambio, si se une Brasil se controlaría más del 50 por ciento, con lo que los precios tendrían que reaccionar a niveles superiores a los 1,50 dólares por libra.
El problema es que Brasil no tiene los mismos mecanismos de control que Colombia, y como dijo un experto cafetero "ya nadie le cree porque es muy dificil impedir que todos los productores cumplan los compromisos". Pero el peor escenario, de cualquier manera, sería que no se lograra ningún tipo de acuerdo de restricción a la oferta de café. En ese caso el mercado quedaría a la deriva y los países productores verían cotizaciones aún más bajas que las actuales.
En el intermedio, los optimistas confían en que la demanda reaccione, y basan sus esperanzas en dos cosas: el fin del verano en el hemisferio norte y el hecho de que a los tostadores se les están acabando los inventarios, de manera que tendrán que comprar más café. Es decir, se espera que por tarde en septiembre comience una buena etapa de precios, si la lógica funciona.
Pero más allá de lo que suceda, lo cierto es que lo ocurrido ha dejado varias lecciones. Para comenzar, Colombia tendrá que encontrar una estrategia para empezar a luchar con las mismas armas que están imponiendo los operadores de la Bolsa de Nueva York. Como dijo el mismo experto "seguimos creyendo que este mercado es de físicos, cuando resulta que ahora es de papeles y no hemos aprendido a manejarlo".

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